ArcelorMittal, el gigante del acero con pies de barro en España: un exhaustivo análisis sobre el futuro de la compañía en Asturias
La compañía mantiene buenas perspectivas globales, pero está dispuesta a recortar capacidad productiva en Europa si no hay una respuesta política rápida a los altos costes energéticos y ambientales, y a la competencia china

ArcelorMittal, el gigante del acero con pies de barro en España / LNE
El recién inaugurado puente ferroviario de Chenab, en el estado indio de Jammu y Cachemira, puede presumir de ser el paso elevado en arco más alto del mundo. Tiene 359 metros sobre el lecho del río. Su estructura metálica es mucho más alta que la torre Eiffel de París.
A más de 6.000 kilómetros del paso de Chenab, en la ciudad de Weil Am Rhein, en el suroccidente de Alemania, también se ha inaugurado recientemente "Doshi Retreat", una intervención escultórica sobre el paisaje que es obra póstuma del arquitecto Balkrishna Doshi, premio "Pritzker" en 2018. La obra forma parte del Campus Vitra, que alberga edificios de Frank Gehry, Zaha Hadid, Tadao Ando y Herzog & de Meuron. Una colección de firmas arquitectónicas de renombre.
El puente Chenab y el "Doshi Retreat" tienen un pesado y resistente vínculo. Para materializarlos se utilizó acero fabricado por ArcelorMittal en España. En concreto, los raíles de cabeza endurecida que permiten el tráfico de trenes sobre el río Chenab fueron diseñados en el centro de I+D de ArcelorMittal en Avilés y fabricados en el tren de carril de la compañía en Gijón, de donde han salido los raíles de casi todas las líneas de alta velocidad que vertebran España. Por su parte, los muros y formas sugerentes de "Doshi Retreat" fueron fabricados en el tren de chapa gruesa de ArcelorMittal en Gijón, donde también se produce la chapa con la que se construyen en Francia los gigantescos barcos de crucero de la compañía estadounidense Royal Caribbean (ciudades flotantes con capacidad para más de 6.000 pasajeros) o los aerogeneradores marinos con los que la multinacional española Iberdola está conquistando vientos por todo el mundo.
España tiene peso en el mapa productivo del gigante mundial de la siderurgia ArcelorMittal. Es indiscutible. Pero existen más que dudas sobre si podrá mantener ese peso en el medio plazo, porque a día de hoy la compañía en España es un gigante con pies de barro.
A nivel global, las cifras de ArcelorMittal invitan al optimismo. La semana pasada la multinacional presentó sus resultados hasta septiembre. Ganó 2.590 millones de euros, lo que supone un incremento del 72% con respecto a los nueve primeros meses de 2024. "A pesar de la compleja coyuntura de los mercados y la persistencia de los efectos adversos derivados de las medidas arancelarias, observamos indicios de estabilización y vemos con optimismo las perspectivas para nuestras actividades en el año 2026", señala Aditya Mittal, CEO de ArcelorMittal e hijo del presidente de la multinacional, el indio Lakshmi Mittal.
La compañía considera que, a través de su red mundial de instalaciones de producción, está "excepcionalmente bien posicionada" para aprovechar el crecimiento de la demanda de acero previsto a medio y largo plazo para la transición a nuevas energías y nuevos sistemas de movilidad, para el desarrollo y la modernización de infraestructuras y para la expansión de la industria de la defensa.
Sin embargo, ese optimismo va por barrios. Es significativo que las actuales grandes inversiones de la multinacional tengan el punto de mira lejos de Europa, en países como India, Brasil o Estados Unidos. "Estamos centrando nuestras inversiones estratégicas en mercados con bajos costes y alto valor añadido", destaca Aditya Mittal. En esos bajos costes influye la mano de obra, pero sobre todo el precio de la energía (de ahí la apuesta por Estados Unidos) o los costes medioambientales.
Según el Joint Research Center de la Comisión Europea, los costes de producción de acero en la UE pueden superar hasta en un 20% los de sus principales competidores. "El acero europeo no es competitivo", reconoció durante su última estancia en España Stéphane Séjourné, vicepresidente de la Comisión Europea. De hecho, la UE es la única región siderúrgica importante que está experimentando una disminución de la capacidad de producción.
El precio de la energía (que para la gran industria española es más alto que el que paga la francesa o la alemana, según los barómetros que publica periódicamente la patronal de las empresas electrointensivas AEGE) es un factor importante en esa pérdida de peso, al igual que los costes medioambientales. "La regulación de la Unión Europea en materia de derechos de emisión de CO2 es cada vez más restrictiva, lo que implica una reducción progresiva en la asignación de derechos gratuitos de emisión y, en consecuencia, un coste cada vez mayor para adquirir estos derechos en el mercado. Este sobrecoste, al que no tienen que hacer frente los países extracomunitarios productores de acero, supone el 25% de nuestro coste de producción", explica el francés Philippe Meyran, CEO de ArcelorMittal España, en el último informe de sostenibilidad de la compañía.
