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Quirós despide con tristeza a Maruja, de Casa Jamallo

Funeral por la cocinera Maruja, de Casa Jamallo (en el recuadro).

Funeral por la cocinera Maruja, de Casa Jamallo (en el recuadro). / Roberto F. Osorio

Roberto F. Osorio

Roberto F. Osorio

En una tarde desapacible con lluvia y frío, pero cargada de gran sentimiento y respeto, Quirós despide a la cocinera Maruja, la de Jamallo. Una figura emblemática de la cocina del concejo y del saber tradicional heredado de generaciones pasadas.

La iglesia parroquial de San Juliano de la capital quirosana tenía aforo completo, más de dos centenares de personas que compartían el dolor por la perdida y el agradecimiento a María Isabel Álvarez Falcón, que falleció con 92 años. El cura párroco, Miguel Coviella, enumeró los rasgos más sobresalientes de la finada como eran su buen carácter, su interés por ayudar a los más necesitados sin alardear, su buena mano en los fogones, pero también con las personas, "la buena madre" como sobrenombre para esta quirosana de la cual solo se tenían, entre los asistentes, buenas palabras.

Maruja, de casa Jamallo.

Maruja, de Casa Jamallo. / LNE

Nació Maruja en un pueblo minero, Santa Marina, donde en cada casa había un chigre o una tienda, donde los mineros laboraban en los lavaderos de un par de empresas y donde las aguas bajaban negras de carbón y de miseria. Diez hermanos conformaban la plantilla de la casa de Pepón y Erundina donde la futura cocinera se crio con estrecheces. Después trabajó de criada, o como decían antiguamente "sirviendo amo" en una casa de la capital quirosana.

En 1956 se casa con el quirosano Manolo Fernández, más conocido como "Jamallo", que negociaba con vinos y licores. En la década de los sesenta con el almacén de bebidas sin apenas actividad comienza Maruja a ofrecer comidas, los callos eran su especialidad, después aprende a preparar caldereta de cordero, una gran novedad para la época en un concejo ganadero y minero. Todo en su casa va en aumento, siete hijos, muchos comensales y un local con poco espacio. En los años ochenta se trasladan a la ubicación actual, en la carretera general, en la capital municipal, donde siguen en la actualidad. Seis décadas de actividad, tres generaciones gestionando un lugar emblemático, Casa Jamallo.

Además de esa gran visión de negocio, construido plato a plato con muchas horas de dedicación absoluta, Maruja crio a sus hijos, su marido murió en la década de los setenta del siglo pasado, demasiado pronto. Con una capacidad de superación y esfuerzo extraordinaria llegó a los noventa y dos años. Maruja era recordada por muchos vecinos, clientes y amigos como una persona desinteresada que ayudó en momentos de necesidad y que estaba "más preocupada por dar bien de comer que por cobrar". En 2016 el Ayuntamiento de Quirós le concedió la Medalla de oro del concejo por su gran labor poniendo en el mapa gastronómico al municipio.  Sus hijos y nietos, al frente del negocio, sabrán seguir su estela y conservarán su legado para el disfrute de los comensales.

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