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Entrevista

Fernando López, especialista en Otorrino del HUCA: "La meritocracia es esencial porque garantiza la igualdad de oportunidades"

"A los jóvenes les diría que mantengan siempre la curiosidad, la honestidad, el compromiso y la pasión; la medicina exige mucho esfuerzo y renuncias, pero también ofrece una satisfacción única"

Fernando López Álvarez, otorrino del HUCA.

Fernando López Álvarez, otorrino del HUCA. / Mario Canteli / LNE

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Oviedo

Fernando López Álvarez (Oviedo, 1981) es el ganador de la tercera edición del Premio Salud de LA NUEVA ESPAÑA en la categoría de Proyección. Especialista en Otorrinolaringología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), es también profesor titular de la Universidad de Oviedo y vicedecano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud. En el momento actual, figura entre los diez otorrinos de España con mayor índice H de investigación. Asimismo, está situado en la élite mundial de expertos en carcinomas nasosinusales, tumores malignos de la cavidad nasal y los senos paranasales. Pertenece, como miembro correspondiente, a la Real Academia de Medicina y Cirugía de Asturias.

¿Qué significa para usted esta distinción?

Recibir este premio es un verdadero honor y un reconocimiento al esfuerzo y la perseverancia. Agradezco sinceramente a LA NUEVA ESPAÑA y al jurado su apoyo. Representa el reconocimiento de años de trabajo, de la colaboración con grandes compañeros, de su confianza en mí y del compromiso con la clínica, la investigación y la docencia. Tiene, además, un valor muy especial, porque mi familia puede ver en él una forma de devolverles la confianza y el apoyo que siempre me han brindado. Este reconocimiento me anima a seguir contribuyendo a la ciencia y a la formación de nuevas generaciones de médicos.

¿Por qué eligió la especialidad de otorrino?

La elegí casi por azar. Durante el tercer curso de la carrera, en unas prácticas, coincidí con la doctora Vanessa Suárez, entonces residente de Otorrino, quien me invitó a conocer el servicio. Allí descubrí un equipo excepcional, apasionado y comprometido, liderado por el profesor Carlos Suárez Nieto. Su ejemplo y la excelencia de su trabajo me cautivaron desde el primer momento. Aquella experiencia fue decisiva, y desde entonces nunca me he arrepentido de haber elegido esta especialidad.

¿Es una especialidad subestimada o poco conocida?

Sí, la otorrinolaringología es una especialidad poco conocida, en parte porque se asocia solo a problemas simples como otitis o tapones de cera. Sin embargo, es una disciplina médico-quirúrgica muy amplia que abarca desde la audición y la voz, hasta la cirugía oncológica y de base de cráneo, e incluso la cirugía plástica facial. La ausencia de la palabra "cirugía" en su nombre limita su visibilidad. De hecho, en países como Estados Unidos se denomina "otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello", lo que refleja mejor su verdadero alcance. Nos corresponde a nosotros, los especialistas, difundir el valor y las posibilidades de nuestra especialidad, y mostrar su papel clave en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades complejas que afectan funciones esenciales, como la respiración, la deglución o la comunicación.

¿En qué momento decidió simultanear asistencia, investigación y docencia?

Creo que desde el primer momento. El profesor Suárez ha dado al servicio de Otorrino un carácter único y una auténtica marca de calidad. Es un servicio donde la docencia ocupa un lugar central, con tres catedráticos, un profesor titular y varios asociados. La investigación es un rasgo distintivo, con un grupo situado en la vanguardia que lo convierte en un referente, y la atención clínica trata de desarrollarse con un nivel de excelencia. El carácter del servicio favorece que, desde el inicio de la residencia, todos nos impliquemos plenamente en la asistencia, la docencia y la investigación.

¿Cómo se organiza para compatibilizar las tres facetas?

El secreto está en la dedicación constante, en echar muchas horas y en una buena organización. Es cierto que hay que renunciar a algunas cosas para poder compaginarlo todo y sacar adelante los proyectos en los que me embarco. No sé si es lo más recomendable, pero lo cierto es que nunca desconecto del todo. Me cuesta decir que no, por sentido de responsabilidad y compromiso: cuando alguien confía en mí, siento la obligación de responder con el mismo nivel de entrega. En mi opinión, para intentar llegar a la excelencia médica, en pro del beneficio de los pacientes, cultivar las tres facetas es fundamental.

¿A qué tipo de asistencia e investigación se dedica con más intensidad?