Las importaciones
El coste de producción aumenta, la demanda interior de acero es débil (debido a las dificultades que atraviesan grandes clientes como las industrias europeas del automóvil o de los electrodomésticos) y al mismo tiempo hay una creciente entrada en Europa de acero subsidiado por China y producido sin cumplir los estándares europeos. "Actualmente un tercio del acero que se consume en Europa y el 40% del que se consume en España es producido fuera de la Unión Europea", apunta Meyran.
Ante este escenario, ArcelorMittal ha tomado medidas de calado. En primer lugar, ha paralizado sus principales inversiones en descarbonización en Europa, incluida la planta de reducción directa de mineral de hierro con hidrógeno verde prevista para sustituir a uno de los dos hornos altos de Gijón, un proyecto que cuenta con una ayuda europea de 450 millones de euros y que fue concebido para abastecer de materia prima libre de emisiones a la acería eléctrica de Sestao y a la que se construye actualmente en Gijón y que se libró por poco del parón inversor en Europa.
En segundo lugar, la multinacional ha anunciado, y ya está negociando con los representantes de los trabajadores, el traslado a India, y en menor medida a Polonia, de servicios de apoyo a las plantas de producción de la UE (departamentos como recursos humanos, compras, atención al cliente, finanzas, tecnologías de la información…) para reducir costes.
Y en tercer lugar ha intensificado la presión sobre los estados de la UE en los que tiene presencia y sobre las instituciones europeas (sobre todo a través de la patronal Eurofer) para que den una respuesta política que se traduzca en protección para el acero europeo y ganancia en competitividad para su industria. Es un pulso en el que la compañía ya ha puesto sobre la mesa el peligro de deslocalizaciones.
La Comisión Europea de la reelegida Ursula von der Leyen anunció, entre sus primeras medidas, el lanzamiento de un plan de acción para el acero y los materiales, y el pasado mes planteó un endurecimiento de las medidas comerciales sobre el acero que pasa por una reducción del 47% de la cuota de importaciones libres de aranceles, gravámenes de hasta el 50% para el resto y medidas de trazabilidad para evitar la entrada de importaciones a través de terceros países.
El planteamiento de la Comisión, que deberá ser ratificado por el Europarlamento y el Consejo, ha sido celebrado con cautela por ArcelorMittal. "Una vez aprobadas, las medidas contribuirán a reforzar la capacidad de la industria siderúrgica para mejorar el índice de utilización de sus capacidades de producción, mejorar la rentabilidad e invertir con confianza en el futuro. Confiamos en la rápida aprobación y aplicación de la propuesta, así como en que se lleven a cabo favorables revisiones del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono", señala Aditya Mittal refiriéndose, en última instancia, al "arancel" medioambiental para penalizar a las importaciones de acero "sucio".
En sus declaraciones, Mittal vuelve a hablar de inversiones en Europa, aunque de momento sin ninguna concreción. Que se lleven a cabo es vital para garantizar el futuro de la compañía en España, donde tiene más de 8.800 trabajadores, repartidos en 14 centros de distribución, una centro global de i+D y once plantas industriales en Madrid, País Vasco, Navarra, Aragón, Comunidad Valenciana y Asturias, donde tiene 5.000 trabajadores y donde su actividad es una de las vigas maestras que sustentan la economía de esta región.
La última de España
ArcelorMittal posee en Asturias la última siderurgia integral horno alto de España, con instalaciones heredadas de las antiguas Ensidesa de Avilés y Uninsa de Gijón, nacida esta última, a su vez, de la unión de las entonces obsoletas siderurgias de Duro Felguera, Fábrica de Mieres y la Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara. Es siderurgia integral porque allí se realizan todas las etapas del proceso de fabricación del acero a partir del mineral de hierro. Desde los sínter y las baterías de coque que preparan la materia prima que alimenta a los hornos altos, hasta los talleres acabadores de productos de acero largos (alambrón y carril) o planos (principalmente bobina, chapa gruesa, galvanizado, hojalata y acero anticorrosión Magnelis, que se utiliza, por ejemplo, para las estructuras de los parques solares). De Asturias sale más del 70% de la producción de la multinacional en España (5,1 millones de toneladas en 2024) y en sus plantas se fabrican semielaborados para las fábricas de productos siderúrgicos de ArcelorMittal en Sagunto (Valencia), especializada en acero para automóvil, Lesaka (Navarra) y Etxebarri (Vizcaya).
