Cesár Iglesias publica "Lo que queda a la espalda" que se presenta hoy en el Club LA NUEVA ESPAÑA: "De Silva y los suyos sacaron la espada del autonomismo del provincianismo rancio"
Sin el deber de memoria se ampliará el número de jóvenes que consideran que con la dictadura criminal de Franco se vivía mejor

César Iglesias, ayer, en su domicilio ovetense. / Luisma Murias

El Club LA NUEVA ESPAÑA acoge hoy, a las 19.30 horas, la presentación de "Lo que queda a la espalda" (Trea), las memorias dialogadas del expresidente regional Pedro de Silva con el periodista César Iglesias, que en esta entrevista aporta más claves para entender este trabajo monumental sobre el último medio siglo de la historia de Asturias.
En el prólogo habla de una "orfandad generacional" y de un cierto "síndrome de Comala" como punto de partida. ¿Qué carencia de maestros le empujó a ir a buscar a Pedro de Silva?
Los nacidos a partir de los sesenta somos una generación de espectadores y el protagonismo les tocó asumirlo a nuestros mayores, tanto social, política como culturalmente. En mi caso agravado: el oficio del periodista es, antes que nada, el de oyente y observador. Si hablo de orfandad, de ese ir a la Comala de Juan Rulfo "porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo", no es porque no tuviésemos maestros terrenales, sino porque su legado ha sido sepultado por ese "eterno presente" que lamentaba el historiador Eric Hobsbawn, una maldición que nos hace vivir en la dictadura del presentismo. Hay muchos nombres relevantes, pero voy a citar uno: Juan Cueto Alas, que se nos fue hace siete años, ¿cómo es posible que su legado intelectual, asturiano pero universal, "glocal", como decía, ni siquiera esté en las estanterías de las librerías? Se da un caso curioso: Cueto procede por rama materna de Clarín y Pedro de Silva, de Jovellanos: en ambos se materializa una genealogía ilustrada que da continuidad a esa singular tradición astur. Si acudo a De Silva es porque está mentalmente vivo, es memorioso y su relato se puedo contrastar.
¿Por qué le planteó una biografía dialogada en lugar de un estudio clásico?
Las memorias dialogadas es un género milenario que permite poner en practica las tres cualidades del animal racional: la memoria, el diálogo y la reflexión. Y Pedro es un gran nadador en estas aguas. En este libro hay muchos acontecimientos, también anécdotas, semblanzas de muchas personas y ensayismo dialogado. Es la narración de una vida desmesuradamente vivida, que se transmuta en una biografía de todos nosotros.
De Silva cuenta que le dio libertad total para preguntarle "cualquier cosa" y que a veces se "fajaban en discusiones". ¿Hasta qué punto esa confianza y esa confrontación han moldeado el tono del libro?
Cuando concluyes una entrevista siempre llegas al teclado con una lamentación: ¡coño, se me olvido preguntar esto o aquello! No hubo que cruzar fronteras incómodas porque firmamos una especie de tratado de Schengen que eliminó todas las lindes. Le pregunté por todo lo que quise y él respondió a todo, aunque a veces me frustré porque no era la respuesta que buscaba.
Pedro de Silva dijo que la "evaporación de la historia" puede acabar siendo la evaporación de la propia democracia. ¿En qué sentido cree que estas conversaciones son también un acto político contra la desmemoria?
Lo son porque se interroga políticamente pero sobre todo porque el protagonista es ejemplo de homo politicus: activista con propuestas elaboradas y que las llevó a cabo cuando tocó gobierno. Este es un libro insumiso, porque lo es el personaje, pero también lo es porque se rebela contra la amnesia social y la patología del eterno presente. Hay que reivindicar el "deber de memoria" que acuñó Primo Levi, un superviviente del Holocausto: sin ese ejercicio de recordar se ampliará el número de jóvenes que consideran que con la dictadura criminal de Franco se vivía mejor.
Buena parte del libro está atravesada por lugares muy concretos: El Pisón, Somió, los túmulos del monte Deva, la Peña de los Cuatro Jueces, la Laboral… ¿Es también "Lo que queda a la espalda" una geografía emocional de Asturias?
No he examinado las cartillas escolares de Pedro de Silva, pero estoy convencido de que sacó buenas notas en ambas disciplinas. Cuando da ese titular de la "evaporación de la historia" acierta por lo que nos pasa en el planeta, pero también por la cancelación de la pequeña historia asturiana. Ha acuñado un concepto brillante, la "ecuación heroica", donde pone sobre la mesa que la gran fortaleza de Asturias es su historia y sus historias y que ese es el grial de la asturianidad. Él sigue pateando Asturias física e intelectualmente. Uno de sus trabajos de mayor altura es ese puñado de ensayos desperdigados y secretos donde escruta la naturaleza poderosa de la región, donde ejecuta su materialismo mágico.
¿Qué Pedro de Silva hay en estas páginas: el político, el escritor, el ensayista…? ¿Hay algún Pedro que haya preferido dejar fuera?
Deliberadamente, ninguno. Incluso se habla del Pedro deportista, su religión politeísta y de práctica diaria. Aquí están todos los Pedro de Silva posibles y hay muchos. "Tantas veces Pedro" es el título de una novela de Alfredo Bryce Echenique que si no existiese hubiese sido muy adecuado para este libro. Pero que quede claro: el Pedro político es subsidiario del Pedro intelectual: el pensar precede al hacer. Me enerva que se le presente solo como político, cuando su activismo creativo y ensayístico, principalmente este último, le convierte en una figura imprescindible cuando alguien se atreva a hacer el canon de la cultura asturiana.
En el libro reaparecen viejas ideas de De Silva sobre la Región —con mayúscula—, la autonomía como "ente de razón" y un asturianismo entre el regionalismo duro y el nacionalismo blando. ¿La Asturias actual ha estado a la altura de aquel proyecto o lo ha desandado?
Pedro de Silva, además de ser autor de un vademécum asturianista de más de 800 páginas, logró que nuestro Estatuto de Autonomía no tuviese votos en contra a la vez que inauguraba la vía de la llamada "autonomía plena diferida" a la que se sumaron otras 12 comunidades. Además fue el primer presidente asturiano elegido por sufragio universal y durante sus ocho años aplicó sus propuestas para construir la Asturias autónoma: "Hacer Región", decía con mayúsculas. El problema es que después de él solo hubo alcaldones y presidentes de una diputacionona, no había en ellos un latido asturiano, lo que es también legítimo. El único que declara seguir su estela es Barbón y en algunos casos lo hace, pero timoratamente. Pedro de Silva y su generación fueron los "arturos" que lograron sacar la Excalibur del autonomismo astur de la piedrona del provincianismo rancio y de los localismos tribales.
Después de dos años y medio de trabajo, ¿vislumbra relevo generacional para ese tipo de figuras?
Hay una brillante generación de ensayistas e historiadores que están haciendo un trabajo innovador y situando a una Asturias sin paredes como sujeto y objeto de su reflexión que refuta con fuerza a tanto voceador del españolismo madrileñista. Pero no identifico en estos momentos figuras que armonicen el pensar con el ejercicio de la política. A lo mejor no hace falta: si asumimos el importante legado intelectual del reformismo asturianista, desde Jovellanos hasta ahora, hay material suficiente para que los nuevos príncipes cumplan con la ciudadanía.
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