Mi labor asistencial e investigadora se centra en la oncología de cabeza y cuello y, en la actualidad, presido el Comité Multidisciplinar de Tumores de Cabeza y Cuello del HUCA, integrado por profesionales de diversas especialidades. Además, participo en la docencia de los residentes como tutor, algo que me estimula a transmitir mis inquietudes y conocimientos. Al igual que yo tuve y tengo grandes referentes, poder aportar una parte de mi inquietud, disciplina y experiencia a las nuevas generaciones es una de las mayores recompensas. Finalmente, desempeño también tareas de gestión como vicedecano de la Facultad de Medica y vicesecretario general de la SEORL-CCC. Todo ello hace que la jornada parezca no tener fin, pero realmente merece la pena.

¿Qué puestos ocupa en el ranking de esas actividades?

Más que destacar un puesto personal, prefiero hablar del equipo, sin el cual nada sería posible. Formo parte de un grupo asistencial y de investigación en la vanguardia, lo que me ha permitido estar entre los diez otorrinos con mayor índice H del país y posicionarme en clasificaciones como el World Top 2% Scientists 2025 o Expertscape. En el ámbito clínico, el Servicio de Otorrino, dirigido por el profesor José Luis Llorente, se sitúa entre los diez primeros del país según los últimos indicadores, algo especialmente meritorio para una provincia periférica. En el terreno de la investigación, nuestro laboratorio, bajo la dirección del profesor Juan Pablo Rodrigo, es un referente nacional en investigación básica en cabeza y cuello. Todos los integrantes del servicio y del laboratorio, de los cuales he aprendido y sigo aprendiendo, son fundamentales y comparten un mismo objetivo: la excelencia.

¿Cuál es la impacto sanitario y social de su trabajo?

Los tumores de fosas nasales, senos paranasales, boca, faringe o laringe son poco frecuentes, pero pueden comprometer funciones esenciales como hablar, comer, respirar o incluso la apariencia, con un gran impacto en la calidad de vida. Con frecuencia se diagnostican de forma tardía, lo que obliga a tratamientos agresivos y con secuelas. Por eso es fundamental investigar para lograr diagnósticos más precoces, perfeccionar las técnicas quirúrgicas y avanzar en la identificación de marcadores predictivos y pronósticos.

¿Es fácil destacar siendo un médico joven o se premia excesivamente la simple antigüedad?

Me siento valorado, pero creo que siempre es necesario mantener cierta inquietud y ganas de seguir mejorando. A veces las circunstancias no lo ponen fácil y lo importante es no abandonar el empeño. Hay que marcarse metas y trabajar por alcanzarlas, porque si se pierde esa motivación existe el riesgo de estancarse, y en una profesión tan viva y dinámica como la nuestra, eso nunca es bueno. En este sentido, la meritocracia, aunque quizá no esté de moda, es esencial: garantiza un sistema objetivo en el que todos tengan las mismas oportunidades, pero donde también se reconozca el esfuerzo, la excelencia y la capacidad. Al brillante, aunque sea joven, hay que premiarlo, apoyarlo, empujarlo y estimularlo, porque solo así se hace avanzar a la profesión y a las instituciones.

¿Necesita algún recurso más para que su trabajo sea más efectivo?

En muchos ámbitos, las estructuras de la sanidad, la Universidad y las instituciones de investigación presentan una rigidez excesiva que dificulta la materialización de iniciativas y proyectos. Esta falta de flexibilidad puede conducir a la frustración y al desánimo de quienes intentan innovar o impulsar mejoras. A ello se suma una burocracia cada vez más extensa, que consume un tiempo valioso que debería destinarse a la asistencia, la docencia o la investigación. Es fundamental que los méritos y los esfuerzos se reconozcan, aunque sea de manera discreta, para sostener la motivación y evitar que el camino –a menudo complejo y exigente– lleve al desaliento o al abandono.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los jóvenes médicos o investigadores que empiezan?

Les diría que mantengan siempre la curiosidad, la honestidad, el compromiso y la pasión. La medicina exige mucho esfuerzo y renuncias, pero también ofrece una satisfacción única. El contacto con el paciente y la posibilidad de mejorar su vida son el verdadero motor de esta profesión. En oncología acompañamos procesos muy duros, pero también somos testigos de la fuerza y la capacidad de superación de las personas. Ser parte de ese camino, aliviar, curar o simplemente estar, es lo que da sentido a todo.

Y después de este reconocimiento, ¿qué?

Este reconocimiento es un estímulo para seguir avanzando. Espero continuar aprendiendo y mejorando en el abordaje de los tumores de cabeza y cuello, y consolidar líneas de investigación con una aplicación real en su diagnóstico y tratamiento. También deseo seguir reforzando la formación de los más jóvenes. Creo que el verdadero legado no son los premios, sino lo que uno deja en los demás: conocimiento, inspiración y ganas de hacer las cosas bien. Además, aspiro a seguir progresando en mi carrera académica y a cumplir con responsabilidad las tareas de gestión que me han sido encomendadas.

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