Así se combate el machismo en nuestra mente: la clase “magistral” a adolescentes de una experta en igualdad
Marián Moreno, premiada como “Menina 2024”, expone a estudiantes del IES Monte Naranco cómo construir una masculinidad que considere inconcebible la violencia contra las mujeres

Marián Moreno, premio "Menina 2024" de la Delegación del Gobierno, durante su charla a estudiantes de secundaria / V. M.

Marián Moreno, profesora de literatura, escritora y experta en coeducación (formación en igualdad) ha sido galardonada este año con el premio “Menina 2024” que concede la Delegación del Gobierno en Asturias. Este martes ha impartido en las instalaciones del organismo estatal una charla con estudiantes del IES Monte Naranco (Oviedo), representantes de diversos cursos, para exponerles cómo se construye el machismo en el imaginario colectivo y qué armas hay para combatirlo, así como la importancia de cambiar el paradigma de masculinidad y relación entre géneros en las nuevas generaciones.
La Delegada del Gobierno, Adriana Lastra, ha presentado a Moreno a los alumnos y ha señalado a los estudiantes que “a veces hay que explicar lo obvio”. También ha pedido a los varones “dar un paso al frente” para combatir las actitudes machistas. “Las mujeres nacemos con una carga a causa de nuestra cultura que hace que estemos un poquito más atrás”, ha indicado Lastra, que ha resaltado la campaña de la Delegación del Gobierno en la conmemoración del último 25N apelando a “combatir el silencio” de las mujeres que son víctimas de la violencia de género y, también, de quienes las rodean y conocen las situaciones que padecen. “Tengo muchas esperanzas en las nuevas generaciones”, ha dicho. Y ha destacado que “la mayoría de los hombres son personas maravillosas, pero hay una minoría machista que son maltratadores, a la que debemos arrinconar para que sufran la vergüenza social por serlo”.
La mayoría de los hombres son personas maravillosas, pero hay una minoría machista que son maltratadores, a la que debemos arrinconar para que sufran la vergüenza social por serlo.
Marián Moreno, docente, sabe captar la atención de los adolescentes, con un tono fresco, coloquial y salpicado de ejemplos de actitudes reconocibles. Parte su exposición con el hito que supuso la aprobación de ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, de 2004. “Se cumplen 20 años y esa norma considera por vez primera la violencia de género algo estructural, que debe abordarse desde múltiples aspectos, como la educación y la sanidad”.

Alumnos participantes en la charla / V. M.
La educadora explica que la lucha contra el machismo está marcada por acontecimientos que conllevan un impulso a la legislación pero, lamentablemente, todos relacionados con agresiones a mujeres. El caso de Ana Orantes resultó paradigmático: En 1997, en un programa de televisión, narró su historia personal de 40 años de maltrato por pate de su marido. Trece días después de su testimonio, fue quemada viva por su expareja, como venganza. Precisamente ese crimen motivó que el Gobierno anunciase una reforma del Código Penal y se incrementasen las campañas instando a las víctimas a denunciar. “Ahí se vio que había fallado todo, y fue un impacto porque era alguien a quien conocíamos, la víctima no era un número”, resalta Moreno. Ana Orantes, la violación de “La Manada” o el reciente caso de Gisèle Pelicot, la mujer drogada por su esposo y violada durante más de una década en Francia, han espoleado reformas legales para incrementar la protección de las mujeres.

