Alicia Maneiro: "La vivienda colaborativa crea servicios en su entorno"
"Los trabajadores muy difícilmente logran una capacidad de ahorro como para adquirir una vivienda, la financiación estatal es fundamental", dice la experta

Alicia Maneiro. / LNE
Uruguay cuenta con cerca de dos mil cooperativas de vivienda colaborativa o cohousing. Un modelo habitacional que se desarrolló hace más de medio siglo para hacer frente a los problemas habitacionales que existían en el país y que con el paso del tiempo ha acabado por convertirse en todo un éxito. Alicia Maneiro, presidenta de la Federación Uruguaya de Cooperativas por Ayuda Mutua (FUCVAM), participa este fin de semana en el I Foro Internacional de Vivienda Colaborativa 2025, que arrancó ayer en el Autitorio Príncpe Felipe de Oviedo y que se alargará hasta el domingo con ponencias de primer nivel.
En un mundo que tiende a la individualización, ¿cómo consiguen desarrollar con éxito un modelo de vivienda colaborativa?
Uruguay tiene un modelo de cooperativismo de hace más de cincuenta años, gracias a una ley votada por el Parlamento en 1968 en un momento de crisis económica y social. La necesidad de vivienda era muy grande y esta ley permitió habilitar la formación de cooperativas de viviendas de propietarios y de usuarios. Ahí el modelo empezó a andar y, aunque tuvimos nuestros altos y bajos, a día de hoy, Uruguay cuenta con más de 2.000 cooperativas de vivienda a lo largo y ancho del país, lo que ha servido de modelo para que nos visiten de otros lugares para conocer.
¿Qué caracteriza su modelo?
En primer lugar, somos cooperativas de usuarios. Las familias tienen el derecho de uso y goce de la vivienda, que es hereditario. Y, en segundo, la financiación procede en un 85% del Ministerio de Vivienda, mientras que el resto lo ponemos las familias en mano de obra. Es la cooperativa la que recibe el dinero y lo va administrando, por eso es importante la autogestión. Luego ese préstamo debemos devolverlo durante los siguientes 25 años, pero si en algún momento de ese periodo la familia pasa por una crisis tenemos lo que se llama el subsidio a la permanencia, por lo que el Estado se hace cargo de la cuota. Además, tenemos varios pilares que son la democracia directa, la autogestión y la ayuda mutua.
¿Sería posible exportar ese modelo a España, donde actualmente existe un grave problema habitacional?
Creo que sí. La federación a la que pertenezco ha tratado de colaborar a nivel internacional en la creación de cooperativas, pero siempre respetando la idiosincrasia y las características de los países. Es decir, la réplica absoluta en algunos casos ha podido ser y en otros no, pero el modelo se ha ido replicando. A de hoy, hasta en África hay cooperativas con el modelo uruguayo. Los trabajadores muy difícilmente logran una capacidad de ahorro como para poder adquirir una vivienda y, por tanto, la financiación estatal es fundamental.
¿El desarrollo de cooperativas de vivienda colaborativa influye en los precios de mercado?
No baja el precio de las viviendas, pero sí mejora el entorno porque las cooperativas siempre están abiertas al barrio. Lo que se genera es la llegada de más servicios, puesto que aquellos que forman parte de la cooperativa, como un gimnasio o una cancha, también están abiertos al barrio .
¿Qué beneficios tiene este modelo frente al que predomina actualmente en España?
En ese modelo es uno solo contra el mundo. Uno se enfrenta solo al mercado, a las subidas y bajadas, que puede pagar o no. En cambio, esto es un proyecto colectivo. La deuda es de la cooperativa para con el Ministerio. La familia nunca está sola. Todas las decisiones se toman en común.
Las viviendas de estas cooperativas no se pueden vender.
No, porque la familia lo que tiene es el derecho de uso y gozo. Uno puede irse, devuelve la vivienda a la cooperativa y se lleva el capital aportado hasta ese momento. La cooperativa tiene la facultad, respaldada por la ley, de buscar una familia que sustituya a la que se va y que cumpla con los requisitos de unidad.
¿Cómo se consigue que funcione esa cooperación?
La cooperativa tiene que tener un estatuto, como persona jurídica, y este debe ser aprobado por el Ministerio. En todos los estatutos hay un artículo que dice que si hay descontento por parte de quienes tienen la representación legal en la cooperativa (uno por cada familia), se puede solicitar una asamblea consiguiendo el apoyo del 10% para revertir la situación. La democracia es directa y funciona, y bueno, tiene todos los mecanismos para darle garantía a las familias.
¿Cuál es el perfil de los usuarios?
Son trabajadores. Las cooperativas nacen en el entorno de los sindicatos y las parroquias, aunque hoy eso ya no es tan así. Uruguay ha perdido un componente muy fuerte que tenía en la década de los años 60 y 70 como era la industria, pero también ciertas costumbres. Entonces, las cooperativas hoy son más heterogéneas, pero en realidad son trabajadores sin capacidad de ahorro, pero sí con compromiso para asumir con la cooperativa de la devolución de un préstamo a 25 años.
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