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Diego Fernández, el nuevo cocinero asturiano en el universo Michelin, de vuelta en Tox (Navia): “La primera estrella tardó 14 años en llegar, la segunda lo hará antes”

"Mi vida no va a cambiar, ni hacer nada que no hiciera antes; toca cocinar desde el minuto uno", asegura el chef

Diego Fernández aterriza en Asturias con la primera estrella Michelín para su restaurante Regueiro: "Estamos en un buen momento, la segunda llegará pronto"

VIDEO: Amor Domínguez / FOTO: Luisma Murias

Mariola Riera

Mariola Riera

Aeropuerto de Asturias

Dice Diego Fernández que su restaurante Regueiro está en la pequeña aldea de Tox, en Navia, pero que bien podría estar en Singapur o en cualquier gran ciudad del mundo. Dice también que sus maestros asturianos –los Manzano y los Morán fundamentalmente– le han enseñado mucho en la cocina y en la visión empresarial, pero que también le inspiran esos viajes que hace cada año a India, Tailandia, México de los que surgen sus platos fusión con producto de aquí y de allá.

Y para rematar dice convencido, con seguridad y determinación, que han sido 14 años los que ha esperado por la estrella Michelin, pero que la segunda va a tardar mucho menos en llegar. Porque llegará.

"Seguramente va a venir antes, porque me siento muy bien físicamente y mentalmente, que es importante, y también tenemos equipo y estructura. El restaurante está capacitado para ir a más. Esta distinción llega en un buen momento, con el trabajo hecho, ahora toca seguir en ello a tope", asegura el cocinero a LA NUEVA ESPAÑA nada más aterrizar del avión que la ha traído de Málaga, donde la noche del martes se celebró la gala Michelin para presentar la edición de la guía culinaria de 2026.

En la misma figura como novedad Regueiro –ya estaba entre los recomendados– con una de esas estrellas que codician los cocineros de todo el planeta. Con la de Fernández, el universo gastronómico asturiano ha ganado más brillo que nunca: son 14 distinciones las que se reparten 12 restaurantes, todos con una salvo Casa Marcial, que luce tres desde hace un año.

Con la misma rotundidad que el cocinero dice que aspira a la segunda estrella más pronto que tarde afirma también que haberla conseguido no va a cambiar ni condicionar nada del trabajo que hacen en Regueiro, donde capitanea un equipo que ronda la veintena de integrantes. Su sumiller, Eduardo Hernández, y su hermana Ana –que le ayuda ocasionalmente– le acompañaron a la gala a Málaga, además de su amigo y colega Elio Fernández, que cocina a un puñado de kilómetros de Tox, en la pequeña Ortiguera (Coaña), donde luce desde 2023 luce una estrella Michelin en Ferpel Gastronómico.

Ana Fernández pone la chaquetilla de chef Michelin a su hermano Diego, en el aeropuerto de Asturias, recién llegados de Málaga.

Ana Fernández pone la chaquetilla de chef Michelin a su hermano Diego, en el aeropuerto de Asturias, recién llegados de Málaga. / Luisma Murias

Lo primero, cocinar

"Mi vida no va cambiar. Mañana –por este jueves– toca cocinar desde el minuto uno", asegura Diego Fernández. "No voy a hacer nada que no hiciera antes, sino que lo que haré es ponerme a cocinar otra vez con los chicos. Y listo. Esto va a pasar, serán unos días en los que estemos eufóricos, pero realmente lo que haremos es seguir evolucionando, cocinando, trabajando, avanzando. La estrella no cambiará mi forma de ser, sino que me va a empujar a seguir en la misma línea de hasta ahora".

De Málaga se ha traído a Asturias buenos recuerdos y ha llegado "súper contento". Aunque admite que lo pasó mal pocos segundos antes de oir el nombre de Regueiro por boca del presentador, Jesús Vázquez, pues de los 25 nuevos con una estrella el asturiano fue nombrado el antepenúltimo. "La verdad que estaba con la mosca porque se acaba la lista y una vez que te invitan a ir pues esperas algo, aunque nunca está nada seguro. La verdad que luego pasa todo muy rápido, subes al escenario y yo ahí me acordé de los chicos del equipo, de mis padres, de mis amigos... A todos les ha hecho mucha ilusión, hubo fiesta y celebración en casa la noche del martes", explica.

Desde las nueve de la mañana de este jueves Diego Fernández y su equipo –que están inmersos en un proyecto nuevo en Gijón del que prefiere no avanzar mucho– tendrán encendidos los fogones de Regueiro para los primeros comensales que reservaron ya hace tiempo sin saber que comerían en un estrella Michelin. No sabe qué pudo haber convencido a los exigentes inspectores para incluirle en la nómina de los estrellados, en cuyas quinielas llevaba mucho tiempo, aunque el suyo "no es exactamente un restaurante prototipo" Michelin. "Es una guía muy cerrada, muy clandestina, no tengo muchas pistas. Pero bueno, Regueiro es muy singular, muy genuino, en Asturias no hay uno igual, y en España podría decir que tampoco", opina.

Diego y Ana Fernández, y Eduardo Hernández.

Diego y Ana Fernández, y Eduardo Hernández. / Luisma Murias

Parte de esa singularidad es su ubicación, el pequeño Tox: "Choca encontrar algo así allí. Pero es que ahora el restaurante está muy bien. Llegas y ves esa casa negra, esos neones, entras y está todo oscuro, te envuelve una atmósfera especial, y para rematar esa cocina que cierra el círculo. La gente entra por la puerta y dice ‘guau, qué es esto’".

Inconformista

Todo eso le llena de orgullo, no lo oculta, porque está donde siempre ha querido estar. "Soy una persona muy competitiva, muy inconformista y es que creo mucho en lo que hacemos, creo en mí mismo. Y ahí está Regueiro, al que la gente va a comer curris, moles... Y va de forma muy intensa. Algo que llama la atención, estando donde está ubicado. Y entonces es cuando descubres que realmente no hay fronteras ni límites. Yo soy una persona que tengo las ideas muy claras. Regueiro es lo que quería y estoy convencido de que esto no va a parar aquí".

Oído cocina.

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