José María García, jefe del servicio de hematología y hemoterapia del HUCA: "Es muy necesario que siga habiendo donantes altruistas de sangre y médula"
"En el HUCA tenemos abiertos más de 70 ensayos de tratamientos de nuestra especialidad, y pronto habrá una unidad de investigación que permitirá desarrollar más"

José María García Gala, delante del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). / FERNANDO RODRÍGUEZ
José María García Gala es el jefe del servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Nacido en Río de Janeiro, con 2 años de edad su familia se trasladó a vivir a Gijón. Estudió en el colegio de la Inmaculada gijonés y la carrera en Oviedo. Es vicepresidente de la Sociedad Española de Transfusión Sanguínea y Terapia Celular (SETS) y, desde el pasado mes de julio, miembro de la Comisión Nacional de su especialidad. El próximo 11 de diciembre, jueves, ingresará como miembro de número en la Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias con el discurso titulado "La transfusión en tiempos de la inteligencia artificial". Le dará contestación el catedrático de Cirugía Enrique Martínez Rodríguez. El acto se desarrollará en el Paraninfo del edificio histórico de la Universidad de Oviedo a las 19.00 horas.
¿Qué significa para usted el ingreso en la Real Academia de Medicina de Asturias?
En primer lugar, un honor y un privilegio. Por otra parte, implica también un reto y un compromiso con una institución de gran importancia en el ámbito de las ciencias médicas.
¿Cuándo y cómo decidió que quería ser médico?
Realmente no fue una vocación desde pequeño. De hecho, en mi familia no hay médicos ni tradición de profesiones relacionadas con la sanidad. Durante el BUP sí me sentía atraído por la biología, y en COU se añadió un componente de poder ayudar a la gente. Por todo ello, al final, opté por estudiar Medicina.
¿Cuáles han sido los principales hitos de su trayectoria?
Varios. Después de la residencia, comencé a trabajar en el servicio de Transfusión del HUCA, en aquel momento dirigido por la doctora Pilar Rodríguez Vicente. En esa época se desarrollaron, entre otros proyectos, el programa de aféresis de progenitores hematopoyéticos para transplante. En el periodo 2008-2010, estuve en el Centro Comunitario de Sangre, bajo la dirección del doctor Fernando San Román, y eso me aportó una visión completa de todo lo que es el proceso transfusional. En 2011, asumí la jefatura de sección de Transfusión del HUCA. También ha sido de gran importancia la pertenencia a grupos de trabajo como el CAT y JACIE, que me ha permitido conocer un gran número de hospitales y sus formas de trabajo. Otro punto importante es la pertenencia a la junta directiva de la Sociedad Española de Transfusión Sanguínea (SETS), donde he participado no sólo en la parte científica, sino en la organización de la medicina transfusional en España
¿A qué maestros guarda un especial agradecimiento?
Del colegio, a muchos. El profesor de Literatura de segundo de BUP nos enseñó a leer los libros con otros ojos. El profesor de Biología de primero de BUP me hizo descubrir esta materia y me puso en el camino de estudiar Medicina. De la Facultad tengo dos grandes recuerdos por la forma de dar clase: del profesor Ferrer y del profesor Enrique Martínez. Tengo la gran suerte y el honor de que el profesor Martínez haga el discurso de contestación de mi ingreso en la Academia.
Su campo de especialidad puede ser menos conocido que otros de la especialidad. ¿Cómo lo explicaría?
Dentro de la hematología, mi actividad profesional se ha centrado en la medicina transfusional, que se encarga del uso de los componentes de la sangre para que cada paciente disponga del componente que precisa, en el momento que lo precisa y de la forma más segura.
¿Y eso cómo se hace?
Parece muy sencillo, pero requiere varios requisitos. El primero, disponer de suficientes componentes. Es decir, que haya suficientes donantes de sangre, con todo lo que implica la captación y fidelización de los donantes. La medicina transfusional se ocupa no sólo de todas las pruebas que hay que hacer a los componentes para ser utilizados de forma segura, sino de los procedimientos para obtener los componentes de máxima calidad, así como de su almacenamiento y distribución. Además, se ocupa de la parte de la administración de los diferentes componentes y de valorar alternativas a la transfusión, cuando sea posible. En los últimos años, se han desarrollado programas de gestión de la sangre que buscan mejorar la atención de los pacientes en relación con las necesidades de componentes. La irrupción de la terapia celular ha significado un importante reto para la medicina transfusional ya que, al encargarse de la obtención de diferentes componentes sanguíneos, se encarga también de la obtención de nuevos productos, linfocitos, mediante aféresis para la producción de las nuevas terapias.
Los donantes de sangre escasean porque los jóvenes no acaban de tomar el relevo...
