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El "San Quintín" vuelve a Asturias desde Eslovaquia "con la satisfacción del deber cumplido": "Ahora a casa a disfrutar de ellos"

Besos y lágrimas en el reencuentro con sus familias de los últimos 74 soldados que regresan de la misión de la OTAN

Lágrimas, abrazos y gaitas: así fue la emotiva llegada al aeropuerto  de los últimos soldados de Eslovaquia al aeropuerto de Asturias

Miki López /Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Los últimos 74 soldados del Batallón "San Quintín" (uno de los dos del Regimiento "Príncipe") que aún quedaban en Eslovaquia regresaron en la tarde de este miércoles a Asturias y se reencontraron entre lágrimas con sus familiares, que les esperaban con impaciencia en el Aeropuerto de Santiago del Monte.

Los soldados, que regresaron con su jefe de batallón, el teniente coronel Óscar Muñoz Arcos, fueron recibidos por el coronel Andrés González Alvarado, jefe de la BRILAT, y el coronel José Miguel Garcés Menduiña, nuevo jefe del Regimiento "Príncipe" y comandante militar de Asturias, así como por el teniente coronel Fernando García de Béjar, jefe de la Plana Mayor. La unidad asturiana ha sido relevada en Eslovaquia por el Tercio "Juan de Austria" de la Legión, que será el núcleo de la misión disuasoria en el flanco este de la OTAN y será sustituido el próximo junio por el Tercio "Alejandro Farnesio", con base en Ronda (Málaga).

Ambiente en la llegada de los soldados.

Ambiente en la llegada de los soldados. / Miki López

Nada más salir del área de llegadas, el soldado ovetense David Alonso se fundió en un abrazo con su abuela Engracia Fernández y su novia Katia Díaz. Las dos decían sentirse felices. Todos reconocieron que la separación se les había hecho larga. Alonso resumió su estado de ánimo: "No se puede pedir más que volver por Navidad y con la satisfacción del deber cumplido".

El capitán Entrialgo con sus hijas Irene y Sofía y su mujer Saida Suárez.

El capitán Entrialgo con sus hijas Irene y Sofía y su mujer Saida Suárez. / Miki López

Al capitán Entrialgo, de Pola de Laviana, le esperaba su mujer, Saida Suárez y sus dos hijas, Irene y Sofía, que se abrazaron a su padre con todas sus fuerzas, porque a pesar de las llamadas por Whatsapp, lo habían echado mucho de menos. "Se ha hecho muy largo, pero hemos cumplido con la misión, que requirió mucho trabajo. Afortunadamente había nueva cobertura", dijo el capitán. Su plan para esta Navidad es simple: "Disfrutar de estar juntos". Aunque sus hijas le pusieron una tarea urgente y de la mayor importancia: "Tenemos que montar el belén".

Los coroneles Garcés y Alvarado.

Los coroneles Garcés y Alvarado. / Luis Vega

El subteniente avilesino Luis Ángel Calvo se fundió en un abrazo con su mujer, sus hijas y sus dos nietos. "La misión bien, como siempre", aseguró. Y es que ésta era la quinta a la que se enfrentaba. "Es la última", comentó, mirando a su mujer, Elena Martín, quien admitió que estas ausencias de seis meses "son muy duras, la soledad en el día a día pesa bastante, pero ya está entre nosotros".

Una mujer llama a su marido.

Una mujer llama a su marido. / Miki López

El sargento primero Bruno Bermúdez, coruñés, aunque lleva destinado 18 años en el "Príncipe", se reencontró con su mujer Raquel Fernández y su hijita de dos años, Lola. "Estuvimos dos veces en Eslovaquia", indicó su esposa. El motivo no fue otro que su marido estuvo siete meses de misión, en concreto 204 días, como remarcó el sargento primero. "La niña no le extrañó, porque hoy en días las comunicaciones permiten conectar a diario", señalaron.

El sargento primero Bruno Bermúdez con su mujer Raquel Ferrnández y su hija Lola.

El sargento primero Bruno Bermúdez con su mujer Raquel Ferrnández y su hija Lola. / Miki López

Quien no pudo evitar las lágrimas fue Dailo Díaz, un militar canario destinado en el Acuartelamiento de la BRILAT en Figueirido (Pontevedra). Tras aterrizar en Asturias, aún le quedaba un buen trayecto hasta su casa en Galicia. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando al salir del área de llegadas se dio de bruces con su mujer Jésica y sus dos hijos, Alberto y Valentina. Ninguno de ellos podía dejar de llorar, incluido el curtido militar. "Yo no esperaba verlos hasta las once, ha sido una gran sorpresa", dijo Díaz. "Les hacía ilusión a los niños. Viajamos cinco horas, dormimos en Gijón, y ahora nos quedan otras cinco horas de vuelta a Pontevedra", dijo su mujer. "Ha sido muy duro, especialmente con dos niños pequeños, pero había videollamadas, el Whatsapp", confesó la mujer. Ahora el plan es más trabajo: "Tenemos que reformar la casa".

El sargento primero César Daniel Cuervo con su mujer Blanca Antón y su hija Valeria.

El sargento primero César Daniel Cuervo con su mujer Blanca Antón y su hija Valeria. / Miki López

El sargento primero avilesino Cesar Daniel Cuervo se reencontró con su mujer, Blanca Antón, sus hijos Valeria y Héctor y su madre María Dolores. La de Eslovaquia ha sido su cuarta misión. "Hubo trabajo, pero nada comparado a lo que viví en Afganistán, Líbano y Mali. Creo que va a ser la última, no me dejan", dijo, mirando a su mujer, que movía la cabeza negativamente. "Ha sido como unas maniobras largas, y tampoco nos tocó mucho frío", confesó. Estar separado de la familia fue lo peor, pero afortunadamente "el teléfono funciona". Su plan para las próximas semanas es "ir a casa y disfrutar de ellos".

Más reencuentros en el Aeropuerto de Asturias.

Más reencuentros en el Aeropuerto de Asturias. / Miki López

La soldado Macarena Pozo, de Salinas, se encontró con un recibimiento multitudinario por parte de sus amigos, sus padres y los padres de su pareja, que además se fue también de misión a Eslovaquia con ella. No podía estar más satisfecha: "Fue mi primera misión, se me ha pasado rapidísimo. Es una experiencia única, por supuesto que iré a la próxima misión".

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