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Clamor contra los artilugios para echar sidra en el primer concurso de escanciadores tras el sello de la Unesco

Los participantes en el primer torneo de escanciado tras el sello de la Unesco exigen acabar con los artilugios para echar sidra: "Somos una figura única"

Wilkin Aquiles y Luis Méndez vencen en el Concurso de Escanciadores de Colunga

David Cabo

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Mónica G. Salas

Mónica G. Salas

Colunga

Fuera tapones y máquinas eléctricas. Ahora que la sidra es mundial, es momento de reclamar que en todas las sidrerías haya escanciadores. Así lo creen los mejores echadores de culetes de Asturias, que ayer participaron en Colunga en el primer concurso de la liga de escanciadores que se celebra desde que la bebida asturiana fue declarada, el pasado miércoles, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El gineano Salvador Ondó, seis veces campeón regional del escanciado, fue uno de los que alzó la voz: "Tenemos que aprovechar el impulso del título de la Unesco y valorar más una figura que es única en el mundo. El tapón te vale en casa para no manchar, pero en una sidrería debería ser obligado que la sidra se escancie y como clientes exigirlo así".

El actual subcampeón de Asturias, el dominicano Wilkin Aquiles, dice amén a las palabras de Ondó y añade las suyas propias. "El reconocimiento de la Unesco es lo mejor que nos ha podido pasar y Asturias lo tenía merecido. Espero que ahora se valore más nuestro trabajo, porque hay clientes que te dicen: ‘Me puedes poner un tapón mejor’. Es función de los dueños de los chigres contratar a trabajadores cualificados. Nada de escanciadores eléctricos ni de tapones", reflexiona. Aquiles, de La Montera Picona de Gijón, ganó precisamente la prueba de ayer en Colunga, con seis culetes casi perfectos. Detrás de ello, admite, hay un entrenamiento de años. Casi más importante que la técnica es saber mantener la calma.

Salvador Ondó, de la sidrería Tierra Astur, ya no solo compite por él sino por todos los que vienen detrás. En sus 27 años como escanciados ha formado a "170 jóvenes" y continúa con esa labor. "Quiero ser un referente para ellos y hacer cantera para el futuro", afirma. Un futuro que, con la declaración de la Unesco, todo apunta a que será mejor. Amauris La Pauta, dominicano de 24 años, es uno de sus discípulos. Va primero en el campeonato sub-25. "Es algo inexplicable escanciar. Me encanta esto. Quiero ser escanciador y ser mejor cada día", asegura. Para él y para todos, la declaración de la cultura sidrera como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es una "alegría". "Nos van a ver ahora de otra manera, no simplemente como escanciadores. Somos los veteranos de algo único en el mundo", dijo.

David Hernández es de Sevilla y apenas lleva un año en Asturias y escanciando. Llegó a echar culetes "por casualidad": "Empecé a echar currículums y me llamaron de Tierra Astur. Lo primero que me dijeron fue: ‘Tienes que aprender a escanciar’". Y eso hizo junto a Salvador Ondó y le acabó enganchando. "Como escanciador es un orgullo y una maravilla que la sidra haya sido declarada mundial", comenta. Isabella Padrón, otra joven en el mundo de la sidra, ve un "honor" escanciar una bebida que es Patrimonio de la Unesco. "Es un arte muy bonito, lo disfruto mucho. Y espero que siga creciendo y la figura del escanciador se reconozca más", declara. Padrón, venezolana de 23 años, echó su primer culete en un "trabajillo de verano" en la sidrería El Mayu de Gijón. "Mi jefe me vio maneras y contactó con Salvador Ondó. Él me enseñó durante un año y este ya me dejó sola", cuenta. Ahora trabaja en Bodegas Anchón, de Gijón. a la vez que estudia un grado superior de Administración y Finanzas a distanciar Ayer se llevó un trofeo, al quedar primera en la categoría sub-25.

Para Luis Junior Méndez Graciano, de tan solo 22 años y originario de República Dominicana, el concurso de Colunga fue el primero y se llevó premio como mejor escanciador local en representación de La rula de Lastres. "Se tiene que reconocer más el arte de escanciador, porque lleva detrás mucho trabajo y entrenamiento". Lo mismo cree Moisés Martínez Prida, un veterano del escanciado con casi veinte años de trayectoria. "Desde hace unos años se reconoce un poco más nuestra labor, pero todavía queda más. Estoy totalmente en contra de que una sidrería ponga un tapón o una máquina eléctrica. Siempre tendría que haber un escanciador", defiende.

Sin embargo, la realidad es que "cada vez hay menos chigres en los que echan sidra", como se queja Alejandra Vanegas, escanciador y dueña del restaurante La Montera Picona de Gijón. Así que ahora, con el título de la Unesco, "toca pelear más" si cabe. "Hay que tirar de la figura del escanciador y explicar a la gente, tanto a la de aquí como a la de fuera, lo importante que es que la sidra sea escanciada", indicó. Porque todo tiene "un por qué" y es misión de los escanciadores "explicarlo" y que el mensaje llegue al fin del mundo, remata Salavador Ondó.

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