En junio de 2024 se aprobó un reglamento sobre sustancias de origen humano. En este reglamento se incluyen donantes no sólo de sangre, sino de otros componentes. Entre ellos, donantes de componentes utilizados para la producción de medicamentos de terapia celular, como los tratamientos CAR-T. Es importante recalcar la necesidad de que siga habiendo donantes: de sangre, de médula…. Y que esa donación deba ser altruista, voluntaria y no remunerada.
¿Cómo ha evolucionado la especialidad de hematología desde que usted llegó a ella?
Enormemente. Desde la relación con los pacientes, dándoles una mayor participación, hasta la parte de los nuevos tratamientos y la parte del diagnóstico. Hay muchos ejemplos. He sido testigo de cómo en los años 90 se introdujo el primer anticuerpo monoclonal (el anti-CD20) que cambió completamente el pronóstico de muchos linfomas. También fue pionera, a principios del siglo XXI, en la terapia dirigida con incorporación de medicamentos como el "Imatinib", por el que se pasó a tratar con una pastilla una enfermedad para la cual antes era necesario recurrir a un trasplante. Otros ejemplos son el desarrollo de la terapia celular o a la terapia génica en el ámbito del tratamiento de la hemofilia. Y lo mismo para el diagnóstico. A lo largo de este año, el diagnóstico ha ido incorporando técnicas, como citometría, biología molecular, secuenciación…, que ha permitido conocer mejor las enfermedades y poder mejorar el diagnóstico, ajustar los tratamientos y hacer un mejor seguimiento.
¿Qué porción del trabajo de la hematología se dedica al cáncer?
Aunque la hematología se dedica a enfermedades que no son cáncer, como anemias, trombopenias o hemofilia, el gran peso de la actividad en un hospital como el HUCA, más del 80 por ciento de nuestro trabajo, tiene relación con pacientes con cánceres hematológicos. Tanto en la parte de asistencia como en la parte de diagnóstico. Según los datos del REDECA, en Asturias se diagnosticarán en 2026 unos 800 casos de cáncer hematológico.
¿Qué avances considera más relevantes?
Por una parte, el desarrollo de tratamientos dirigidos y las terapias celulares y genéticas. Por otra, el avance en técnicas de diagnóstico de sensibilidad y especificidad crecientes. Y, tercero, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial tanto para el diagnóstico como en el seguimiento de los pacientes
¿Qué puede deparar el futuro a corto y medio plazo en materia de tratamientos?
La terapia génica en algunos tipos de hemofilia ya es una realidad, con un paciente tratado en España. Luego está la mejora de los tratamientos de terapia celular con el desarrollo de nuevos productos más eficaces y la posibilidad que haya productos de terapia celular procedentes de donantes y no de pacientes, lo que facilitaría la disponibilidad. Y, como tercer elemento, el desarrollo de medicamentos más específicos. En resumidas cuentas, el desarrollo de la medicina personalizada.
¿Cuándo llegarán los esperados tratamientos de inmunoterapia y CAR-T para el cáncer diseñados en Asturias?
Cualquier paciente de Asturias que precise un tratamiento CAR-T lo recibirá. Podemos administrar todos los tratamientos CAR-T de laboratorio actualmente aprobados. Además, tenemos un ensayo, junto con otros hospitales de España, para el uso de un CAR-T académico. Y, en el caso de que un paciente precise un producto que esté en un ensayo que no tuviésemos en el HUCA, se le facilitaría dicha opción.
¿Y el desarrollo en Asturias?
Respecto a producir CAR-T en Asturias, se está trabajando en la acreditación de la sala de producción. Es un procedimiento complejo y exigente, por lo que los plazos son difíciles de establecer. Pero, además del CAR-T, existen otros medicamentos de terapias avanzadas. De hecho, en el HUCA tenemos un ensayo para el tratamiento de úlceras de difícil cicatrización con un medicamento de terapias avanzadas. Necesitamos una estrategia para el desarrollo de este tipo de terapias en Asturias.
¿Cómo podría Asturias posicionarse en la vanguardia de la investigación y los tratamientos de la especialidad?
Estamos en una buena posición y tenemos una buena infraestructura. Dentro de poco, habrá una unidad de investigación clínica que va a permitir desarrollar más ensayos clínicos. Actualmente tenemos abiertos más de 70 ensayos, por lo que estamos en una buena posición para continuar mejorando. Podemos seguir avanzando en el trabajo conjunto con equipos multidisciplinares y con objetivos comunes. Uno de los puntos importantes es la consolidación del personal. Tenemos gente joven y formada a las que hemos de ofrecer contratos largos y estables. Y hemos de tener en cuenta que, en un hospital como el HUCA, deben desarrollarse áreas muy específicas que requieran una alta especialización de personal tanto médico como de enfermería. Sólo es posible posicionarse en la vanguardia con personal formado. No es posible si hay cambios constantes en el personal.
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