"De estar en el Consejo de Estado antes, habría propuesto cambios a la ley del ‘sí es sí’"
"No sé de Ábalos más que lo que leo, y ahora no está imputado"

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Mara Villamuza
De vicepresidenta del Gobierno de España a presidenta del Consejo de Estado, un tránsito que Carmen Calvo (Cabra, 1957) reconoce que le ha permitido ganar en "tranquilidad intelectual" que no en una agenda menos apretada. Tiene opiniones sobre la agitada actualidad política, pero algunas debe reservárselas por razón de su cargo. Concedió esta entrevista aprovechando su visita a Asturias esta semana, donde participó en el XX aniversario de la Federación de Mujeres Rurales de España, en Avilés, y presentó su libro "Nosotras" en el Club LA NUEVA ESPAÑA en Oviedo.
–¿Cómo lleva el paso de la primera línea política a un cargo con el peso institucional del Consejo de Estado?
–Todos los cargos públicos que he tenido los he abordado muy libremente. Tengo profesión, soy funcionaria, no necesito la política como un medio para vivir. Así que estoy libremente porque creo que puedo trabajar por mi país. Este cargo lo asumo exactamente igual, lo estoy disfrutando mucho. Aunque todos los asuntos que tratamos son del debate político, este puesto me permite algo que me gusta mucho: enfriar y racionalizar las cosas. Este órgano me da la ocasión de hacer algo muy natural para mí, parar y pensar. Pensar técnicamente y con argumentos. No se trata de lo que yo quiero, se trata de lo que yo debo.
–¿Tiene voz y voto el Consejo de Estado ante la ley de amnistía, como planteó el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page?
–El Consejo de Estado se pronuncia como dice su ley y su reglamento, y no de otra manera. A nosotros nadie nos ha preguntado, porque no toca que nos pregunten, por lo tanto, no hemos tenido pronunciamiento. Nosotros no podemos pronunciarnos ni cuando queremos, ni sobre lo que queremos, sino sobre lo que somos preguntados.
–¿Y, por ejemplo, ante el cambio en el sistema de financiación, que conllevará la reforma de una ley orgánica, la LOFCA, deberá pronunciarse el Consejo de Estado?
–Bueno, si llega en su momento a modificarse una norma que, preceptivamente, con arreglo a ley y a su reglamento así lo exigiera, tendríamos que emitir un dictamen. Pero el Consejo de Estado está para lo contrario de la batalla política. El Consejo de Estado está para la tranquilidad y la garantía que deben de tener todos los ciudadanos y ciudadanas de este país, que por detrás de las discrepancias políticas, que son deseables, legítimas y, por supuesto, democráticas, está el Consejo de Estado reflexionando jurídicamente. Nosotros no le decimos al Gobierno lo que tiene que hacer. Nosotros le decimos al Gobierno si lo que hace está bien hecho, con arreglo a ley. Esto debería darle mucha tranquilidad a nuestro país, que es un país serio, que estamos dentro de las mejores 24 democracias del mundo, que somos un Estado de derecho importantísimo. Ese es el papel del Consejo de Estado, eso se llama seguridad jurídica.
–¿Salió decepcionada de la situación que se dio tras su abstención a la ley Trans, cuando no siguió la disciplina de voto del Grupo Socialista?
–No, porque hice lo que yo sabía que tenía que hacer. Hay situaciones muy complejas en la vida donde tú sabes que tienes que hacer lo que debes hacer. Yo sabía que ese día era complicado, pero que no me podía mover de ese sitio. ¿Qué me habría gustado otra cosa? Claro, pero no pasa nada. Soy una persona muy realista. La vida es así y es perfecta, con su lado difícil y su lado fácil. Yo lo asumo todo con mucha tranquilidad.
–¿Se sintió sola?
–No, sentí que cumplía con aquello que mi paisano, Séneca, dice: actúa siempre, aunque no haya nadie, como si los dioses te estuvieran viendo. No supuso ningún gran problema para mí, porque yo lo tenía completamente claro. Cumplí con el reglamento de mi grupo parlamentario, pagar la multa, y lo entendí perfectamente, no tenía ninguna objeción que hacer. Mi partido, en el fondo, me respetó mucho porque no hubo ninguna polémica, salvo que yo había roto la disciplina, pagaba la sanción y ya está.
–¿Qué lecturas o enseñanzas ha sacado, con la perspectiva del paso del tiempo, de la polémica con la ley del "Sí es sí"?
