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El dulce de Semana Santa que solo se hace en Asturias y que se regala a los ahijados (y no es el bollo de mantecado)

Los pueblos de Candás y Luanco elaboran unas ricas pastas que son típicas de estas fiestas religiosas

Elaboración de marañuelas en Luanco.

Elaboración de marañuelas en Luanco. / RICARDO SOLÍS

Alejandra Carreño

Hay un dulce típico de la Semana Santa que en todo el mundo solo se cocina en Asturias y que se regala a los ahijados. Y no es el típico bollo de mantecado, también conocido en la región como "el bollo de Avilés". Hablamos de las marañuelas, típicas de los pueblos de Candás y Luanco, aunque en Avilés también tienen su receta propia. En el caso de las localidades ubicadas en el entorno del Cabo Peñas, las marañuelas son una especie de pastas con más de 400 años de historia, que se elaboran de múltiples formas y tamaños.

María Jesús Iglesias, Antonia Durán y Tati Gutiérrez con bollos y marañuelas, en Candás.

María Jesús Iglesias, Antonia Durán y Tati Gutiérrez con bollos y marañuelas, en Candás. / M. G. S.

Aunque aparentemente son iguales, por dentro las marañuelas de Candás y Luanco son diferentes y entre ellas hay una histórica rivalidad. Así, mientras que los candasinos utilizan anís y en algunos casos canela y amonio de carbonato, en lugar de levadura, los de Luanco no emplean ninguno de estos ingredientes. Pero la principal diferencia entre los dos pueblos radica en los huevos. Las pastas de Candás llevan doce enteros, mientras que las de Luanco once yemas y sólo uno entero. Además, las cantidades del resto de elementos (harina, azúcar, mantequilla cocida y raspadura de limón) también varían. ¿El resultado? Dos productos con un aroma y textura diferentes. La marañuela de Luanco es más crujiente que la de Candás.

Hoy en día, este dulce se elabora durante todo el año y, de hecho, en ambas localidades hay negocios que se dedican a su comercialización. No obstante, desde siempre la marañuela ha sido empleada como bollo por padrinos y madrinas en Pascua para agasajar a los ahijados. Por estas fechas, se hacen marañuelas gigantes, llamadas bollos de marañuela, con forma de cruz. En Luanco se hace hasta un festival, que este año se celebra del 17 y al 30 de este mes en la calle Pérez de Ayala. Y el éxito de este postre es tal que incluso se come ya en helado, gracias a la receta de Hermanos Helio.

Por su parte, la marañuela de Avilés, también típica de estas fiestas, es completamente diferente a las de Candás y Luanco, tanto en forma como en sabor. La avilesina es menos duradera que las anteriores y más esponjosa. Se hacen con mantequilla, huevos, azúcar, levadura, ralladura de limón y harina.

Su historia

Además de "pelearse" por quién hace la mejor marañuela, en Candás y Luanco hay discusión sobre su origen. Pero en realidad ni es candasina ni es luanquina. La marañuela viene del frío. Existe el mito popular, con alguna referencia genética, de que el núcleo poblacional de Antromero fue escenario de un desembarco de vikingos. Existen referencias en algunos textos históricos de este hecho, e incluso versiones noveladas del mismo. Hoy en día, algunas gentes de la comarca con el pelo rubio o cobrizo son señaladas como descendientes de aquellas hordas de los países nórdicos, sin mayor precisión cronológica que la Edad Media.

Luanco y Candás recogen firmas para proteger sus dos tipos de marañuelas

Luanco y Candás recogen firmas para proteger sus dos tipos de marañuelas / LNE

Y los nórdicos entran en escena porque ellos son el probable origen de la marañuela. Dado que este dulce no es común en la rasa cantábrica y es característico de Peñas, con el hecho añadido de tratarse de una región eminentemente pescadora, la intervención de los vikingos pudo ser decisiva. Así lo relatan los escolanos que a finales de los años setenta viajaron con el párroco candasín de entonces, don Valeriano, a Suecia. Allí comprobaron cómo en alguna localidad de esta nación nórdica se comercializaban pastas exactamente iguales a las de Candás y Luanco. Con sus formas de caracol, lazos y cruces, las marañuelas se vendían en la misma proporción y sabor que aquellas por las que los candasinos y luanquinos peleaban.

La marañuela, como bien es sabido, tiene como especial cualidad su larga duración. De hecho, se prefiere dejar pasar los días o las semanas para hincarle el diente. Hasta un año es un tiempo más que adecuado para poder comer un dulce como éste. Como quiera que Candás y Luanco son poblaciones eminentemente pescadoras, la marañuela pronto se convirtió en un alimento habitual en las largas costeras del bonito y expediciones balleneras.

Dicen en Candás que la marañuela de Luanco es muy dura. Mientras, los luanquinos hablan de lo blanda que es la de la capital de Carreño. Pero el debate que verdaderamente divide, porque no goza de argumentos sólidos, es quién la elaboró primero. Y así, tras la expedición de don Valeriano y los escolanos al norte de Europa, parece que la riña ya no tiene sentido. Fueron los vikingos.

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