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El crecimiento de la población de la zona rural asturiana se topa con un muro: la fuga de mujeres jóvenes

El desequilibrio en favor de los hombres en franjas de edad laboral claves para la formación de una familia alcanza a una treintena de concejos

Población rural

Población rural / LNE

Oviedo

La población de Asturias ha pegado un "estirón" gracias a la fuerte llegada de inmigrantes. Sin embargo, la región sigue arrastrando un grave problema de despoblación en casi todos los concejos rurales, que se agrava por un desequilibrio de género que hipoteca aún más el futuro de estas zonas. Una treintena de concejos cuenta actualmente con más hombres que mujeres, situación que se acentúa en las franjas de edad laboral, lo que evidencia las dificultades que estos territorios tienen para fijar habitantes y revertir esta tendencia negativa.

Especialmente sangrantes son los casos de Somiedo y Quirós. Ambos municipios presentan una diferencia de casi doscientos habitantes entre hombres y mujeres. Centrado en franjas en edad laboral, entre los 25, cuando suelen acabarse los estudios, hasta los 59 años, cerca ya la jubilación, esta desigualdad es muy notable. Frente a los 272 hombres que residen en el concejo de Quirós, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), solo hay 199 mujeres.

Otro ejemplo es Amieva, donde residen 333 hombres frente a 258 mujeres, lo que supone una diferencia del casi el 30 por ciento. Poniendo el foco en franjas de edad laboral, el municipio cuenta con 111 hombres por solo 82 mujeres.

Este fenómeno es común en áreas con economías ligadas al sector primario. Otro caso: Boal. Al analizar las franjas de edad clave para la formación de la familia (de 25 a 44 años) emerge una brecha significativa. En este grupo de edad residen 150 hombres y solo 72 mujeres. Esta desproporción, con más de dos hombres por cada mujer, deja patente un patrón de emigración femenina mucho más acentuado. Es decir, las mujeres jóvenes abandonan mucho más el concejo en busca de oportunidades y crecimiento profesional.

La fuga de mujeres jóvenes en edad no solo de impulsar su propio proyecto laboral, lo que reforzaría el tejido económico de estos territorios, sino de formar su propia familia limita el crecimiento de estos municipios asturianos, que vienen desde hace años reclamando medidas que atraigan población y fomenten arraigo.

Precisamente, lograr que la población femenina decida mantenerse en las zonas rurales, o trasladarse a vivir a ellas, es uno de los retos que el Principado quiere abordar con el nuevo Estatuto de las Mujeres Rurales, que actualmente esta en tramitación parlamentaria. El objetivo de este documento es "combatir las desigualdades, la discriminación y la violencia de género fuera del ámbito urbano", dando respuesta "a la necesidad histórica de reconocer, difundir y dignificar la función esencial de las mujeres en el ámbito rural".

En esta línea, muchas de las actuación se centrarán en la creación de empresas de economía social, el trabajo autónomo femenino y la profesionalización de actividades tradicionales y artesanales. Además, se impulsará la titularidad compartida de explotaciones agrarias para garantizar la igualdad de acceso a los recursos.

En el lado contrario del espectro están las ciudades. En Oviedo, por ejemplo, el número de mujeres supera el de hombres en más de 16.000, seguido muy de cerca de Gijón, donde la diferencia se establece en 15.925. A más distancia se encuentra Avilés.

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