Sin inversiones, el futuro de la siderurgia integral de Asturias con sus actuales dimensiones tiene los días contados.
Antes de que acabe el año, uno de los dos sínter de Gijón donde se compacta el mineral de hierro, el "B", dejará de funcionar al no cumplir ya los requerimientos ambientales. Y uno de los dos hornos altos de Gijón, el "A", está a punto de agotar su vida útil y la multinacional no tiene previsto invertir en prolongarla dados los planes de la UE de reducción de emisiones. Ese horno alto iba a ser sustituido por la planta de reducción directa de mineral de hierro (sistema DRI) con hidrógeno verde prevista para Gijón dentro de una inversión de más de 1.000 millones de euros que incluía también otras dos actuaciones de descarbonización. Por un lado, el horno híbrido de arco eléctrico alimentado con energía renovable que se construye en la acería de Gijón con una inversión de 213 millones de euros y que iba a consumir chatarra y los prerreducidos de hierro fabricados en la planta DRI. Y por otro lado mejoras en la acería compacta de Sestao (Vizcaya) para convertirla en la primera planta de la multinacional con cero emisiones de CO2 al utilizar materia prima sin emisiones. Sin embargo, la paralización de las grandes inversiones en descarbonización en Europa ha dejado en suspenso la planta DRI y con ello el futuro de la siderurgia integral.
"Aunque en el primer trimestre del año entre en servicio el horno eléctrico de Gijón (que abastecerá de acero a los talleres de productos largos), con un solo horno alto, el “B”, cuya vida útil finaliza entre 2028 y 2030, no habrá arrabio suficiente para mantener la capacidad de producción de la acería de Avilés (que abastece a los talleres de productos planos), lo que se traducirá en recortes de actividad aguas abajo y con ello de empleo", augura José Manuel Castro, secretario general intercentros de CC OO en ArcelorMittal. Además, el nuevo horno eléctrico de Gijón (con procesos automatizados que conllevan la amortización de 70 empleos) tendrá menos capacidad de producción que la actual acería de productos largos y los planes que maneja la compañía en España para sustituir la acería de Avilés por otro horno eléctrico para productos planos no han obtenido, de momento, el visto bueno de la multinacional en Luxemburgo, donde tiene su sede global.
Sin la planta DRI, los prerreducidos de mineral de hierro que consumirá el horno eléctrico de Gijón y la acería compacta de Sestao serán importados. De hecho, según señaló recientemente la presidenta de la Autoridad Portuaria de Gijón, Nieves Roqueñí, el puerto de El Musel ya está preparando instalaciones para la recepción de los prerreducidos, que necesitan una logística especial.
Una parte del proceso siderúrgico, el inicial, dejará de hacerse en España y en la UE, puesto que los planes de la compañía pasan por fabricar los prerreducidos en plantas DRI que se están ampliando en Estados Unidos y proyectando en Brasil. Eso significará pérdida de autonomía en un material crítico como es el acero, muy vinculado a sectores como los de la defensa o la energía. Y, además, esa pérdida se producirá en un momento en el que, más que nunca, en la UE se habla de soberanía industrial estratégica por las tensiones geopolíticas y la creciente dependencia del gigante chino con pies de acero.

Instalaciones de ArceloMittal en Gijón / Pablo Solares
La compañía, en máximos en Bolsa de los últimos 13 años
Las acciones de ArcelorMittal cotizan en los mercados bursátiles de Nueva York, Ámsterdam, París, Bruselas, Luxemburgo y en las bolsas españolas de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao. Con la presentación de sus resultados trimestrales el jueves de la semana pasada, ArcelorMittal registró ese día la mayor subida del Ibex 35 con un alza del 3,97%. El precio de la acción de la compañía ronda estos días los 34 euros, con una fuerte subida de más del 40% con respecto a hace un año en un clima de incertidumbre por los efectos de la guerra arancelaria, que afecta de lleno al sector del acero.
ArcelorMittal había conseguido en octubre un buen empujón en Bolsa con la propuesta de medidas comerciales de la Comisión Europea, pero un informe de Goldman Sachs, en el que empeoraba su consejo de compra, enfrió la escalada. La firma de análisis considera que la compañía, en niveles que no se veían desde mayo de 2012, ha tocado techo al ya estar incluido en el valor de los títulos los motores de crecimiento a medio plazo (con los proyectos de ampliación de actividad siderúrgica en India y Estados Unidos, y en las minas de mineral de hierro de Liberia) así como la exposición a la recuperación en Europa.
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