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La penúltima muerte de la tonada: con un público menguante y atrapada en el mismo repertorio, la canción popular de Asturias necesita una renovación

"A lo largo de mi vida siempre me han preguntado que por qué no canto otros géneros con la voz que tengo; vivimos con ese complejo de lo nuestro", afirma Anabel Santiago

Maribel González Morán canta en el teatro Filarmónica en una jornada del concurso de Oviedo.

Maribel González Morán canta en el teatro Filarmónica en una jornada del concurso de Oviedo. / Irma Collín

Chus Neira

Chus Neira

A principios de los dos mil, cuando empezaba a ganar cualquier concurso de tonada que se le pusiera por delante, Marisa Valle Roso era una adolescente de La Felguera que tenía que convivir con la incredulidad que despertaba en los pasillos del instituto una chavala que se dedicaba a "eso que canten los paisanos en los chigres". Marisa siguió ganándolo todo, acabó dejando la tonada e inició una carrera en solitario que sumó este año, con "Cenicientes", su cuarto disco de estudio.

Valle Roso ya no canta canción asturiana, pero mucho de lo que hace, y en especial en este último trabajo, en canciones como "Al molín" o "La somedana", sale de ese lugar que tan lejos les caía a sus compañeros de clase.

Anabel Santiago, que también empezó de piquiñina, fue plusmarquista en el circuito de concursos y revolucionó el género con fusiones inéditas, cuenta experiencias parecidas a ese estupor del entorno ante el mundo de la asturianada: "No dejamos de parecer bichos raros". "Vivimos con ese complejo de lo nuestro", razona la cantante, "y a lo largo de mi vida siempre me han preguntado que por qué no canto otros géneros con la voz que tengo, pero es que siempre me ha gustado la música tradicional".

Santiago y Valle Roso son representantes de una generación que salió del género de la tonada asturiana y lo llevó a otro lugar, pero pasadas casi dos décadas del tiempo en que ellas dejaron de competir y empezaron a abrir el panorama del género, la asturianada parece que sigue en el mismo lugar que ellas lo dejaron.

Ismael González Arias es uno de los que más atentos ha estado a estas cuestiones en este paso de un siglo a otro, desde la teoría (en sus libros) y la práctica (como productor musical), y recuerda perfectamente la sensación que tuvo cuando en 1998 publicó junto a su hermano Xaime "L’Asturianada". "Más que un ensayo aquello era un planteamiento heredero de Ray Bradbury, es decir, de ciencia-ficción, de pensar cómo podía ser el futuro desde aquel momento, y en aquel momento, con la de voces de gente que había te decías que qué no iba a haber en el futuro". Hoy se responde: "De aquel montón de chavales quedó un grupo reducido, pero no veo que haya prendido un espíritu renovador".

En las forografías que acompañan la página  figuran Marisa Valle Roso (1); Héctor Braga (2), Joaquín Pixán (3), Anabel Santiago (4), «L-R» (5), «Antón Menchaca» (6) y Rodrigo Cuevas (7).

Héctor Braga / .

Gonzalez Arias no quiere compararse con escenas como la del flamenco, pero opone el ejemplo de cosas tan pequeñas como el cant d’estil valenciano, que él mismo vio cómo pasó del abandono absoluto, con apenas tres cantantes, a un pujante grupo de gente joven haciendo de todo. ¿En Asturias? Los cantantes que avanzaron siguen aquí. Bien, pero constreñidos por el techo regional, explica, al margen de la excepción de Rodrigo Cuevas, aunque su música sea "otra cosa". Por lo demás, lamenta, están fallando los concursos, como pudo ver el otro día que un técnico de sonido le mandó una foto de trece personas en un festival de tonada donde en otros tiempos había doscientas largas. "La escena de la tonada es muy cerrada y creo que no está viviendo su mejor momento, ni siquiera la tradicional, y cuando empieza a fallar la tradición…".

En ese panorama menguante pesa ese "complejo" del que hablaban Anabel Santiago y Valle Roso. "Es un género de folklore tan personal, tan propio y tiene tanto mérito que está aquí sola en mitad de la tierra", razona González Arias. "Pero ye como las monjas pelayas, que son las únicas que siguen cantando gregoriano en toda Europa y nadie mira para ellas". A esa falta de autoestima o quizá como consecuencia del poco cariño la tonada también se agota. Ismael González Arias asegura que las principales canciones de la asturianada fueron en su mayoría obra de compositores, que la tradición volvió a coger pasada la Guerra Civil hasta convertirla en canción tradicional. ¿Dónde están los que hacen hoy canciones nuevas?, se pregunta.

