El poder sanador de las palabras del manifiesto del hambre y de la medicina, así era la prensa libre del siglo XIX
José María Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado; el periodista Protasio González Solís y el médico Ildefonso Martínez fueron destacados protagonistas

Ilustración de Toño Velasco sobre el «Manifiesto del Hambre».
Josefina Velasco Rozado es historiadora
En situaciones difíciles se conocen los valientes y se delatan los cobardes. En la vida cotidiana del presente y del pasado hay quienes luchan día a día por hacer un mundo mejor y quienes solo quieren hacer mejor su propio mundo. Esto va de los primeros.
Hace 170 años una epidemia de cólera morbo, otra más, se desencadenó en Asturias con inusual virulencia, carentes todos de los recursos sanitarios que permitieran atajarla. Esta vez venía precedida de un tiempo pésimo de malas cosechas y mal gobierno. Desde 1852 el sustento de la población más pobre se hacía insostenible. Sumado ello, el reclamo de impuestos excesivos provocó un malestar que acabaría en estallido social incontenible.
El gobernador civil, obligado a cumplir las órdenes "superiores", se vio abocado a ejecutar un imposible: recaudar algo donde nada había. Su política férrea le valió a Juan de los Santos Méndez el apodo de "El Ferre" y de paso la oposición de buena parte de los grandes propietarios rurales que veían disminuir también los ingresos con "sus" campesinos en la miseria.
La alianza de dos personalidades casi complementarias, el periodista Protasio González Solís, dueño de "El Industrial", periódico de corta vida, y el terrateniente aristócrata José María Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, sirvieron en bandeja la difusión de un incendiario escrito, el popular "Manifiesto del Hambre". Era junio de 1854.
Pepito Quirós, como llamaban al marqués, no escatimó en su escrito los tintes trágicos pero ciertos de la situación: miseria y hambre por doquier con lo que "sentí helarse mi sangre". Relataba su expedición por una Asturias que languidecía. Ni la Junta de Caridad presidida por el Obispo, ni las promesas de gobernador, ni los esfuerzos de los ayuntamientos pudieron revertir tanto mal. Pide ayuda hasta a la Reina y no elude la descripción de escenas trágicas de quienes acudían a la capital en demanda de alimentos, pero encerrados en el patio de la cárcel fortaleza reciben "un inhumano tratamiento, digno antes de fieras que de hombres". Declaraba desear "aliviar la suerte de mis paisanos...".
El Manifiesto... que seguramente sería leído y divulgado a una población por lo común analfabeta, logró calar en la opinión. El periódico fue secuestrado, aunque se difundió el artículo; multados y condenados el marqués y el dueño de "El Industrial", la fortuna de los Camposagrado salvaría a los dos. El gobernador, acosado, tuvo que refugiarse en casa del mismo marqués.
Desaparecido "El Industrial", "El Manifiesto del Hambre" fue reproducido en 1890 por Protasio González Solís en su libro "Memorias Asturianas". El marqués de Camposagrado, Pepito Quirós (1808-1865), vinculado a la Unión Liberal en parte, financiaría otros periódicos; así el "Independiente" y después "El Faro Asturiano" contando con su amigo Protasio González para llevarlos.
Pepito Quirós, cazador muy celebrado, fue diputado y senador, se codeó con lo más granado de la alta sociedad, aunque preservando su carácter campechano; falleció en 1864 y fue enterrado en su Palacio de Riaño (propiedad ahora a la venta; ¡qué cosas!). Su colaborador en letras, Protasio González Solís vivió hasta 1908 a punto de cumplir los 80 años, después de ocupar puestos diversos en la Hacienda Pública de la mano del influyente compatriota Alejandro Mon y de haber desarrollado amplia actividad escribiendo en medios de Madrid, sin perder nunca su olfato periodístico y colaborando en la Villa y Corte a la creación del Centro de Asturianos.
Fue aquel "Manifiesto del Hambre" un caso en el que un periódico se alió con la "causa justa" en la denuncia de la injusticia. Vale este ayer para el hoy. Como recordaba recientemente el Papa León XIV en su recepción a los periodistas reclamando la independencia de los medios, "solo los pueblos informados pueden tomar decisiones libres".
La revolución de 1854 no fue exclusiva de Asturias; incendió todo el reino con más o menos violencia e hizo caer al gobierno moderado trayendo el bienio liberal. Sucedió en julio y fue una especie de alzamiento nacional que obligó al gobernador de Asturias a interrumpir la Diputación. Pepito Quirós asumió la Junta Revolucionaria de Asturias.
A consecuencia de la hambruna y de las condiciones insalubres, en los núcleos poblacionales brotó una terrible epidemia de cólera "morbo asiático". Y ahí aparece un heroico Ildefonso Martínez. El joven doctor, que falleció víctima del cólera cuidando a los enfermos, era un sorprendente intelectual con fama bien ganada en los círculos más activos culturalmente de su tiempo. Nacido en Benia de Onís en 1821, de familia humilde, estudió en Madrid a cargo de familiares y demostró su valía pronto. Ayudó a su padre cuando regentó la Taberna del Pulpito en el Arco de Cuchilleros de la capital del reino.
