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"Me contenta ver que se las recuerda", dice la madre de Amets y Sara, asesinadas por su padre hace 10 años

Soto del Barco homenajeará a las pequeñas de forma especial en el aniversario de su muerte, un caso de violencia vicaria que estremeció a Asturias

Amets y Sara, en una foto cedida por su madre.

Amets y Sara, en una foto cedida por su madre. / LNE

Mariola Riera

Mariola Riera

Amets y Sara tendrían ahora 19 y casi 17 años, respectivamente, si no hubieran sido asesinadas hace justo una década. Cada 27 de noviembre el corazón de los vecinos de Soto del Barco se estremece. Es una fecha muy triste, porque un día como ese de 2014 estas hermanas perdieron su vida. No fue una muerte cualquiera, sino que las mató su padre, en su domicilio de San Juan de la Arena, durante las horas asignadas para pasar tiempo con ellas, que vivían en Soto con su madre, Bárbara García, desde que la pareja se había separado. Él las abandonó y desapareció un tiempo, pero un día volvió y reclamó ver a sus hijas. El juez se lo concedió. Y la tarde del 27 de noviembre decidió matarlas. Las golpeó hasta dejarlas sin vida, tiradas en el suelo del piso. Luego se fue y se suicidó. Así de crudo.

A Bárbara García se le cayó el mundo encima y una parte de ella se murió también aquel terrible día. Sus hijas serían ahora adolescentes –Sara, la pequeña, había celebrado su cumpleaños un día antes de su asesinato– y su madre admite –hasta se permite esbozar cierta sonrisa cuando lo cuenta–, que le estarían dando "algo de guerra" con los caprichos y vaivenes típicos de esas edades. Qué más quisiera ella. "Estos diez años han sido un ir tirando... Y también para darme cuenta de todo el tiempo que ha pasado cuando veo a algún compañero de ellas con 19 y 17 años ya", expresa.

Este 2024 se cumple el décimo aniversario de un caso de violencia vicaria terrible, como todos, que hizo enmudecer a Asturias y al resto de una España que, entonces, tenía aún muy reciente otro episodio similar: en 2011 los pequeños Ruth y José habían sido asesinados por su padre José Bretón. Su madre, Ruth Ortiz, se convirtió entonces en símbolo de la lucha contra este tipo de maltrato. Además, su fuerza y determinación serviría de referencia y apoyo a otras mujeres que tristemente sufrirían lo mismo, como Bárbara García.

Pese a la tragedia y al igual que Ortiz, la asturiana no se paralizó. En su caso –de forma discreta por expreso deseo y al margen de cualquier etiqueta o fecha conmemorativa como el 25-N– su mayor determinación ha sido que Amets y Sara sigan de alguna forma presentes. Sus hijas, que le fueron arrebatadas cuando ella tenía 40 años, han sido el motor de su vida en la última década, porque ha estado entregada a conservar su memoria. Su afán también ha sido que su asesino no se saliera con la suya, que no era otra que hacerle daño a ella destruyendo lo que más quería, sus hijas, objetivo cruel de este tipo de maltratadores.

Él no lo logró. Bárbara García sí. Ha vencido. Porque no solo ha logrado salir adelante, en un ejemplo de fortaleza y resiliencia como pocos, sino que Amets y Sara siguen presentes no solo entre su familia, sino en todo Soto del Barco.

"Puedo decir que estoy muy contenta porque veo que se les recuerda, y que estar dando la vara para que sea así funciona", explica a LA NUEVA ESPAÑA en su casa, donde vive con su pareja rodeada de los muchos recuerdos de sus pequeñas, objetos y muchas fotos. A ella, explica, la reconforta tenerlas y sentirlas cerca, y le gusta que la gente hable de sus hijas.

Este año, por el décimo aniversario, habrá como siempre un acto conmemorativo en Soto del Barco, el 27 de noviembre, junto al monolito que las recuerda en el parque infantil donde jugaban, cerca de su colegio (16.30 horas). No faltarán, por supuesto, las mariposas, rosas y rojas, que tanto gustaban a las niñas. Además, de forma especial, desde dos días antes, el Ayuntamiento instalará una pantalla con fotos de Amets y Sara en la "pecera" del Teatro Clarín para que todo el que quiera se acerque a recordarlas y rendirles homenaje. El mejor bálsamo para Bárbara García.

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