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Gabriela abandonó el caos de Venezuela y Juan dejó México para ver correr a sus hijos sin miedo: los descendientes retornados también son parte del vuelco demográfico de Asturias

Los protagonistas del sorprendente repunte de población de la región

A la izquierda, Gabriela Bracamonte y su novio, Maurizio di Venere, en Covadonga. A la derecha, Juan Daniel Abad, con su mujer, Margarita Guadalupe Robles, y sus hijos, Paula y Emilio, en Oviñana.

A la izquierda, Gabriela Bracamonte y su novio, Maurizio di Venere, en Covadonga. A la derecha, Juan Daniel Abad, con su mujer, Margarita Guadalupe Robles, y sus hijos, Paula y Emilio, en Oviñana. / | LNE

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Algunos hijos y nietos de emigrantes asturianos han cerrado el circulo regresando a la tierra de sus ancestros, convirtiéndose en una parte de los protagonistas del sorprendente repunte de población que está experimentando la región. Vienen buscando tranquilidad y oportunidades, pero la decisión de instalarse en la región de sus padres y abuelos tiene también algo de nostalgia. "Fui hasta seis veces a ver las casas donde mis abuelos pasaron su infancia en Villaviciosa y Cangas de Onís", asegura Gabriela Bracamonte Montoto, de 27 años, que dejó el caos de su Venezuela natal para instalarse en Gijón con su novio, Maurizio di Venere, de origen italiano.

Su familia tenía un "negocio gigante de ropa", pero "con la llegada de Chávez, y luego Maduro, la situación fue decayendo y tuvimos que cerrar los negocios. La gente necesitaba comprar comida antes que ropa", explica. En pandemia regresaron su abuela y su hermano, éste para poder completar sus estudios universitarios.

"Mis tíos y mis primos llevaban ya diez años en Gijón, tras marcharse por las mismas razones. La familia empezó a dispersarse. Y yo decidí venirme en 2024, con mi novio", relata.

En este año que lleva en Asturias, la adaptación no ha sido fácil. "Sí que me pegó bastante al principio, pero empecé a hacer amigos. Me costó, pero a esto yo lo llamo ya mi casa. Además, he ascendido en mi trabajo", comenta orgullosa.

Asturias le parece "un paraíso, espectacular, la gente me ha hecho sentir como en casa". En uno de sus seis viajes al oriente de la región, también aprovechó para visitar a la Santina y hacer gala de su asturianidad. La joven siempre ha tenido doble nacionalidad venezolana, por el ser el lugar donde nació, y española por sus abuelos.

La única sombra fue la de la vivienda. "Fue lo más difícil, porque todo lo que se ofrecía era temporal", añade. Su novio Maurizio también ha vivido un reencuentro con sus raíces viajando a la tierra de sus ancestros, la Apulia y los Abruzos. Gabriela asegura haber encontrado su segunda patria: "Llevo un año acá y no pienso marcharme".

Con sus dos hijos

Otros nuevos asturianos, que llevan instalados en Pravia seis meses, son los integrantes de la familia formada por Juan Daniel Abad, de 48 años; su mujer, Margarita Guadalupe Robles, y sus hijos, Paula (13) y Emilio (5). Decidieron dejar atrás la inseguridad de México DF e instalarse en la tierra de los ancestros de ambos, Asturias. Juan Daniel Abad es hijo de un asturiano de Purón (Llanes) que emigró a México como tantos otros de la localidad y que falleció en enero de 2019. Su abuela materna era de la localidad praviana de Villarigán. También corre sangre asturiana por las venas de Margarita Guadalupe: sus cuatro abuelos eran de Porrúa (Llanes) y emigraron a México.

Que Abad terminase en Asturias era cuestión de tiempo. "Desde pequeño, Asturias la tenía hasta en la sopa. Fui maestro gaitero durante doce años en el Centro Asturiano. Conocí Asturias cuando tenía ocho años y me enamoré. Venía algunos veranos y tenía muchos amigos. Me casé en 2008 con una descendiente de asturianos, y a ella también le llamaba Asturias. La luna de miel la pasamos en Asturias", relata.

Hace año y medio, decidieron comprar una vivienda en Pravia y al final optaron por venirse a vivir al Bajo Nalón, "por la inseguridad que vive México". Económicamente, asegura Juan Daniel Abad, México está mejor que España. "Tiene una economía más dinámica, pero la seguridad está mal", añade.

La decisión la tomaron un día, mientras caminaban por Pravia. "Vi cómo mis hijos corrían por el parque, tan tranquilos, sin temer nada, y decidimos que queríamos darles esa vida, que pudiesen ir caminando a los sitios. En México es imposible. Asturias es una paz en comparación con el caos que se vive en Ciudad de México. Aquí puedes dejar a tus hijos en el parque y sabes que no les va a pasar nada", cuenta Abad.

Cuando llegó a Asturias ya se había asegurado de tener un trabajo, que consiguió a través de otro mexicano de origen asturiano. Le esperaba un puesto en los restaurantes Chibiski (Oviedo, Gijón y Llane), una iniciativa del arquitecto y empresario astur-mexicano Marcelino Segura, cuya familia procede de Bobia de Onís, en el concejo de Onís.

Juan Daniel y su familia llevan seis meses en su añorada Asturias y tienen claro su futuro: "Aquí mis hijos tienen mayores posibilidades de estudiar y hacer una carrera. Mi idea es quedarme aquí para siempre y ya morirme de viejo".

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