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Charo Arenas: "El premio perpetúa una manera de entender la función pública"

"La visión preventiva y humanista de mi marido creo que inspira aún a profesionales, instituciones y políticas públicas", destaca la viuda del fiscal Lorca, pionero en el ámbito de menores en Asturias

VÍDEO: Charo Arenas habla sobre los Premios José Lorca

J.A.

M. R. Sánchez

Desde su creación en 2006, el Premio José Lorca ha distinguido a personas y entidades cuya labor refleja los valores que inspiraron al recordado fiscal de menores que le da nombre y fallecido en 2005 a los 47 años: compromiso, sensibilidad y prevención y defensa activa de los derechos de la infancia. A lo largo de los años, el galardón se ha consolidado como un referente en Asturias en materia de protección, educación y participación infantil.

A José Lorca se le recuerda en cada edición de los premios, pero también entre sus colegas y y discípulos, como un profesional "incansable y profundamente humano, con un compromiso firme hacia los derechos de la infancia y una visión avanzada de la justicia juvenil, que defendía la prevención, la educación y la intervención temprana como herramientas esenciales para proteger a los niños y adolescentes".

El fiscal era, además, doctor en derecho, profesor asociado de derecho penal en la Universidad de Oviedo, autor de numerosos artículos y libros de la materia, Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort y académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia del Principado de Asturias. En el aspecto personal, desatacó sobre todo por ser "un hombre bueno con mayúsculas. Sentía su función pública como un profundo compromiso social, que trasladaba a todas las facetas de su vida".

De todo ello no puede estar más que orgullosa y satisfecha su viuda, Rosario Gutiérrez Arenas, más conocida como Charo Arenas, quien junto a su hija Rebeca no ha cesado en todos estos años –acaban de cumplirse ya dos décadas de la prematura muerte de Lorca– de apoyar los galardones y tratar de que la pionera labor de su marido haya dejado impronta en la Fiscalía de Asturias. Así lo explica en esta entrevista.

balance hace de los galardones desde su creación. "El balance es muy positivo y emocionante. Desde que se creó el Premio José Lorca, a título póstumo en 2006, coincidiendo con el Día de la Infancia, el premio ha logrado mantener viva su memoria y, al mismo tiempo, reconocer y visibilizar el trabajo de personas y entidades comprometidas con los derechos de los menores. En estos casi 20 años, se ha consolidado como un referente en Asturias en materia de protección y promoción de los derechos de la infancia. Hemos visto cómo este galardón ha ayudado a visibilizar iniciativas innovadoras, desde la educación emocional hasta programas de atención a menores en situación de vulnerabilidad. Su existencia ha inspirado, motivado y reforzado el trabajo de muchas entidades que luchan por la infancia y adolescencia. Quiero expresar mi profundo agradecimiento a la Consejería por la iniciativa de crear un premio dedicado a la promoción y defensa de los derechos de la infancia que, además, lleva el nombre de José Lorca".

Mantener viva la memoria y legado del fiscal."Sin duda se está consiguiendo. Cada edición es un recordatorio del legado de José Lorca: su sensibilidad, su rigor profesional y su compromiso humano con los menores. El primer reconocimiento, otorgado a mi marido a título póstumo en 2006 marcó el inicio de una tradición que vincula su nombre a la protección de la infancia. El premio cumple perfectamente con el objetivo de perpetuar su memoria y su manera de entender la función pública, reconociendo iniciativas que protegen y promueven los derechos de la infancia".

Legado de José Lorca en el trabajo con menores en Asturias. "Aunque yo no pueda dar una opinión estrictamente profesional, porque no pertenezco a este ámbito, sí creo que dejó una huella profunda en la forma de trabajar con los menores, que son el futuro inmediato de nuestra sociedad. Su enfoque se basaba en la escucha, el acompañamiento y la defensa incondicional de los derechos de los niños y adolescentes. Su visión preventiva y humanista creo que sigue inspirando a profesionales, instituciones y políticas públicas que entienden la infancia no solo como una etapa vital, sino como un espacio de derechos que hay que proteger con sensibilidad y compromiso. Muchos de los programas de atención temprana, los protocolos de protección o los planes educativos que hoy consideramos fundamentales conservan ese mismo espíritu: priorizar siempre el bienestar y la dignidad del menor. Además, no creo que sea casualidad que una de sus discípulas, la fiscal Inmaculada Rodríguez, lleve ya casi diez años desarrollando su labor en la misma Fiscalía de Menores que él inició en el Principado. Es, sin duda, una suerte contar hoy con una profesional de su brillantez y compromiso, que refleja la continuidad de esa forma de entender la justicia en los menores".

"Filosofía" en el trabajo con menores. "Respeto, justicia y humanidad. Mi marido creía firmemente que los menores deben ser tratados con respeto, dignidad y cercanía; reconociendo su vulnerabilidad, pero también su potencial. Para él, la prevención, la educación y la intervención temprana eran pilares esenciales. Le preocupaba tanto el daño que ya se había producido, como el que podría evitarse si se actuaba a tiempo en su problema particular. Su filosofía combinaba justicia y humanidad: proteger al menor no solo como obligación legal, sino como responsabilidad y compromiso ético y social. En definitiva, veía en cada niño una biografía en construcción que merecía ser acompañada, con empatía y profesionalidad".

Labor de la organización Arco Iris, premiada este año. "Cada año, las candidaturas presentadas destacan por su extraordinaria valía, y conocerlas es siempre un motivo de ilusión y satisfacción, porque nos permiten descubrir la labor y el compromiso de tantas personas, profesionales y voluntarias, dedicadas a proteger y promover los derechos de la infancia. La labor de Arco Iris es verdaderamente ejemplar y encarna plenamente los valores que este premio busca reconocer. Su trabajo, centrado en la defensa de los derechos de los niños desde una perspectiva educativa, social y comunitaria, genera un impacto profundo y tangible en sus vidas. Además, tengo la suerte de conocer personalmente el trabajo de la doctora Isolina Riaño, una de las almas detrás de Arco Iris: pediatra en el Hospital Universitario Central de Asturias y una persona extraordinaria en todas sus dimensiones. Su entrega, sensibilidad y visión son un reflejo del espíritu que inspira a todo el equipo. Que el jurado haya reconocido a Arco Iris este año es un motivo de orgullo y de enorme satisfacción, pues representa la esencia del Premio José Lorca: el compromiso con la infancia, la fuerza transformadora de la educación y la defensa de los derechos más fundamentales de los menores.

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