Antonio A. Márquez, maestro de Educación Especial, visitó Oviedo: "Sacar a un niño con necesidades del aula acaba generando exclusión social"
"En los colegios se sigue funcionando por etiquetas a los alumnos: según cuál lleves, caes mejor o peor", asegura el experto en pedagogía

Antonio A. Márquez, en Oviedo. | / .

Antonio A. Márquez, docente, formador y especialista en inclusión educativa, alertó en unas jornadas de la Facultad de Educación y Formación del Profesorado de que el sistema sigue operando "bajo un modelo de integración encubierta y no de verdadera inclusión". Asegura que las mayores barreras no están en los recursos, sino en la mentalidad de la comunidad educativa. Y advierte de un preocupante retroceso con el auge de aulas específicas y prácticas que justifican amablemente la exclusión.
¿Siguen existiendo dudas entre inclusión e integración?
Las dudas se van disipando, al menos en lo teórico. Cada vez se insiste más en la educación inclusiva, aunque una cosa es la definición y otra lo que sucede en las aulas. Decimos que somos inclusivos, pero seguimos con un modelo de integración. La inclusión implica que todos los niños del aula son considerados iguales, sin etiquetas, sin sentir que "hacemos un favor" al alumno con discapacidad por permitirle estar en clase. Y esa visión aún no está plenamente incorporada: seguimos caminando hacia ella.
¿Existe un trasfondo paternalista hacia este alumnado?
Sí, bastante. Y depende mucho del tipo de discapacidad. El paternalismo o capacitismo se asocia, por ejemplo, a niños con síndrome de Down o parálisis cerebral. Sin embargo, olvidamos que los alumnos con problemas de conducta también tienen dificultades de aprendizaje o necesidades educativas especiales, y hacia ellos no existe ese sentimiento de acogida. Más bien parece que sobran. Seguimos funcionando por etiquetas: según cuál lleves, caes mejor o peor. Esa es la diferencia.
¿Cuáles son las barreras que impiden una inclusión real?
Hay muchas. En el aula encontramos barreras curriculares, derivadas de un currículo rígido, diseñado para el alumno estándar: el que va bien, saca buenas notas y no requiere adaptaciones. Luego están las barreras organizativas: se concibe el apoyo como algo dirigido al niño con dificultad, no al grupo clase. Pero, sobre todo, las mayores barreras son las mentales. La comunidad educativa sigue viendo la discapacidad como un problema, con reticencias a acercarse o acoger a estos alumnos. En ocasiones incluso se les evita.
¿Qué es el DUA?
El Diseño Universal para el Aprendizaje pone el foco en las barreras. Detectarlas y eliminarlas para que todos los alumnos puedan participar. No se limita a facilitar audios o vídeos: también abarca barreras afectivas, socioemocionales, de relaciones entre compañeros, de funciones ejecutivas… El DUA no es una respuesta para un alumno concreto: es una forma de diseñar el currículum para que todos puedan aprender.
¿Se está aplicando desde las administraciones?
Lo positivo es que ahora existe normativa. Antes casi había que implorar para aplicar el DUA; hoy es una obligación. Pero falta algo esencial: formación. La normativa se implantó sin un proceso previo de transformación, sin pilotajes. Deberíamos fomentar más experiencias de referencia que sirvan de guía a otros centros.
Algunos profesores dicen que esta forma de trabajo una carga extra.
Es cierto que exige más trabajo. Sobre todo si hasta ahora el diseño didáctico se delegaba en el libro de texto. El DUA te pide programar, crear actividades abiertas. Cuesta salir de la zona de confort. Pero cada vez hay menos excusas: la tecnología facilita mucho este enfoque, y la inteligencia artificial lo hará aún más. Las "malas noticias" para quienes dicen que es mucho trabajo es que ahora lo tendrán más fácil y, por tanto, tendrán que hacerlo.
¿Por qué empezó usted a aplicar otros modelos en el aula?
Trabajé doce años con niños ciegos en la ONCE, y allí comprobé que era posible que los alumnos estuvieran dentro del aula ordinaria, con recursos y apoyos adecuados. Me pregunté: si funciona con ellos, ¿por qué no con otros niños? Cuando fui itinerante, algunos centros se prestaron a experimentar con estrategias DUA. Otros no. Estamos hablando de hace diez años, cuando nadie sabía lo que era el DUA. Las buenas experiencias me impulsaron a seguir formándome y formando a otros.
¿Debe apostarse siempre por mantener al alumnado dentro del aula?
En mi opinión, sí. La mayoría de intervenciones pueden hacerse en el aula ordinaria. Hay casos excepcionales que requieren trabajos muy específicos, pero deberían ser eso: excepciones. El problema es que hoy justificamos la salida del aula como norma. Y esa exclusión acaba generando exclusión social. Podemos enseñar a un niño a hacer "2+2", pero si deja de ir a los cumpleaños o de relacionarse, el coste es demasiado alto.
¿Las barreras económicas influyen?
Los recursos son importantes, pero no suficientes. Más recursos no significan más inclusión: muchas veces significan más apoyo y más niños saliendo del aula. Si los recursos no cambian el modelo, solo refuerzan lo que ya se hacía mal. El cambio real es mental.
¿Han aumentado los niños con necesidades educativas?
Creo que lo que ha aumentado son los diagnósticos. Hay más herramientas, más recursos para detectar dificultades. Eso puede ser positivo… o no. Un diagnóstico puede convertirse en una etiqueta y ser causa de exclusión. En Aula Desigual, donde trabajo, tratamos de minimizar esa visión categorizadora: no se trata de etiquetar, sino de entender que todos son alumnos con derecho pleno a aprender.
¿Cómo imaginas la escuela inclusiva dentro de diez años?
Ojalá mejor que hoy. Hace diez años era optimista. Hoy, no tanto. Estamos viviendo un retroceso: más aulas específicas, más centros de educación especial, más justificación de la segregación "por su bien". Y eso se vende como atención personalizada, cuando en realidad es exclusión amable. Se protege a quienes "van bien". Veo el futuro complicado, aunque deseo que cambie. Estos congresos ayudan, pero la polarización actual está afectando a los más vulnerables.
En Asturias cada vez se están haciendo más aulas abiertos para niños TEA.
Ese es el problema: hacemos cosas específicas, con recursos específicos, para alumnos específicos… porque en el fondo nos incomodan en el aula. Justificamos con amabilidad la exclusión, lo cual la hace más difícil de combatir. Se destina dinero y recursos para "atenderlos mejor", y luego parece que no podamos decir que el modelo no funciona. Pero sigue siendo exclusión. Y, a largo plazo, una especie de "muerte social" del niño.
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