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Annie Leibovitz, en su primera retrospectiva en España: "Reposo sobre los hombros de fotógrafos extraordinarios que vinieron antes de mí; tengo una enciclopedia en la cabeza"

La exposición que la Fundación Marta Ortega dedica en La Coruña a la ganadora del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2013 es un homenaje a la cultura pop que tan bien ha sabido retratar: el salvaje rock and roll de los 70, la moda, el star system y hasta la realeza, incluidos los Reyes de España en 2023

Annie Leibovitz, ante su retrato de Penélope Cruz, en el centro de arte de la Fundación MOP en La Coruña.

Annie Leibovitz, ante su retrato de Penélope Cruz, en el centro de arte de la Fundación MOP en La Coruña. / M. Dylon

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

La Coruña

Gloria Steinem dice que las fotografías de Annie Leibovitz son como esas pinturas que reflejan una época y al mismo tiempo le dan forma y que, indudablemente, con el paso de los años seguirán siendo una referencia de los años vibrantes que le han tocado vivir. La legendaria feminista, es una de las personalidades fotografiadas por Leibovitz a lo largo de sus casi sesenta años de actividad profesional y su retrato es uno de los que pueden contemplarse a partir de mañana y hasta el 1 de mayo de 2026 en el Centro MOP del Muelle de Batería de La Coruña. Esta, "Wonderland", es ya la sexta gran exposición de fotografía organizada por la Fundación Marta Ortega, la primera de una mujer -una circunstancia de la que Leibovitz reconoce sentirse “orgullosa”- y la primera en la que la propia artista presenta y explica su trabajo. Es, además, la primera gran retrospectiva de la fotógrafa en España.

En 2013, cuando recogió en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en su discurso, Leibovitz habló del “increíble poder” de la fotografía, de cómo ser fotógrafo es ante todo “una elección” y confesó que a ella esa pasión por mirar la consume, literalmente. “La fotografía siempre ha sido lo primero”, reconoció entonces y ha vuelto a hacerlo hoy, ante el panel que contiene su reportaje de la gira de los “Rolling Stones” en 1975: “Un trabajo obsesivo, me entregué, me vertí, está tan bien documentada que casi me mata, no sabía dónde me metía. No vi la luz del día en tres meses. Nunca solté la cámara, la cámara me salvó la vida”.

Las imágenes que Leibovitz ha ido acumulando desde que empezó a trabajar en la revista “Rolling Stones” a finales de los 60, contienen la historia de la cultura pop. Más aún: son cultura pop. Esta mañana estaba en La Coruña, frente a decenas de periodistas y cámaras. Esa mujer de presencia imponente, algo desmadejada por los años, llega mandando, disponiendo el espacio y organizando, animando a los fotógrafos que intentan atrapar sus gestos a que se suban a los bancos que hay en la sala, pese a las restricciones de la organización. “Yo lo haría”, admite. Camina entre sus fotos, va contando historias de aquí y allá, desordenadamente, divagando un poco, y con ella avanzan más de cincuenta años de rock and roll, star system y celebridades de toda clase y condición. Una mezcla extraña: está su camello en los años 70, una de las primeras fotos, casi a la entrada, poco más allá de las de la gira de los “Rolling” y están los Reyes de España, en una proyección de los retratos que les hizo en 2023 por encargo del Banco de España, en una sesión en la que encontró “al Rey más relajado, a la Reina algo más nerviosa y preocupada”.

La exposición, que lógicamente se debe a la fundación que la auspicia, está dedicada a la moda, pero Leibovitz dejó claro que ese negociado no era lo suyo: “Fue Anna Wintour quien tuvo esa visión de mí, yo no soy fotógrafa de moda”. Aprendió ojeando en el quiosco las revistas de moda, demasiado caras para ella por aquella época como para comprarlas. A la vista está que Wintour estuvo atinada y que su apuesta por Leibovitz dio frutos magistrales, en producciones como “Alice in Worderland” para “Vogue”, con la modelo Natalia Vodianova y los grandes popes de la moda del siglo XX y XXI.

La fortaleza de la fotografía como arte es indiscutible, según Leibovitz, pero lo que ella admira es el “fotoperiodismo”, el trabajo de jóvenes fotoperiodistas que a día de hoy están “haciendo historias que a mí me hacen llorar”. Lo suyo, al menos la gran parte de los que se presenta en La Coruña, se mueve entre “la moda y la comedia”, algo que también tiene su función: “Nos ayuda a sobrevivir en esta época tan difícil políticamente”.

En la exposición hay más que moda. Un par de fotos tomadas en Sarajevo, durante la guerra; las últimas de John Lennon, abrazado a Yoko Ono, tomada en la casa de la pareja unas horas antes de que él fuera asesinado. Fotos de Joan Didion, de Diane Keaton, de Salman Rusdhie; esta Melania Trump, embarazada y en bikini, con el cuerpo dorado, posando imponente en la escalera del jet privado de su marido, y Penélope Cruz, a la que quiso retratar en el lugar del que venía, en España, “bellísima” en todos los aspectos. Elon Musk, con un caso de astronauta. Patty Smith ante un muro de fuego. También fotos más íntimas: su pareja durante lustros, hasta su muerte, Susan Sontag o el interior de su casa.

Leibovitz emprendió el recorrido por la exposición con espíritu didáctico, no solo dispuso a los fotógrafos y les animó a acercarse a ella, a sentirse cómodos, en la medida que la concentración de medios de comunicación lo permitía, sino que les dio algún consejo sobre cómo afrontar su trabajo. “Me gusta devolverle algo a los fotógrafos jóvenes y de ahí parte esa exposición”, dijo, nada más llegar. “En una fotografía buena no quieres ver la cámara, quieres meterte en el imaginario que aparece ahí”, les dijo. “Me fijo en los artistas porque me gustan los procesos, como se hacen y se construyen las cosas”, contó, sobre sus referencias y su forma de trabajar, con mucha preparación y documentación previa. Para una serie para la revista “Life” sobre poetas contemporáneos, se leyó toda la poesía de los retratados, para que “la poesía se viera en la foto”. Para ella “todo el mundo es interesante, todo el mundo tiene algo, y me interesa; amo el retrato, me meto en cada fotografía intentando hacer lo mejor que puedo, intento comprenderles”.

Leibovitz asegura estar encantada con la edad que tiene, 76 años: “No se habla lo suficiente de lo maravilloso que es envejecer, te puedes relajar sabiendo que al final vas a detenerte, vas a ralentizar. Ahora sabes lo que estás haciendo”. “Reposo sobre los hombros de fotógrafos extraordinarios que vinieron antes de mí”, admitió. “Tengo una enciclopedia en mi cabeza, me encanta la historia y las historias” y, desde hace tiempo, admite, “me interesa la atemporalidad y hacer cosas que duren mucho tiempo”.  

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