No había cumplido los veinte años y ya destacaba. Luchó contra creencias de éxito sin fundamento científico al estilo de la homeopatía, el magnetismo o la frenología. Contribuyó a la creación de instituciones; así la Academia de Esculapio. Su actividad médica y filosófica le valió no pocos ataques y zancadillas manifiestas cuando, ya médico titulado, quiso optar a puestos en los que quedaba relegado una y otra vez.
El purismo de parte del estamento médico parecía frenar a los más atrevidos. Algo parecido le había pasado al gran Gaspar Casal, el catalán que en la Asturias del siglo XVIII realizó estudios de referencia ineludible sobre las enfermedades endémicas y que fue parte del círculo de Fray Benito Jerónimo Feijoo. Le cuestionaron porque dudaban de su titulación. Pero en el decir de Gregorio Marañón "tal vez tuvo la suerte de no ser universitario. ¡Si lo hubiera sido, su innata capacidad para la observación se hubiera ahogado en el ambiente estúpidamente teórico de las aulas!". Precisamente a Gaspar Casal le dedicaría Ildefonso, "como médico y como paisano", además de a quienes ejercían la profesión en Asturias, el primer pliego "De la pelagra y mal de la rosa en Asturias" en el periódico La Verdad en 1848.
A Ildefonso Martínez nada se le ponía por delante. Reivindicó figuras del saber científico y filosófico casi olvidadas o perseguidas como Juan Huarte de San Juan y Oliva de Sabuco, proscritos del siglo XVI, declarándose "empeñado en defender la fecundidad y merecimientos de nuestro espíritu filosófico y de la ciencia española…".
Inconformista y meticuloso, distinguió entre infección, contagio y epidemia y puso el acento en el interés social de la medicina. No se detuvo ahí y en 1847 se atrevió con un "Proyecto de Emancipación Universal" proponiendo un pacto general para solucionar la ignorancia y la miseria, arrinconando el egoísmo y lograr una sociedad libre que contara con una prensa armada con "la razón y alguna vez el sarcasmo, pero siempre con el decoro debido" capaz de destapar las falsedades.
Logró por fin en 1851 una plaza de médico en el balneario de Bellús en Valencia, sin abandonar por ello su actividad de investigación y divulgación. Hasta escribió y leyó en la madrileña Plaza de la Cebada un "Discurso en el aniversario de la muerte de Rafael del Riego" en 1854.
Con uno de sus muchos seudónimos (algunos ingeniosos: ‘Bachiller Bo-vaina’, ‘Bachiller Encina’, ‘El Doctor Palomeque’o ‘Doctor Barlo-Vento’) parece que en 1855 publicó "Espejo del verdadero médico" por Rabí Isaac-Maimon-Fircudi que se decía traducido por un curioso del alemán. Resulta un auténtico tratado deontológico del ejercicio médico al servicio de los enfermos, cualquiera que fuese su condición. Incluso había puesto en marcha la Revista Crisol, título clarificador.
El triste final del joven Ildefonso Martínez le llegó cuando, tras lograr trabajo en el Balneario de Beyures en Nava, al saber de la grave epidemia de cólera en Oviedo, se ofreció voluntario para ayudar. Redactó entonces la "Cartilla popular higiénica y terapéutica del cólera morbo-asiático", con la Comisión provincial de Sanidad. Trabajó denodadamente contra la peste hasta que falleció. Enterrado en el cementerio de San Cipriano, "Prau Picón", el Ayuntamiento de Oviedo colocó una lápida con la leyenda: "A la memoria del Dr. D. Ildefonso Martínez, Médico distinguido que murió el 26 de septiembre de 1855, víctima de su celo, abnegación i caridad cristiana asistiendo a los enfermos coléricos de esta capital".
Luego, cuando el cementerio pasó a mejor vida, sus restos se trasladaron a San Salvador. En sesión municipal de 28 de diciembre de 1895, se acordó cambiar el nombre de la calle Salsipuedes por el de Ildefonso Martínez.
Antes que él, muchos médicos municipales, las más de las veces mal pagados y apenas sin servicios asistenciales, lucharon cuanto pudieron contra la enfermedad. Vinieron luego otros que, arrastrando deficiencias, las denunciaron, escribieron sobre sus pueblos y los padecimientos de sus vecinos. Las cartillas de recomendaciones o las "Topografías médicas" de varios concejos eran llamadas de atención por una sanidad pública que no acababa de llegar. Hoy, con las cosas tan diferentes, sigue habiendo quienes claman por mantener lo logrado y aún mejorarlo. Como escribe el doctor Sergio Calleja la medicina es todo personas y los médicos "humanos que tratan a humanos".
Nota: Desde hace años, la Asociación Vecinal del Oviedo Redondo, en sus fiestas, les homenajea. La exposición documental "Epidemias. Cuidados médicos: lucha contra la enfermedad y la pobreza" está en la Biblioteca de Asturias. Es un tributo a Ildefonso Martínez y al marqués de Camposagrado, pero también a los sanitarios que cuidaron de sus pueblos con la medicina y la letra y a quienes con la pluma y la prensa los ayudaron en un pasado que, antojándosenos lejano, está, en eso del tiempo histórico, a la vuelta de la esquina.
[Cabello Martín, Mercedes (2010). "El Archivo Personal de Ildefonso Martínez y Fernández". Biblioteca Histórica. UCM; FGB. Filosofía en español (2018). "Ildefonso Martínez y Fernández, 1821-1855" (acceso libre a la publicación de un detallado estudio, referencias bibliográficas y trascripciones documentales)]
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