Marta Friera, primera catedrática de Historia del Derecho en Asturias: "La Universidad camina hacia la primacía de su función económica"
La jurista ovetense lamenta la "crisis" del actual modelo investigador, basado en criterios de mercado, durante la emocionante exposición de méritos con la que accedió a la máxima dignidad académica

Marta Friera, durante la exposición de sus méritos para la cátedra de Historia del Derecho, en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo. | IRMA COLLÍN

Marta Friera Álvarez (Oviedo, 1975) es, desde ayer, catedrática de Historia del Derecho de la Universidad de Oviedo, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar esa cátedra en la institución académica asturiana, con una exposición de méritos emocionante, en la que, a la vez que se reivindicaba para el puesto, defendió el legado de quienes la precedieron y los valores de la comunidad universitaria, de sus maestros y sus compañeros. Quedó claro que a lo largo de sus 31 años dedicados al derecho -y de ellos, 27 a la docencia y la investigación en Historia del Derecho– Marta Friera ha desarrollado una exuberante actividad académica, investigadora y docente; que se ha entregado con generosidad a la colaboración con otras instituciones, en un ejercicio de transferencia de conocimiento, y, cuando se la ha requerido para ello, a la gestión universitaria: contribuyó directamente a la renovación del plan de estudios de la Facultad de Derecho como vicedecana y, más recientemente, desde la Vicesecretaría General de la Universidad, a la de los estatutos de institución.
"Mi vocación profesional es la docencia. Soy feliz en clase, con los estudiantes, y lamento la falta tiempo de dedicación a estos por lo absorbente y lo intensa que es la investigación", confesó Friera durante su exposición en el Aula Magna de la antigua Facultad de Derecho, ante el tribunal de cátedra. "Docencia e investigación están para mí en la misma jerarquía de importancia", dijo, y ahí recordó a su padre, Florencio Friera, fallecido el pasado mes de julio: "Fue primero maestro de escuela, luego profesor de instituto y finalmente profesor de Universidad, y la mayor parte de su vida la pasó investigando", y, continuó, "de lo que me habló en sus últimos días a mi lado fue de sus clases y del recuerdo de algunos de sus alumnos". Friera también tuvo muy presente ayer a su maestro, Santos Coronas, y a María José Villa Robledo, la profesora que se lo presentó.
La carrera universitaria de Marta Friera no podía haber empezado de forma más prometedora. Se licenció en 1997, con dos premios fin de carrera al mejor expediente de su promoción y al mejor en las asignaturas de Derecho Privado. El primero lleva el nombre de Fermín Canella, que fue rector de la Universidad de Oviedo; el segundo, el del jurista Miguel Traviesas. Ayer, desde el principio, la presentación de su memoria de méritos estuvo salpicada de anotaciones históricas. Recordó, aquí y allá, a otros catedráticos de Derecho en la Universidad española, de épocas muy distantes, y con ellos, en un juego de comparaciones, fue hilando sus propios merecimientos y algunos hitos vitales: sus cuatro años de tesis, sus dos de investigación becada en Madrid, la larga espera por una plaza docente, su reincorporación en 2006 a la Universidad de Oviedo, más de 3.500 horas de clase, 54 publicaciones, sus tres hijos.
En su defensa, Marta Friera hizo hueco a la reflexión y la crítica interna. Habló del actual modelo de Universidad, "en crisis, pienso, y que, parece, camina hacia la primacía de su función económica, de modo que los profesores serían trabajadores de una empresa y los estudiantes clientes"; en el que "la actividad investigadora está sometida a principios de producción, eficiencia y competitividad". Ella misma se sintió víctima, reconoció, de esta forma de entender el mundo académico y llegó a considerar que había descuidado la investigación durante unos años, que coincidieron con el nacimiento y la crianza de sus hijos. Un error de percepción por su parte, como sus compañeros le hicieron entender y ella comprendió con el tiempo.
Marta Friera habló de su forma de entender la vida académica. "Nunca me ha gustado competir", admitió. "Pero sí compartir y participar activamente en la comunidad universitaria, a la que me siento profundamente unida". Y aunque entre sus "virtudes", se excusó, "no está la del liderazgo", alguno de los miembros del tribunal de cátedra declaró, en vista de su competencia, estar dispuesto a seguirla en todo lo que emprendiera.
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