Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Bolgues, el palacio encantado de Las Regueras donde era feliz Jorge Martínez: allí le llegó la vocación y siempre fue su refugio reparador

El cantante de "Ilegales" tenía en este espacio el lugar donde disfrutó de una infancia luminosa

Bolgues, el palacio encantado de Las Regueras donde era feliz Jorge Martínez: allí le llegó la vocación y siempre fue su refugio reparador
Tino Pertierra

Tino Pertierra

Oviedo

Qué mañana la de aquel día de primavera de 1993. Jorge Martínez en estado puro y juguetón en su paraíso privado del palacio rural de Bolgues (Las Regueras, 1540). Recorría sus dominios como un gran príncipe entre patos tropicales, vacas, gansos, gallinas y palomas mensajeras. No era difícil imaginar al niño Jorge (niño que nunca se fue del todo) corriendo alrededor de la ermita, atravesando lo que habían sido unas caballerizas, subiendo al galope las escaleras que conducían a un esplendoroso prado custodiado por un magnolio y un columpio. Jorge mostraba con orgullo el lagar donde dormitaba la que podría ser la mayor prensa de España entre botellas vacías, estufas y equipos musicales bajo una luz lívida. Madera seca de seiscientos años. Ahí ensayaba "Ilegales": "Tiene una acústica acojonante". Pasillos. Escaleras. Puertas. Puertas. Puertas. Una biblioteca de libros prisioneros del tiempo. Una terraza en la que esparcía vaqueros, indios, vikingos… ‘¡Avanzaaaa una de lanceroooos!’. Aquello era la de Dios, todos a gatas. Tenía una colección de sapos. Un día mi padre los soltó. Vaya disgusto. Fue el día que más lloré en mi vida". En ese palacio le cazó la vocación: "Verano del 68, con la radio puesta constantemente. Me acuerdo perfectamente del hit parade. ‘Hostias’, me dije, ‘esto es lo que a mí me gusta’. Un año después conseguí mi primera guitarra".

Bolgues, el palacio encantado donde era feliz Jorge Martínez

Jorge Martínez con Alberto Toyos durante una entrevista radiofónica en 1992. / .

"Aquí no hay noche, ¿sabes? Puedo concentrarme en componer, en escribir. Es el lugar con el que me siento más… donde tengo más raíces. Ya puedo venir molido, que me pongo como una moto. Además, quizá sea donde me encuentro con el fantasma de mí mismo". Qué nervios, Jorge, hay una gran batalla en el paraíso: ¡a la carga, lanceros...!

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents