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Entrevista | Adolfo Rivas Gerente de la Fundación Vinjoy, saca un libro

"La acción social tiene que hacerse más profesional"

"Mi lucha es contra el paternalismo y el asistencialismo siempre presentes", confiesa el profesor y psicólogo

Adolfo Rivas, con su nuevo libro.

Adolfo Rivas, con su nuevo libro. / Irma Collín

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Adolfo Rivas Fernández (Baracaldo, 1963) lleva 45 años inmerso en la intervención socioeducativa. Autor de una decena de libros, alguno de aforismos, acaba de sacar el volumen "Mosaico incompleto de recursos operativos para la aplicación del modelo de intervención socioeducativa avanzada", dirigido sobre todo a profesionales y en el que resume su forma de trabajar, técnicas y procedimientos. Rivas lo expresa en una frase: "La acción social tiene que hacerse más profesional".

-Es un libro bastante técnico.

-Bueno, tiene un título horrible, porque va muy dirigido a la intervención socioeducativa avanzada que nosotros proponemos. Y esta intervención, como es un modelo paradigmático, metodológico, no dice cómo se tienen que hacer las cosas. El libro también tenía que ser alternativo, un conjunto de recursos operativos expresados de forma diversa para que fuera lo más heterogéneo posible y que cada uno pudiera usarlo para aplicar este modelo o esta forma de entender la acción social que nosotros presentamos o defendemos y que no se entiende o se entiende muy mal.

-¿Qué es lo que propone?

La acción social tiene que evolucionar, tiene que hacerse mucho más profesional, mucho más avanzada, mucho más eficaz. Y nosotros proponemos una forma concreta de hacerlo que es apoyándonos en el reconocimiento de la dignidad de la persona y en la alta exigencia.

-Hay capítulos que llaman la atención, como el del "eustrés".

-La persona que trabaja en intervención socioeducativa no solo tiene un conjunto de conocimientos, como el diálogo educativo estructurado, que es la forma en la que hablamos con la persona a la que acompañamos. Un trabajo de intervención grupal también necesita gestionar el propio estrés y el de la persona vulnerable. El cuidador tiene que acompañar a la persona vulnerable para que pueda gestionar ese estrés, porque si no es una situación muy injusta, muy poco horizontal.

-¿Y qué otras propuestas hay?

-Cumplo 45 años en intervención de acción social, he vivido muchas cosas con mucha intensidad. Me considero muy querido por la sociedad asturiana, pero no me siento comprendido. El discurso que defiendo, por el que lucho, me parece que todavía está lejos de ser entendido por la mayoría de la población, porque está en contra del paternalismo y del asistencialismo, que son una lacra que está permanentemente presente. Cuando es estructural, es grave. Hay una generalización del paternalismo que es una falta de respeto hacia el otro, que es un no reconocimiento de la dignidad del vulnerable para que sea él el que salga de su situación. Hace falta un enfoque distinto, una mirada distinta. Una mirada desde la aportación de recursos para que la persona salga de su situación de vulnerabilidad por sí misma, si quiere. Nuestra responsabilidad es que tenga recursos suficientes para poder salir.

-¿A cuántas personas atiende la Fundación Vinjoy?

-A 2.300 personas, con discapacidad intelectual, enfermedad mental grave, casos de violencia juvenil, alumnado, en distintas realidades. Pero, sinceramente, consideramos que no es el número de programas y acciones que hacemos ni tener 15 centros y institutos funcionando, ni 70 programas o departamentos importantes; no es el volumen de la actividad que hacemos como organización social, sino que lo importante es que tenemos un discurso alternativo, inconformista.

-Habla de jóvenes violentos. ¿Hay un problema de salud mental en la juventud?

-No se puede banalizar el tema de salud mental. No es lo mismo el malestar emocional o la problemática menor de salud mental con la enfermedad mental. Creo que es otra realidad y no se puede mezclar todo. En cualquier caso, los jóvenes, sobre todo los adolescentes, en los autoinformes, se declaran en situación de riesgo. En un tercio de los casos, en riesgo social, que es una burrada, una barbaridad. Y, desde luego, lo que no podemos hacer es mirar para otro lado.

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