Francisco Llera, politólogo: "Tuve que oír a un energúmeno racista gritarme que olía a ‘establo asturiano’”
"Me extraña que la universidad privada no haya llegado antes a Asturias teniendo muchos que ir a estudiar fuera", dice el futuro integrante de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y fundador del Euskobarómetro

Francisco Llera. / MARIA FUENTES / LNE
El caraviense Francisco Llera Ramo, catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco y fundador y director del Euskobarómetro, ocupará la medalla número 38 de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
-Con su ingreso en la Academia de las Ciencias Morales y Políticas continúa el legado de otros asturianos que inició en su momento Pedro José Pidal, marqués de Villaviciosa. ¿Cómo se siente?
-Como te puedes imaginar, muy orgulloso por el reconocimiento que supone estar entre los mejores de nuestro tiempo. Pero, a la vez, con la responsabilidad de estar a la altura de tales precedentes. Los asturianos de las Reales Academias han marcado un listón difícil de superar, empezando por el precedente de mi propio paisano Aurelio de Llano, a quien admiro y por quien siempre me interesé. Asturias y Caravia no serían lo mismo sin ellos. Así que me siento responsable de responder a ese reto en estos tiempos.
-Repasemos un poco su historia. ¿En qué momento decide uno estudiar Ciencias Políticas y Sociología?
-(risas) Casi un milagro (no olvidemos que yo soy un guaje de pueblu, de familia humilde y de padre mineru con vaques). Era el año 68 y yo estaba en el Seminario de Oviedo. Resulta que un cartel que anunciaba la existencia del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Deusto me puso en canción, conectando con las ansias de cambio y mi incipiente compromiso social. Dejé el Seminario y me fui a Bilbao a estudiar y todavía compatibilicé los estudios de Teología y los de Sociología. Cuando terminé la carrera, el Decano me dijo que si me quería quedar a dar clase en la Facultad de Sociología. Empecé con la Sociología Política, hice la Tesis Doctoral, luego me fui a la Facultad de Periodismo de la UPV y hasta hoy.
-Cuenta en su haber con más de 45 años de trayectoria académica. ¿Cómo ha cambiado la universidad en estos años?
-No cambió, la cambiamos a base de esfuerzo y sacrificio, de asomarnos al exterior, de viajar y relacionarnos con el mundo académico internacional, de copiar lo mejor y aprender de los mejores. A pesar de las limitaciones económicas, hemos podido investigar, publicar. Pero, sobre todo, competir en calidad y reformar continuamente nuestros sistemas y con nuevas herramientas.
-Ahora es catedrático emérito, pero en su momento se le negó tal distinción. ¿Se han calmado las aguas?
-Para nada. Soy catedrático emérito gracias a mis amigos y colegas del departamento de Historia Contemporánea, porque el departamento de Ciencia Política que yo había fundado y dirigido había sido colonizado por batasunos y podemitas, que no soportaban que estuviese vivo. Sigo esperando el reconocimiento de las autoridades académicas de la UPV al sufrimiento y a la lucha que un buen puñado de profesores sostuvimos durante años. Ha habido y hay mucha miseria moral, entre otras cosas, en esa casa. Sin embargo, eso nos ha permitido hacer amigos y escuela en otras latitudes. Siempre estaré agradecido a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, la Rey Juan Carlos de Madrid o el Instituto Ortega-Marañón y, por supuesto, la ANECA.
-¿Cómo fueron los años más duros del terrorismo? Usted tuvo que llevar escolta durante una década
-Fueron muy duros para todos. Sobre todo, para los niños y las familias. Hubo quien se tuvo que ir y no volvió. No podíamos dar clase por seguridad. Nos señalaban como “enemigos” y “apestados”. Yo tuve que oír a un energúmeno racista con cara de odio gritarme que “olía a establo asturiano”, creyendo que me ofendía. Pero estoy orgulloso del apoyo de los más cercanos y del movimiento de compromiso y solidaridad que fuimos capaces de mantener activo, sin el que las cosas no hubiesen sido igual. Por eso, no nos han perdonado, aunque se nos exige que les perdonemos. Ha sido un final triste e inmoral.
-ETA abandonó las armas hace varios años, pero ¿las heridas siguen abiertas en la sociedad vasca?
-Las vemos todos los días (pintadas, enaltecimiento de los terroristas, movidas…). Las víctimas siguen reclamando reconocimiento y justicia. Los victimarios no se han arrepentido ni pedido perdón. Al contrario, se han empoderado y se pasean por el palacio de la Moncloa como pedro por su casa como ilustres socios de la coalición negativa que detenta el poder en el país. Y, ahora, por si fuera poco, les salen los radikales y la nueva kale borroka cuestionando que están siendo demasiado blandos y condescendientes con la democracia española.
-Es miembro de la Fundación Víctimas del Terrorismo. ¿Tiene el Estado y la sociedad todavía una deuda pendiente por aquellos años?
-Indiscutiblemente, como acabo de evocar y nos lo recuerdan de continuo las víctimas y nuestra propia conciencia ética y democrática. Basta con escucharlas con atención y responder a sus demandas bien articuladas. En efecto, soy miembros de la FVT desde su origen basado en el consenso bien gestionado de dos amigos irrepetibles: Alfredo Pérez Rubalcaba y Javier Zarzalejos.
-Ha desarrollado prácticamente toda su carrera en País Vasco, pero sin dejar de lado Asturias. Como académico, ¿está de acuerdo con la llegada de universidades privadas a la región?
-Estudié en una Universidad privada y católica, y enseñé en ella y en la pública. He defendido, y defiendo, el pluralismo y la competitividad académica por un servicio docente e investigador de calidad. Eso no es incompatible con la igualdad de oportunidades y con la financiación pública o privada necesarias. En el caso de Asturias lo que me extraña es que no hubiesen llegado antes, teniendo muchos asturianos que ir a estudiar fuera.
