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Todos los meses 8M: mujeres rompetechos

Ana Gutiérrez, directora del Instituto Universitario de Oncología del Principado: "El mundo de la ciencia es, en general, bastante equitativo"

"Cada vez hay más mujeres que se atreven a dar el paso, más investigadoras principales, más responsables de proyectos, más mujeres en puestos de gestión", asegura

Rompetechos: Ana Gutiérrez, directora del IUPA: "En el mundo de la ciencia lo importante es tener un buen proyecto, da igual si eres hombre o mujer"

Miki López /Amor Domínguez

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Ana Gutiérrez Fernández nació en Gijón en 1971, pertenece a una generación de mujeres que accedió masivamente a la Universidad. Ella se doctoró en Biología por la de Oviedo, donde ejerce la docencia como profesora de Bioquímica y Biología Molecular. Como investigadora se ha especializado en el estudio de los tumores hematológicos asociados a la leucemia linfática crónica, una enfermedad de elevada prevalencia en personas mayores. Desde mayo de 2024 dirige el Instituto Universitario de Oncología del Principado (IUOPA).

Afán por comprender. "Hubo una serie de televisión que me marcó: ‘Érase una vez la vida’. Creo que todos la vimos. Me fascinaba. Hizo nacer en mí la vocación por entender por qué suceden las cosas y descubrí que lo que más me gustaba era estudiar biología. Soy una bióloga convencida. En cualquier investigador, lo que prima es el afán por comprender. Es lo que define a un hombre o a una mujer de ciencia. Yo era una niña bastante tímida, pero con muchísima curiosidad por todo. Por aquel entonces no existía internet y yo acudía a las bibliotecas. Iba a la de Gijón, a la Jovellanos, que estaba cerca de mi casa, y allí alimentaba mi curiosidad. Me llamaba la atención por qué las flores se abrían o se cerraban, me fijaba especialmente en las margaritas: cuando te acercabas, parecían cerrarse. Esas pequeñas cosas me fascinaban y me hacían preguntarme el porqué".

Más mujeres en la universidad. "Sinceramente, cuando empecé a estudiar biología no tenía una idea muy clara de lo que me iba a encontrar. Lo que sí tenía claro era que la botánica o la zoología no me llamaban demasiado la atención; lo que me atraía era la parte biomédica, los procesos celulares, entender cómo funcionaba la vida desde dentro. Éramos muchísimas chicas. Teníamos dos aulas, con unas 200 personas o más. Y sí, había muchas chicas. Diría que estaba bastante equilibrado, incluso que éramos más mujeres que hombres. La mayoría de mis compañeras se orientaron hacia ramas científicas o biomédicas, mientras que muy pocas eligieron ingenierías o carreras técnicas. Nuestra generación fue la primera en la que, de una forma natural, las mujeres accedimos masivamente a la universidad. Era lo esperable. No ir a la universidad no se contemplaba. Yo no recuerdo a ninguna compañera que no siguiera estudiando después del colegio".

Equidad, hasta cierto punto. "En clase trabajábamos todos por igual. No percibí preferencias ni roles distintos. Y al empezar a trabajar, tampoco. El mundo de la ciencia es, en general, bastante equitativo. Más igualitario. No he vivido discriminaciones personales. Es cierto que los puestos más altos suelen estar ocupados por hombres. No sé muy bien por qué, pero hasta donde yo he querido llegar, he llegado. Sin obstáculos. No accedemos a cargos directivos quizá por inseguridades o por una cuestión educacional. No tengo una respuesta clara para eso. Quizás nosotras mismas nos ponemos cortapisas, nos frenamos, cuando, en realidad, hombres y mujeres pueden llegar exactamente al mismo nivel. Todo depende de lo que uno quiera hacer y del esfuerzo que esté dispuesto a dedicarle. Cada vez hay más mujeres que se atreven a dar ese paso, más investigadoras principales, más responsables de proyectos, más mujeres en puestos de gestión".

De madres a hijas. "Las generaciones que vinieron detrás de la nuestra han crecido con una mentalidad distinta. El mensaje que transmitimos a nuestras hijas es: ‘Tú puedes, puedes llegar a todo’. La sociedad también se ha vuelto más igualitaria –sin serlo del todo, por supuesto– y eso fomenta que las mujeres despunten. Todavía no estamos equiparadas, por supuesto, pero hemos avanzado mucho. España venía de una tradición social y cultural donde el papel de la mujer era, básicamente, el de ama de casa. Todo esto ha sido una evolución, un proceso que hemos vivido nosotras, nuestras madres y las generaciones siguientes. Por suerte, una evolución hacia mejor".

Estancamiento en igualdad. "Percibo –y puedo estar equivocada– cierto estancamiento. Me da la sensación de que, aunque hemos avanzado mucho, ahora lo hacemos a un ritmo más lento. Nosotros vivimos un crecimiento muy rápido, muy visible, porque partíamos prácticamente de cero. Cada paso que dábamos era enorme. Ahora esos pasos son más pequeños, menos evidentes, y quizás por eso parece que la evolución no es tan rápida ni tan grande.

