Pablo Mayoral, juzgado en uno de los últimos consejos de guerra del franquismo: "No éramos terroristas, éramos resistentes"
El exmiembro del FRAP reivindica a los últimos fusilados de Franco y las muertes de Vitoria y la Semana Negra de Madrid para dar "una idea más real de la Transición"

Pablo Mayoral, con el volumen «27 de septiembre 1975». | IRMA COLLÍN

Pablo Mayoral, miembro del PCE (m-l) y el FRAP, sobrevivió hace medio siglo a uno de los cuatro últimos consejos de guerra del franquismo, de los que salieron cinco ejecuciones. Mayoral ha participado en el volumen "25 de septiembre 1975" (Garaje), que alude a la fecha de los fusilamientos, y que ha presentado en Avilés y Gijón. Mayoral reivindica le memoria de aquellos militantes: "No éramos terroristas, éramos resistentes".
¿Le ha dolido rememorar?
Es algo que no se olvida nunca por lo que fue, lo que significó, pero sí, el libro me está suponiendo recordar aquello como si fuera ayer.
Le pedían la pena de muerte.
En el consejo de guerra estábamos cinco compañeros y dictaron tres penas de muerte. A mí me condenaron a 30 años, y a otro compañero a 25. Pero a Humberto Baena, a Ramón García Sanz y a José Luis Sánchez Bravo los fusilaron el 27 de septiembre de 1975. Fueron cuatro los consejos de guerra aquel año, se dictaron 13 penas de muerte y se cumplieron cinco. El mayor de los consejos duró cuatro horas. No hubo ninguna garantía.
Todo preparado.
Estaban programados por la propia dictadura, que quería dar un escarmiento a la movilización ya generalizada que había contra el régimen. El primer consejo de guerra fue el 28 de agosto, el nuestro el 11 de septiembre, luego hubo otro el 17 de septiembre y otro en Barcelona el 19 de septiembre. Y el 27, se ejecutaron cinco de esas sentencias de muerte, en apenas veinte días
Sufrió detención y torturas.
Fueron decenas los detenidos del PCE (m-l) y del FRAP. Estábamos en la cárcel más de sesenta. Estuvimos ocho días en la Dirección General de Seguridad (DGS), cuando lo preceptivo era tres días, sometidos a todo tipo de torturas y con una declaración policial ya casi estructurada.
¿Qué le hicieron?
De entrada, palizas de todos los integrantes de la Brigada Político-Social de Roberto Conesa, quien dirigía todas las acciones. A mí no me tocó "Billy el niño", estaba de vacaciones. También intentaron lincharme los agentes de la Policía Armada que custodiaba el complejo. En uno de los traslados desde las celdas bajas, me tuvieron en el patio bastante rato. Un grupo me rodeó, empezaron a decirme que yo había matado a un policía y a golpearme. Me rescató la propia Brigada Político-Social, que yo creo que me habían dejado allí a posta. Ni siquiera hubo registro de entrada, para tenernos allí más tiempo del estipulado por su propia ley.
¿Era consciente del riesgo?
Ahora es inimaginable, pero nosotros vivíamos esa cotidianeidad. En cualquier momento, por repartir octavillas, por asistir a una manifestación, podían pegarnos cuatro tiros o detenernos y torturarnos. Lo teníamos asumido. A un camarada nuestro en Reus le hicieron beber ácido sulfúrico. Estamos hablando de una dictadura muy cruel.
Ahora se califica al FRAP de organización terrorista.
En realidad, quien era terrorista era la dictadura que había surgido de un golpe de Estado fascista, y que ejerció el terror y utilizó métodos terroristas todo el tiempo. En el verano de 1975 nos detuvieron, nos torturaron, nos pidieron la pena de muerte, nos la impusieron y la ejercieron. Éramos estudiantes, trabajadores, enfermeras. El Gobierno acaba de reconocer a Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz. Fueron perseguidos, juzgados sin garantías y ejecutados. Nosotros nos considerábamos resistentes .
Usted formaba parte del aparato de propaganda.
Yo era el responsable de varios aparatos clandestinos de propaganda que teníamos en Madrid.
¿Cometió acciones de sangre?
No. Nosotros no, pero asumíamos la militancia en una organización que había efectuado varios ataques contra policías. En ningún momento reconocimos ninguno de los hechos de los que se nos acusaba, todo basado en declaraciones de la propia policía, sin pruebas. A la defensa no le dejaron presentar pruebas. Les daba lo mismo dar una apariencia de legalidad.
Les dio lo mismo a pesar de todo el rechazo internacional.
Los fusilamientos tuvieron una repercusión enorme. Al final se rompieron las relaciones con la CEE, México pidió la expulsión de la dictadura de la ONU, hubo 18 embajadores que fueron reclamados como el primer paso para el rompimiento de relaciones, se quemaron embajadas y consulados. Todo eso dio lugar a que el régimen, el 1 de octubre, hiciera aquel aquelarre fascista en la Plaza de Oriente. Fue el último discurso de Franco, quien llegó a decir aquello de que ‘el lío que se ha armado en Europa, si a ellos les envilece, a nosotros nos enorgullece’. Yo creo que ese acto, aparte de una afirmación fascista, porque todos estaban allí, 40.000 o 50.000, y el rey Juan Carlos y la reina Sofía, que entonces eran príncipes, en realidad fue el principio del fin de la dictadura. Franco entró en coma a los 10 días. Por lo menos conseguimos que saliera al balcón y que le diera una pulmonía.
Forma parte de un colectivo de olvidados de la Transición.
Yo he formado parte de la Comuna de Presos Antifranquistas, y hemos puesto en marcha el colectivo por los Olvidados de la Transición porque entendíamos que la presencia, el testimonio y la actividad de la gente que mataron en la Transición era muy importante. Estamos viendo ahora cómo las hermanas de Caparrós han exigido los papeles del asesinato de su hermano y eso ha sido una conmoción. Estamos trabajando en el 50 aniversario de los asesinatos de Vitoria y de la Semana Negra de Madrid. Yo creo que eso daría una idea más real de lo que fue la Transición.
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