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Fallece en México a los 80 años Marusa Gutiérrez, esposa del empresario Antonio Suárez

Hija de un emigrante asturiano de Villazón (Salas), en 1965 fue elegida "Reina de América en Asturias" y era una persona muy apreciada por la sociedad mexicana

Antonio Suárez y María Luisa Gutiérrez, en la entrega de los premios "Príncipe" en 2014.

Antonio Suárez y María Luisa Gutiérrez, en la entrega de los premios "Príncipe" en 2014. / N. O.

Oviedo

María Luisa Gutiérrez, esposa del empresario pesquero asturmexicano Antonio Suárez, falleció en la mañana de ayer, sábado, en Ciudad de México a la edad de 80 años. Marusa, como le gustaba que la llamaran, se marchó de este mundo "sin dolor y rodeada de toda la familia", comunicó con dolor su marido a sus amistades más íntimas. Tras ser velada, será sepultada hoy. Mujer muy apreciada por la sociedad mexicana, había conocido a Antonio Suárez hace 60 años y se casaron hace 55. Tienen una hija, Fernanda, que les ha dado tres nietos. "Fue una gran persona y una magnífica esposa", subrayó su viudo.

En sus conversaciones con asturianos, Marusa Gutiérrez recordaba con ilusión cómo en septiembre de 1965 había sido elegida la "Reina de América en Asturias" de ese año. Era hija de un emigrante asturiano de Villazón (Salas) y de Consuelo Ruiz Barboteu, hija de mexicano y francesa y perteneciente a una de las familias más distinguidas del estado de Oaxaca. Tenía entonces 20 años y estudiaba en Madrid.

El periodista que escribió aquella información la definió como "una magnífica representante de la belleza hispanoamericana". Y por allí andaba Antonio Suárez, tres años mayor, quien en 2010 rememoraba: "Era una preciosidad y, encima, rica. No era de extrañar que tuviese muchos pretendientes, pero yo estaba decidido a pelear por ella, a no ser un galán más".

Fallece Marusa Gutiérrez, esposa del empresario pesquero Antonio Suárez

Antonio Suárez y María Luisa Gutiérrez, en la entrega del "Asturiano del mes" de LA NUEVA ESPAÑA al empresario. / LNE

Días antes del Día de América en Asturias, Marusa concedía una entrevista a LA NUEVA ESPAÑA en la que afirmaba que lo único que no le gustaba de Asturias era "el frío". En aquellas líneas, ya dejaba claro que no le gustaba que la llamasen María Luisa y se confesaba aficionada al café solo y al esquí acuático.

Sin embargo, ella y Suárez no se vieron por primera vez en Oviedo, sino que se habían conocido en Madrid unos meses antes, en julio de 1965, a través de Sabino Fernández, un "amigo de origen asturiano, propietario de un garaje y taller de reparación de vehículos", que compartía veraneos en Cornellana (Salas) con la familia de Marusa.

Una tarde, Sabino Fernández llamó por teléfono a Antonio Suárez "para decirle que se encontraban en Madrid unas amigas mexicanas de la familia". Se trataba de Alicia Labra, hija de un exgobernador del estado de México, a la que acompañaría el propio Sabino, y las hermanas María Elena, con su novio, y Marusa, que estaba sin pareja.

Para que esta última no se sintiese incómoda, le anima a acompañarles a cenar en el Florida Park. Antonio Suárez había llegado el día anterior de los sanfermines y "contestó que no le apetecía". Su amigo insistió hasta lograr que aceptase. "No se arrepentiría". Fue el comienzo de su relación con Marusa.

Coincidieron en el Teatro Campoamor de Oviedo durante la temporada de ópera –el título de aquel año era "Simon Boccanegra", de Verdi, y ella estaba en el palco de honor–, y cuando ese mismo año ella terminó sus estudios en Madrid, él la siguió a México. Un lustro de noviazgo después, se casaron en Oaxaca el 17 de mayo de 1970. El 30 de mayo de 1972 nació su hija Fernanda.

Fallece Marusa Gutiérrez, esposa del empresario pesquero Antonio Suárez

Recorte del periódico del 7 de septiembre de 1965 que anuncia la elección de Gutiérrez como "Reina de América en Asturias" / LNE

Santiago González Romero, director del Archivo de Indianos de Colombres, ha condensado en el libro "Valor, tesón y amor de un asturmexicano" los recuerdos del ascenso en los negocios del empresario Antonio Suárez, un "prototipo de emprendedor" desde la adolescencia.

"Cuando le presentaron a Marusa, con la primera mirada sintió un fogonazo", relata en esa obra. "¡La mexicana es guapísima! En el rostro ovalado sobresalen los pómulos de suave curva, nariz ligeramente respingada, una boca bien formada de labios densos y unos ojos negros como tizones que hablan, ríen y atrapan cuando miran. Es alta, estilizada y se movía con reveladora delicadeza", prosigue la narración. "En cuanto conversó con ella la fascinación fue completa al descubrir una mujer francamente interesante, culta, simpática y amena, elegante sin afectación y con una naturalidad que la hacía totalmente diferente a cuantas chicas había conocido", remata.

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