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El cormorán, un ave habitual de ríos y embalses que busca refugio en Asturias

La especie, migratoria invernante, no es una invasora, pero desde que el Principado autorizó su caza en 2005 han caído más de 4.000 ejemplares

Un cormorán secando las alas sobre una piedra en Gijón. | MARIO SUÁREZ PORRAS

Un cormorán secando las alas sobre una piedra en Gijón. | MARIO SUÁREZ PORRAS

Mario Suárez Porras

Mario Suárez Porras

Esta semana he elegido al cormorán grande (Phalacrocorax carbo) para contaros una de las anécdotas más simpáticas que me han ocurrido en los más de veinte años que llevo fotografiando aves. Pero, por desgracia, también esta especie guarda una historia triste que os relataré después de esta divertida situación.

La foto que os muestro la tomé en Gijón, en la desembocadura del río Piles, una fría mañana de noviembre de 2008. Había ido al pedreru del Rinconín a fotografiar correlimos oscuros (Calidris maritima), unos limícolas invernantes muy especiales que suelen llegar por esas fechas. Al terminar la sesión y regresar hacia el coche, aparcado frente al Molinón, me encontré con un precioso cormorán secando las alas sobre una piedra. Aún con la ropa de "trabajo", no dudé en tirarme al suelo para bajar el punto de vista y aprovechar la suave luz que resaltaba los tonos oscuros de su plumaje. El cormorán se portó maravillosamente, posando largo rato hasta que decidió marcharse.

En ese momento, mientras me incorporaba, escuché unas voces que gritaban: "¡Está vivo, está vivo!... ¡no llames a la ambulancia!". Al girarme vi a una pareja de guardias de seguridad junto a la entrada de la Feria de Muestras corriendo hacia mí con los walkie-talkies en la mano. Traían una expresión de susto tremenda y empezaron a preguntarme si me encontraba bien, qué me había pasado, si podía caminar... Tras tranquilizarlos y explicarles que solo estaba fotografiando un cormorán, me contaron su versión: desde la entrada del recinto habían visto un cuerpo tendido en la acera, inmóvil y con el torso tapado por un poste del paseo fluvial. Pasaban los minutos y no me movía, así que pensaron que algo grave me había ocurrido y estaban a punto de llamar a emergencias justo cuando me levanté.

Después de agradecerles su preocupación y contarles mi afición por la fotografía de aves, me fui, y ya en el coche revisé la secuencia de fotos: entre la primera y la última habían pasado más de veinte minutos durante los cuales estuve, sin duda, completamente quieto. Hoy, diecisiete años después, no creo que lograse mantenerme tan inmóvil tanto tiempo.

Y ahora, tras esta anécdota cómica, toca hablar de algo más triste. El cormorán grande es un ave migratoria invernante que frecuenta ríos y embalses asturianos. En Asturias se le conoce como "cuervu marín" y no es una especie invasora, sino una visitante habitual desde siempre que busca alimento y refugio. Sin embargo, desde 2005 se autorizó su caza, y ya han sido abatidos más de cuatro mil ejemplares. Cada año, la Consejería de Medio Rural y Política Agraria del Principado renueva los permisos para su eliminación.

El motivo es el conflicto entre pescadores deportivos, que culpan a las aves de reducir las poblaciones de trucha y salmón, y las organizaciones conservacionistas, que reclaman medidas basadas en criterios científicos, no en matanzas. Me consta, por amigos que dominan el tema del salmón en Asturias, que las verdaderas causas del declive son otras: la contaminación de las aguas por fertilizantes y purines, el calentamiento global, la destrucción del bosque de ribera, las presas y la sobrepesca deportiva. Hasta hoy no hay evidencia científica que demuestre que eliminar cormoranes mejore las poblaciones de salmónidos, y el gobierno no ha presentado estudios que lo avalen.

En Asturias cada vez hay menos salmones. Habría que incluir esta especie en el catálogo de especial protección y prohibir su pesca, como se hace en Navarra, donde el río Bidasoa lleva tres años vedado. Así, los pocos salmones que logran remontar sus aguas pueden reproducirse y permitir que, en el futuro, sus crías regresen al río donde nacieron y el ciclo de la vida continúe.

Mario Suárez Porras es presidente de la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza de Asturias y profesor en el colegio de las Dominicas de Oviedo

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