Adriana Lastra, con Marián Moreno, ante los estudiantes del IES Monte Naranco. / V. M.
Moreno desmonta mitos ante los adolescentes, partiendo de la definición legal de violencia de género, “que va más allá de la violencia física, que salta a la vista de inmediato". Destaca también que la perspectiva debe tener en cuenta la situación de las mujeres en todo el mundo, “para no centrarnos en el 'cachín' nuestro y decir que tampoco nos va tan mal”.
Que exista una etiqueta específica para la “violencia de género” no atenúa la gravedad de toda violencia. “La diferencia es que esta es estructural, construida a lo largo de los siglos con la idea de que los hombres son superiores a las mujeres o que estas les pertenecen”. Una idea, dice, que consta en todas las religiones y que ha quedado bendecida por el derecho y únicamente destronada en los últimos años. “No conozco ninguna ley o planteamiento religioso que diga que las mujeres son superiores”, señala. Y aunque “ha cambiado mucho la sociedad”, ha apelado a las nuevas generaciones: “Aún quedan retos y está en vuestra mano saber hacerlo mejor”, ha dicho a los jóvenes, señalando como ejemplos de otras violencias estructurales el racismo o la homofobia.
La diferencia entre la violencia de género y otras violencias es que esta es estructural, construida a lo largo de los siglos con la idea de que los hombres son superiores a las mujeres o que estas les pertenecen.
Otro mito, esgrimido por los hombres: Hay muchas denuncias falsas. “Reconocido por jueces y fiscales, ese caso solo lo representan el 0,01% de las denuncias, y tampoco es que sean falsas, sino que no existen pruebas”, dice Moreno. También hay mitos por boca de las mujeres: A mí me pega una vez, pero no más. “Esa expresión hace parecer que las víctimas son más tontas o más inútiles, pero es que la violencia machista no se ejerce como ‘amor al primer tortazo’ porque si no todas nos marcharíamos”. Señala Moreno que “chicos y chicas soportamos violencia de personas a las que queremos porque la justificamos”. Y en el caso de las agresiones y actitudes machistas pone como ejemplo el consabido caso de la rana en la olla de agua cuya temperatura sube. “Como sociedad tenemos que estar mirando el problema desde fuera, avisando de que esa relación no es buena o te puede matar”.
Admite Moreno que los chicos varones también pueden sufrir actitudes controladoras por parte de sus parejas, “pero nosotras estamos educadas a aguantar más, porque nos han enseñado a tener pánico a estar solas, a ser sumisas y obedientes”, mientras que “los chicos han sido más educados en ser independientes, tener un proyecto de vida más allá de estar o no con alguien”. La educadora señala que un varón difícilmente aceptaría situaciones que sí acata una mujer, “lo que nos hace llegar hasta el último peldaño en admitir esas situaciones y nos asesinan”.
Porque la violencia machista en las relaciones sigue un ciclo que, al igual que la rana en la cacerola, va adormeciendo la capacidad de la víctima para reconocer lo que parece. “Primero todo va bien y vivimos en una nube; luego aparecen tensiones pequeñas… después estalla la violencia y viene una luna de miel con arrepentimiento y un periodo de calma que puede durar meses o años… y vuelve a repetirse el episodio de violencia mientras se va en la víctima perdiendo la capacidad de reacción”, detalla Moreno.
La profesora galardonada por su trayectoria educativa para combatir el machismo detalla algunos acontecimientos en las relaciones que deberían despertar la atención, poner en alerta o llevar a acciones urgentes, un “violentómetro” para medir cuánta de elevada está la temperatura en la cacerola de la posible víctima.

Alumnos del IES Monte Naranco, antentos durante la intervención de Marián Moreno. / V. M.
¿Qué elementos abonan las actitudes violentas por parte de los hombres? Para la coeducadora, una “masculinidad hegemónica”, trasladada por relatos, películas, o videojuegos que presenta a “hombres enfadados”. “Ninguna persona feliz es peligrosa”, sostiene Moreno para señalar que cuando alguien utiliza el camino de la violencia, sea cual sea, lo hace por inseguridades y faltas de afecto.
“Hay una mala masculinidad que es reticente al cambio, que defiende la idea de que los hombres son proveedores, que su sueldo es fundamental; que considera que lo doméstico tienen que hacerlo mujeres, ya sean esposas o madres, convirtiendo a las mujeres del entorno en explotadas; una masculinidad que esconde los afectos y sentimientos”, señala la educadora a los atentos estudiantes del IES Monte Naranco. Y más aún, que “admite comportamientos de riesgo para demostrar esa masculinidad”. Gráficamente, dice a los chicos: “Imaginaos que alguien os dice eso de ‘a que no hay huevos…’”.
Como contraposición, Moreno dibuja una “masculinidad igualitaria” que “os hará ligar más, porque las chicas ya estamos hartas de actitudes trasnochadas”. Esa nueva actitud del varón se define por la apertura al cambio y la evolución de la sociedad, por “no tener miedo a la igualdad”, por considerar lo afectivo y personal como un objetivo que añadir al proyecto profesional, y que se “rebela contra el estereotipo de que el hombre no hace nada en casa”. Y advierte: “No me refiero únicamente a las tareas domésticas o el cuidado de los hijos, que queda muy bien selfies, sino también en el cuidado de los mayores”.
Mostrar los afectos en público, luchar a viva voz contra la violencia o las discriminaciones, y llevar una vida saludable sin correr riesgos son otras de las características para construir el nuevo hombre que aleje el espectro del machismo escondido en la carga cultural de la historia.
Y un último ejemplo: “Imaginaos que al año muriesen 70 obispos, o 70 bomberos… o 70 futbolistas, todos ellos por el único hecho de serlo. ¿Cuántas manifestaciones y cuánto escándalo se montaría? Pues esa es la media de mujeres que mueren al año, por la razón última de serlo”, señala Moreno.
La pregunta que deja en el aire a los adolescentes es plantearse “qué tipo de mujeres y hombres quieren ser y cuál debe ser la postura ética en la sociedad” que quieren representar. Los estudiantes aplauden. Ellos mismos reconocen también con un aplauso la labor de las profesoras María Agudo y Ángeles García, integrantes de la comisión de Igualdad del consejo escolar del IES Monte Naranco. Marián Moreno admite la sorpresa que le supuso el galardón de Menina 2024 (“A los profesores no nos entra en la cabeza que nos premien por lo que hacemos”, señala con modestia). Confía en haber sembrado una semilla que los estudiantes trasladen a su entorno. Una semilla que brote en un futuro que arrincone más y más al machismo.
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