Bruselas se abre ahora a revisar el veto que tiene en jaque la pesca de pincho
El comisario Kadis está dispuesto a atender la petición de España de suavizar la normativa si hay aval del ICES, con el objetivo de que entre en vigor durante 2026
Lara Graña Francisco l. jiménez
La adopción de una medida a cargo de la Administración siempre ha de ir de la mano de una evaluación previa: ¿realmente es necesaria?, ¿qué pretende conseguir?, ¿tendrá impacto sobre colectivos o el erario público? Solo así se garantizan principios como la idoneidad y la proporcionalidad. En el caso de una decisión con alcance socioeconómico y ambiental, esa evaluación previa debe ser triple al abarcar tres ámbitos: social, económico y medioambiental.
Pero cuando la Comisión Europea adoptó el acto de ejecución 2022/1614, en septiembre de 2022, no hizo ninguna evaluación. Decidió, sin ninguna información –como plasmaban sus propios informes internos y publicó este diario–, vetar la pesca de fondo en 87 áreas de aguas comunitarias, en un espacio superior a los 16.500 kilómetros cuadrados donde "existen o es posible que existan ecosistemas marinos vulnerables". No obstante, pese a asumir que desconocía qué efectos tiene el palangre en los fondos marinos –"se ignora su impacto"– o qué roto económico iba a causar en la flota – "no lo conocemos"–, Bruselas nunca quiso corregirse. Y tampoco, como prometió, hizo jamás la revisión anual de aquellas 87 áreas. Nada.
Eso sí, los efectos para la flota comunitaria de palangre –la que practica la pesca artesanal con anzuelo en Asturias denominada "de pincho"– han sido devastadores: barcos dados de baja en el censo (una veintena en la Cornisa), armadores que deciden aguantar pero pasando sus barcos a otras artes (en especial la volanta) y sobrexplotación de los caladeros disponibles al concentrarse en los mismos todo el esfuerzo pesquero, antes repartido en más áreas.
Así han ido las cosas hasta ahora, más de tres años después, que la cartera pesquera que ahora dirige Costas Kadis, comisario de Pesca y Océanos, está dispuesta a enmendarse. Según apuntó en un encuentro mantenido en Bruselas con el líder de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, Kadis propondrá una reforma legal para que el palangre, como arte fija, no tenga la consideración de aparejo de fondo y pueda volver a faenar en las zonas ahora vetadas. Esta es una demanda realizada expresamente por el ministro de Pesca, Luis Planas , este verano.
No está hecho todavía, pese a que Besteiro aseguró de inicio que Bruselas tenía "la decisión tomada" y que los palangreros quedarían "eximidos en 2026" de esa prohibición. Para nada. Antes de tomar ninguna decisión Kadis quiere disponer de un nuevo informe solicitado al ICES —siglas de International Council for the Exploration of the Sea o Consejo Internacional para la Exploración del Mar— que arroje luz, al fin, sobre este tipo de aparejo. Es un avance más que notable, teniendo en cuenta que su predecesor, Virginijus Sinkevicius, nunca se planteó esta opción y, más aún, insistió en todo momento en que no tenía obligación alguna de solicitar informes de impacto.
El peaje pagado
Ahora bien, sea cual sea el dictamen del ICES —las perspectivas son buenas en fuentes internas de la Comisión—, el destrozo ya está ahí. Desde la entrada en vigor del acto de ejecución una veintena de buques que operaban en Gran Sol y aguas nacionales afectadas por los vetos causaron baja en la flota española en búsqueda de caladeros donde poder trabajar en condiciones de rentabilidad.
El golpe ha sido mayúsculo ya. En sucesivos estudios oficiales los técnicos de Bruselas sí fueron evidenciando que la Comisión "subestimó" el golpe a la flota o que, frente a diagnósticos benévolos, un veto de estas dimensiones sería un golpe necesariamente "significativo". El Comité Científico, Técnico y Económico de la Pesca de la alta institución comunitaria, en abril del año pasado, advirtió, por ejemplo, lo siguiente: "No se analizaron en su totalidad los impactos sobre los buques artesanales de España, ni tampoco se completaron análisis del desplazamiento del esfuerzo pesquero". De nada sirvió, pues prevaleció la cabezonería ambientalista de la UE, que puso a la flota palangrera contra las cuerdas. La esperanza ahora es que el jaque no sea mate y se pueda seguir jugando la partida.
El antecedente. La Comisión vetó en 2022 la pesca de fondo en 87 áreas marinas comunitarias por motivos ambientales e incluyo al palangre ("pincho") en el paquete de artes prohibidas sin mediar informes justificativos al respecto. Un informe. La Comisión ha encomendado al ICES un análisis en particular sobre la huella del palangre en el fondo marino. Un objetivo. Que el palangre quede excluido de la categoría de pesca de fondo y pueda volver a faenar en las áreas vetadas en el año 2026.
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