Profesión y familia. "Tengo dos hijas maravillosas. Ya son mayores: tienen 18 y 15 años. Para nosotros, mi pareja y yo, se convirtieron en la prioridad, pero sabíamos que no podíamos dejar de lado la carrera profesional. Haces malabarismos, aprendes a estirar las 24 horas del día, duermes menos, te dedicas menos tiempo a ti misma. En mi caso, hubo algo clave: la persona que me acompañaba. Ha sido fundamental. Alguien que entendía y compartía todo al 50 por ciento, o incluso más: a veces 60 por ciento él y 40 yo. La clave está ahí: tener claro que se puede compaginar, aunque no sea fácil, y contar con una pareja que se involucre de verdad. Necesitas que la otra parte se implique y comparta contigo el mismo proyecto".

Bajar el ritmo y saber retomar. "Hay etapas en las que produces menos y es normal, pero aprendes a manejar el tiempo mejor, a ser más eficiente. La investigación y la docencia te permiten, en ciertos momentos, bajar un poco el ritmo. Puedes no ser tan productiva científicamente durante una etapa, y luego lo recuperas. En la vida hay ciclos: épocas de más y de menos. A veces es por conciliación familiar, otras por cuestiones personales o de salud. Lo importante es saber retomar el ritmo después. Ahora puedo asumir la responsabilidad que tengo en el IUOPA, porque mi situación familiar es distinta: mis hijas ya son mayores e independientes. Cuando me llegó, no tuve que pensarlo mucho: quería hacerlo bien, estar a la altura. Dirigir un instituto con 25 años de trayectoria es una gran responsabilidad. Pero ya no lo dudé por motivos familiares".

Otras realidades. "Voy a utilizar un término ecológico: el nicho. Todo depende del entorno en el que te muevas. Yo he tenido alrededor gente entre la que es normal que el padre recoja a los hijos igual que la madre, que ambos estudien con ellos o se repartan las tareas por igual. Sé que no siempre es así. Cuando iba al colegio de mis hijas veía realidades distintas: en algunos entornos, la madre sigue siendo omnipresente. Así que, sí, probablemente lo mío no sea lo más común. Por eso hablo del nicho: cada uno se mueve en un círculo con dinámicas diferentes. En el mío, he visto corresponsabilidad real y eso favorece que las mujeres desarrollen su carrera".

Iniciarse en la gestión. "Yo digo que en la dirección del IUOPA estoy haciendo un máster acelerado, porque nosotros no nos formamos para eso. Somos profesores, científicos… Y cuando te metes en la gestión, tienes que aprender sobre la marcha. ¿Es difícil? Sí. ¿Imposible? No. Además, en el ambiente universitario en el que me muevo hay bastante paridad. Hay muchas mujeres en cargos de gestión. En ese sentido, la universidad se parece mucho al mundo científico: no es perfecto, pero cada vez es más equilibrado. Hemos tenido rectores, pero no rectoras, y eso quiere decir algo. Aun así, considero que la universidad es una institución donde hay mucha más igualdad entre hombres y mujeres. En ese sentido, me considero afortunada".

El papel de las instituciones. "Debemos seguir luchando para que esa igualdad que existe en algunas instituciones se extienda al resto, para que las empresas y otras organizaciones avancen en esa dirección. Lo importante es no perder el foco. La administración pública tiene la obligación de ir por delante. La empresa privada o los trabajadores a título individual deben ver que existe un camino abierto. La administración pública debe mostrar que todas las personas que acceden a ella tienen las mismas oportunidades, sean hombres o mujeres, y servir de modelo para otros sectores donde eso no es aún la norma. Quienes trabajamos ahí debemos dar ese ejemplo".

Compaginar docencia, investigación y gestión. "Malamente, la verdad. El mundo de la gestión es complicado y te lleva más tiempo del que imaginas. Durante este tiempo la investigación ha quedado algo relegada. Empecé en la dirección del IUOPA en mayo de 2024, llevo más de año y medio. Estoy aún en periodo de aprendizaje, pero sé que es el proceso normal. Soy una persona a la que le gusta retarse y aprender. Tengo claro que, tras todo este periplo, habré aprendido muchas cosas. Para eso hay que fallar, dedicar tiempo, y sí, la investigación queda algo en segundo plano, pero no la he dejado".

Educar con el ejemplo. "Tengo dos hijos y, junto a su padre, les he enseñado que pueden hacer cualquier cosa, que no deben tener miedo a equivocarse, que pueden llegar donde quieran y ser siempre ellas mismas. A veces piensas que no se fijan, pero los hijos observan: ven las horas de trabajo, la responsabilidad, el esfuerzo, y con el tiempo repiten esos comportamientos. Sobre todo, quiero que no tengan miedo, que se atrevan a lanzarse. A veces saldrá bien y otras no, pero no hay que dejar de hacer algo por temor. La relación padres-hijos es ahora más abierta y fluida. Se puede hablar de todo. En nuestra época, aunque nuestros padres fueran buenos, se pensaba y actuaba de otra manera. Eso forma parte de la evolución lógica de un país como España, que ha pasado de un contexto social más rígido, donde se separaban más los roles del hombre y la mujer, a otro mucho más igualitario y abierto".

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