-Hace unos meses en la Junta General hubo un intento de votar la cooficialidad del asturiano que fue tumbado por la derecha. ¿Se llegará a conseguir en algún momento?
-Estoy convencido de que es cuestión de tiempo y buen trabajo. Mayoría ya hay, aunque no la reforzada que exige nuestro Estatuto de Autonomía actual. Lo deseable es despolarizar el tema y conseguir un consenso. En todo caso, el desarrollo de la Ley de Uso tiene herramientas para avanzar en la normalización y en la recuperación de nuestras lenguas vernáculas. Tenemos lingüistas de máximo nivel y la Academia de la Llingua que han hecho una gran labor normalizadora. Tenemos creadores que la usan, está ampliamente en el sistema escolar, la quieren y la usan la mayoría de los asturianos…. Así que esto es cuestión de tiempo y de voluntad, sobre todo, de los hablantes. Los asturianos hay cosas, sobre todo sentimientos, que solo las podemos expresar en asturiano. Por qué seguir negándonos a nosotros mismos, si no es tan difícil.
-Ha realizado estancias en las universidades de Yale y Georgetown. ¿Cómo vivió el reciente ataque de Trump a estas instituciones?
-Inimaginable y doloroso. Aquella sociedad es otra cosa y siempre es un laboratorio. Tenemos que mirarla con respeto e inteligencia, escuchando a sus mejores intérpretes, porque nos pueden pasar cosas similares.
-¿Cómo surgió el Euskobarómetro?
-Gracias a la primera encuesta que me encargó en 1981 el ministro Rosón y a una iniciativa similar que ya había puesto en marcha mi maestro Juan Diez Nicolás en España con el apoyo del entonces Banco de Bilbao. Le propuse la idea a alguna autoridad y tuve la suerte de que me conectara Ignacio Sánchez Galán. Surgió por necesidad del momento y por una clara visión de la utilidad de nuestra aportación científica a la problemática que vivíamos. No me equivoqué.
-¿Qué desprenden las últimas encuestas? ¿Por qué momento pasa la sociedad vasca?
-La sociedad vasca posterrorista vive una auténtica encrucijada en la que casi todo es posible. Entre otras cosas, porque el “gratis total” del blanqueo y la simulación “moderada” de los herederos del terrorismo pueden dar lugar a mayorías y dinámicas nuevas. La tradicional hegemonía del PNV se ha ido erosionando seriamente hasta el punto de poder perder el poder. La inmigración, el bilingüismo, las infraestructuras, la crisis industrial, la inseguridad, la vivienda y la baja productividad, junto con una población envejecida plantean retos serios a una sociedad acostumbrada al bienestar y hasta la abundancia. Menos mal que cuentan con el colchón del concierto en cada provincia.
-En los últimos años se han puesto muy en duda el valor de las encuestas políticas. ¿Siguen teniendo el mismo valor que en sus inicios o también se han politizado?
-Siguen teniendo el mismo valor o mejor, porque las técnicas y las herramientas, unidas al conocimiento acumulado de la cultura y los comportamientos políticos, han mejorado y afinado. Otra cosa es el uso y las circunstancias de las mismas o, a veces, simplemente la comunicación. Una encuesta es para conocer mejor una realidad no para instrumentalizarla o utilizarla como un arma de propaganda o confrontación. Es absurdo y, además, eso es pan para hoy y hambre para mañana. Hay encuestas buenas y malas. Yo siempre defenderé la utilidad y la necesidad de las buenas.
-Usted declaró en la comisión de investigación sobre Tezanos. ¿Son fundadas las acusaciones de sesgo político que le achacan?
-El sesgo es indiscutible y está en las muestras. No se puede ocultar. Otra cosa son las estimaciones y, por tanto, como se trate ese sesgo. No me gusta lo que está pasando.
-Acaban de entregarse los Premios Princesa de Asturias. ¿Cómo ve el momento que vive la monarquía española?
-Hasta donde yo sé, diría que brillante y, en el caso de la heredera, expectante. El mayor problema lo tiene la institución con las tensiones y presiones que le puede jugar la dinámica autodestructiva de la polarización política. Pero, eso también es una oportunidad para la Corona por el papel moderador y las expectativas que genera.
-¿Está, como dicen muchos, en riesgo la democracia?
-Los politólogos siempre hemos advertido que en política nada se puede dar por ganado para siempre y nos hemos preocupado por la calidad, la cohesión y el conflicto en nuestras democracias. Llegado al nivel de madurez de nuestras democracias, los riesgos son serios, no solo para la democracia como sistema político, sino para las propias sociedades. Al fin y al cabo, la democracia es una forma de organización y regulación del pluralismo de una sociedad compleja. Así que, los experimentos con gaseosa.
-Como asturiano en la diáspora, ¿qué opina del desarrollo de Asturias en los últimos años?
-Me siento agraviado por el arrinconamiento periférico, la acumulación de problemas sin resolver, el retroceso multisectorial, el retraso en las infraestructuras, los déficits de planificación del futuro y los grandes retos que tenemos. Y en frente una élites acomodadas y poco ambiciosas, una población envejecida, una juventud con empuje e ideas, pero no suficientemente potenciada, y un autogobierno que se conforma con ser una “diputacionona” muy burocratizada y lenta. Nuestra vocación desde nuestros primeros invasores y, no digamos, con el gran Alfonso II es atlántica y en el Atlántico, primordialmente, está nuestro horizonte de futuro. Así que me sigue doliendo, como siempre, y me obliga al compromiso.
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