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Marisa Valle Roso / .

Uno de ellos es el tenor Joaquín Pixán. Es, además, uno de los más preocupados en diseñar un plan estructural de renovación que traiga nuevas letras y nuevas maneras, que haga evolucionar la asturianada.

"Lo que hay ahora", explica Pixán, "es una minoría muy aferrada a la tradición bien o mal entendida, y yo creo en la necesidad de una renovación en cuanto a textos y a música". Se justifica esta actualización del repertorio, argumenta, en que "la Asturias de hoy ya no debería decantar a las cosas que se cantaban en otros tiempos. Ya no existe la mina, la vida en la zona rural es prácticamente distinta y tenemos un repertorio fosilizado desde hace años. Quizá ya se agotó esa veta". La renovación de textos y músicas estaría acompañada en la hipótesis de Pixán por una renovación de intérpretes y, finalmente, por nuevos públicos, más público. "La idea es que los asturianos se puedan sentir identificados con el género de tal manera que lo asuman como propio, que no se avergüencen de ello".

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Joaquín Pixán / .

Maribel González Morán es una de las discípulas de Pixán. Sigue en el circuito y aplica cuando puede esas nuevas composiciones, con textos literarios nuevos como los poemas de Gamoneda musicados por el tenor. "Para mí ye muy satisfactorio introducir estos cambios que me ofrece Joaquín", relata. "Me encanta cantar eses coses diferentes por salir de lo de siempre y de la misma forma, aunque no sé si cala. Supongo que hay que darle tiempo, pero como la mayor parte del público son mayores… Al final vas a un festival y rara es la vez que no te piden que cantes ‘Arboleda bien plantá’".

La experiencia reciente de Maribel González Morán también confirma la crisis del circuito. Ese público aferrado a las canciones de siempre, porque son lo que conocen, ha ido menguando año a año. "Hace quince años era difícil de imaginar, pero ahora sales y te deprimes. ¿Para que vengo yo aquí?".

Y no es solo la parte del público. González Morán asume la responsabilidad de los cantantes. "Necesitamos calidad, gente formada que nos dé esas bases para renovar. Hace falta tener el lenguaje musical, la técnica vocal. Antes no había otra cosa, pero ahora sí. Como se empeñen en decir que la canción asturiana ye de transmisión oral y que se aprende en los chigres… Eso no puede ser, con técnica se puede hacer infinitamente mejor". Ofrece un ejemplo práctico. El de los gaiteros. La enseñanza reglada ha traído un montón de gente joven muy parada. "Antes tocaba cualquiera de oído, ahora pegaron una revolución y tocan lo que quieren, lo mismo ‘La Morocha’ que ‘En Oviedo no me caso’, porque tienen la base, tiene la teoría, nociones, más información y saben apreciar lo que les gusta y lo que no les gusta".

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"L-R" / .

El ejemplo de los gaiteros da para más lecciones en las que la asturianada puede mirarse. En paralelo a su evolución musical y la calidad de los intérpretes se ha reforzado su presencia institucional. Se recibe y se despiden los Premios "Princesa" y cualquier congreso que se precie con gaitas. No hay costumbre de plantar a un cantante o una cantante de tonada en los actos institucionales. Y sería bueno. En eso coincide una de las grandes voces de la canción asturiana, Mariluz Cristóbal Caunedo. En los años en los que estuvo más en activo, desde los ochenta hasta bien entrados los dos mil, recorría varias veces Asturias con otros compañeros de tonada de feria en feria, siempre había cantantes de asturianada. Ahora no. "Una de las cosas que yo sugiero es que en todas las romerías, sobre todo en las que cuentan con dinero de los ayuntamientos o del Principado, procuraran que hubiera siempre un momento para que se cantara asturiano, como se hacía antes. Sería una forma de promocionarla más, y también en los actos de representación de las administraciones, que haya representación del cante, que vaya calando en el público allí donde el público no está acostumbrado a escucharla, igual que se lleva la gaita a los actos importantes".

Buscar nuevos públicos se hace más importante cuando, explica, los festivales de tonada se cuentan hoy con los dedos de la mano y el caché de los cantantes bajó muchísimo. "No se le da la importancia que realmente tiene", concede. "La tonada es la base de toda la música que se está haciendo en plan folk y, por ejemplo, hay muchas profusión de pandereteras, pero eso sale de las canciones ancestrales asturianas, y mantener esa raíz es importantísimo, hay que mimala y debería estar siempre protegida y bien cantada".

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Anabel Santiago / .