–Las leyes, además de decisiones políticas, son normas jurídicas, que entran en el tráfico jurídico, donde hay otras que ya están funcionando. Es como un tablero de ajedrez o de dominó. No está la ficha sola, si no con otras y entra en colisión. Las leyes, independientemente del impulso que quien las hace tenga desde el punto de vista político, necesitan técnica normativa que impida los efectos no deseados. Eso es lo que hace el Consejo de Estado, por ejemplo. Aquí lo duro y lo trágico fue que afectaba a un tema muy importante y muy delicado, la lucha contra la violencia machista y la situación tan injusta de que quienes cometiendo delitos gravísimos contra la libertad sexual de las mujeres, se beneficiaran. La calidad normativa es muy importante.
–¿Le habría gustado estar en el Consejo de Estado en aquel momento?
–No lo he pensado nunca, pero ahora que me lo pregunta, seguramente habría hecho algunas observaciones, que nosotros llamamos esenciales, y consisten en cambiar la norma. De haber estado, con toda seguridad tendría que haber hecho observaciones esenciales, no me hubiera quedado otra, independientemente de que el Gobierno fuera este o uno de otro color, porque allí no tenemos en cuenta cuál es el signo del Gobierno, sino la calidad normativa de lo que vamos a sacar adelante.
–¿Le parece adecuado que en el siglo XXI la Constitución siga dando preferencia al varón respecto a la mujer para acceder a la Corona, a la Jefatura del Estado?
–No, y la sociedad española lo tiene archisuperado. Es una situación que ahora no plantea problemas porque la princesa de Asturias es mujer y la segunda en la línea de sucesión es su hermana, que es una mujer, pero de no ser así, estoy segura de que esa modificación se habría precipitado. España tiene superadísima la idea de que en este momento un hermano varón pequeño se pusiera por delante de los derechos de la princesa de Asturias, así que cuanto antes se pueda modificar, mejor, aunque ahora no plantea ningún conflicto.
–¿No es peligroso acotar la libertad de prensa y la libertad de expresión con la justificación atajar los bulos y las "fake news"?
–La realidad actual no tiene nada que ver con la de hace cuarenta años, cuando solo había periódicos escritos y dos canales de televisión. Todos, poderes públicos y medios de comunicación, debemos alcanzar un punto de encuentro que nos permita mirar la realidad sin hacernos trampas. Si muchos chicos y chicas jóvenes, según las estadísticas, no saben distinguir la verdad de una información y se informan por las redes, algo tendremos que pensar entre todos. Que luego ya cada quien ponga sobre la mesa una fórmula, y que esa fórmula sea mejorable o criticable, me parece normal, pero decir que ante esta realidad nueva no hay nada que tratar es hacernos trampas todos, y a quienes más perjudica es a los medios serios, al periodismo bien hecho.
La mujer del Presidente
–¿Habría que regular la figura del cónyuge del presidente del Gobierno?
–En esto la costumbre pesa mucho. En Estados Unidos esta figura está regulada y en Europa hay países que sí lo hacen y otros no. En España, hasta ahora, había una especie de exigencia de que las parejas, todas mujeres por cierto, no hicieran casi nada, no aparecieran mucho o no estuvieran, algo que me parece no va en consonancia con el respeto a que si tienen trabajo, trabajen. Si las cosas no son razonables, a lo mejor habría que plantearse en qué condiciones.
–¿Ha habido exceso de ruido en la investigación a la mujer del Presidente con el mundo judicial?
–Claro, por ser la mujer del Presidente, un foco que si no tiene papel público ni regulado, debería ver más respetada su privacidad y su figura. La de ella y la de todas las demás, porque recuerdo polémicas, debates, con casi todas las consortes.
–Usted ha sido muy cercana a José Luis Ábalos. ¿Cómo valora su situación actual?
–Sé lo que leo en prensa, nada más, y en este momento está al margen de cualquier imputación. Cuando era diputada lo tuve mucho tiempo sentado a mi lado. A veces hablaba con él y le preguntaba. Ahora no, porque estoy en otra cosa. Hasta este momento no está incurso en ninguna imputación, que es una terminología procesal antigua. Está siendo investigado, evidentemente.
–Esta semana estuvo en Avilés con mujeres del mundo rural. ¿Hay oportunidades para que las mujeres contribuyan a dar respuesta a la España vaciada, a la Asturias despoblada?
–Tiene que haberlas porque, al contrario de lo que se lleva ahora, pienso que la buena vida es un cincuenta por ciento de recursos materiales y de otros que no lo son, como la tranquilidad frente a la ansiedad absolutamente insoportable, las enfermedades mentales. Me gustaría pensar que hay mucha gente joven que piensa que la vida buena está ahí y que cada día seamos capaces de hacer políticas públicas más inteligentes, más refinadas para saber que sin mujeres el mundo rural no tiene viabilidad.
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