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El pueblo de la Navidad no está en Vigo sino a 30 kilómetros de Oviedo y apenas tiene 40 vecinos: la sencillez y la magia de miles de luces en hórreos y cuadras

Jardines, antojanas, paredes, balcones, arcos de ventanas... Cualquier espacio externo es adecuado para instalar decoraciones, luces, figuras, escenas...

El pueblo de la Navidad no está en Vigo sino en Asturias y apenas tiene 40 vecinos: la sencillez y la magia de miles de luces en hórreos y cuadras

El pueblo de la Navidad no está en Vigo sino en Asturias y apenas tiene 40 vecinos: la sencillez y la magia de miles de luces en hórreos y cuadras

La Navidad está a la vuelta de la esquina aunque muchos establecimientos y ciudades ya han adelantado la fecha para adornar con luces, árboles o turrones sus paredes y estantes. No obstante, muchas localidades asturianas ya piensan cómo engalanar sus calles y convertir fachadas y mobiliario en un recuerdo inolvidable para vecinos y visitantes.

Si el espíritu de la Navidad consiste en compartir ilusiones y proyectos, Aciera (concejo de Quirós) es el pueblo más navideño del mundo. Extendidas –o más bien abigarradas– sobre la falda del macizo de Ubiña, las casi cincuenta viviendas de esta localidad compiten entre sí por convertir las fiestas navideñas en un canto a la sana vecindad, la imaginación y el buen gusto. "No creo que haya ningún pueblo en Asturias en el que toda la gente decore el exterior de sus casas", comentaba un vecino a LA NUEVA ESPAÑA.

Jardines, antojanas, paredes, balcones, arcos de ventanas... Cualquier espacio externo es adecuado para instalar decoraciones, luces, figuras, escenas... No se libra la valiosa flota de hórreos de Aciera, entre ellos uno de los más antiguos de Asturias: en pie lleva más de 500 años.

Aciera está emplazado a unos 35 kilómetros de Oviedo, lo que se traduce en otros tantos minutos de coche para llegar. A unos cientos de metros, el embalse de Valdemurio, escenario veraniego de actividades acuáticas; y, al lado, El Llano, sede de una escuela de escalada deportiva con mucho tirón. De manera fija residen en el lugar una docena de familias. En verano, la población se multiplica. La asociación vecinal reúne a unos 125 miembros. Desde hace unos años, en Navidad, las estrechas caleyas de Aciera se llenan de visitantes que disfrutan de cada rincón. Muchos repiten experiencia, pues la decoración va cambiando año tras año, aumentando con nuevos motivos y distintas escenas. Este pueblo tan activo cuenta este año con un nuevo centro social que pertenece a la asociación de vecinos Canor Fandos, en recuerdo de un añorado vecino y alcalde pedáneo. Un pueblo activo que a lo largo del año realiza distintas actividades lúdicas como la fiesta de La Madre de Dios, un amagüestu o una bonitada, entre otras iniciativas. El bar "El rincón de Aciera" reabrió después de una temporada cerrado, ahora gestionado por una pareja foránea: un cocinero italiano y su compañera canaria.

La estrecha carretera se queda pequeña para tanto coche, algunos suben andando desde la AS-229 Caranga- Bárzana, de menos de un kilómetro. Y no es todo. Hace unos años, dos conexiones televisivas de cadenas nacionales junto con las dos páginas que les dedicó LA NUEVA ESPAÑA fueron el empujón definitivo para que cientos de personas se acerquen todos los días hasta este pueblo, situado a la falda de la sierra del Aramo y el embalse de Valdemurio. En cuanto oscurece y las luces se encienden, Aciera se transforma y la vida tranquila de los vecinos se altera por unos días.

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