Esa idea del cuidado del género entronca con algo a lo que apunta como principal clave para sostener, renovar y hacer crecer el género el cantante y multiinstrumentista (gaita, zanfona, lo que le echen) Héctor Braga. El primer motivo de la crisis de la asturianada, explica, es la falta de un currículo completo de enseñanza reglada de música tradicional. "En otras comunidades sí lo hay. Aquí solo tenemos la gaita. Hay un decreto que regula la enseñanza de la asturianada, pero que no se desarrolló, y ahora es más importante aprenderla en la escuela de música porque en las casas ya se escucha muy poca tonada".

Héctor Braga también apunta a la falta de profesionalización, algo que, recuerda, fue común al género en toda su historia, siempre los cantantes ejercieron otras profesiones, y a la dimensión de la escena. "Mi perspectiva como artista", incide, "es que nos vemos sometidos a un embudo. Es un género muy restringido, muy pequeño, que no todo el mundo mira con buenos ojos por las razones que sea, quizás por razones ideológicas. Así que un intérprete de asturianada que cante en asturiano no va a tener una aceptación general". Apoya Héctor Braga su argumento con los casos de los cantantes que, antes que en Asturias, trifunfaron fuera. "Los asturianos como equipo visitante somos muy buenos, como local, no hay manera", resume.

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Rodrigo Cuevas / .

Belén Antón ofrece un ejemplo completamente diferente al de los cantantes clásicos de tonada. Ella empezó de mayor, con treinta años, por cierta fascinación en la tradición pero con un gusto muy alejado de lo convencional, lo que le acabó llevando, después de formarse con los maestros de referencia, Ismael Tomás y Anabel Santiago en su caso, a llevar la asturianada a otros sitios. Es lo que hace con "Antón Menchaca", dúo con el guitarrista Petro Menchaca donde retuercen el cuello a la tradición, lleva el género a otros espacios y encuentra la recompensa cuando una allerana, al bajarse de un escenario le dice, como le pasó el fin de semana pasado: "contigo la tonada me gusta más porque no me suena tan áspera". Pero lo suyo es la experimentación. En el otro lado, el canónico, razona, que Asturias "es un lugar muy pequeño, y el gremio también. Todo el mundo se analiza muchísimo porque es un cantar muy exigente y aprenderlo no es ninguna broma. Pero como sólo ye de aquí, no se valora. Asturias es una tierra que nos caracteriza ser tímidos y no creemos en el valor de nuestra cultura. Y por eso hay gente que heredó la canción asturiana de sus padres pero con un rechazo que luego se van perdonando".

Mari Luz Cristóbal Caunedo, que en 1999 estrenó modales en la asturianada con su disco "Onde la ñublina posa", fotografiada cantando.

Mari Luz Cristóbal Caunedo, que en 1999 estrenó modales en la asturianada con su disco "Onde la ñublina posa", fotografiada cantando. / Ricardo Villoria

En todo caso, la visión de Antón es crítica con el propio circuito del que ella alguna vez participó. "Lo que hacen este tipo de concursos, como todos, es no dejar desarrollar un cante, con una serie de instrucciones en las que lo que se puntúa son las repeticiones de otros temas. Quizás en otra época tuvieran sentido, y puede estar bien para que el intérprete se exhiba en un escenario, que es importante, pero no deja de ser una forma de encasillar la tonada en las misma línea, con la misma gente y la misma repetición".

Belén Antón sugiere que, no obstante, también hay gente haciendo cosas nuevas, buscando otros acompañamientos, como Alicia Villanueva, Odón el Paganéu, Carlos Velasco o Sandra Fernández.

En el lado más experimental también hay más novedades, aunque no sean exactamente tonada, desde las propuestas más electrónicas de Fruela 757 o Llevólu’l Sumiciu al dúo de post-fok "L-R" de Leticia Baselgas y Rubén Bada o la aventura de Ferla Megía. No es asturianada pero son proyectos que en mayor o menor medida se alimentan de esas raíces.

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"Antón Menchaca" / .

Necesitada de agitadores y mimos que la desencorseten y la traigan al aquí y ahora, muchos coinciden en que la tonada de que la asturianada ya está acabada viene sonando desde siempre. "Desde que empecé se sigue hablando de los mismo, su muerte y renacimiento", confiesa Anabel Santiago. Y lo mismo dice Mariluz Cristóbal: "Sería lamentable dejarla morir y luego rescatarla veinte o treinta años más tarde, pero también puedo decir que desde que comencé a cantar ya se estaba diciendo que esto se acaba, y sigue perviviendo". Al final, va a ser verdad lo que dice Héctor Braga cuando cita a Víctor Manuel. "La tonada tiene más vidas que un gato".

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