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Pedro de Silva ve casi imposible crear en Covadonga el Museo de la Batalla que planteó hace 40 años: "Con el actual contexto de politización nacional-católica, habría extrema dificultad"

El expresidente sostiene que un centro de ese tipo debería operar a partir de los tres valores que concurren en el santuario: "Los de la naturaleza, los de la historia y los propiamente religiosos"

La basílica de Covadonga.

La basílica de Covadonga. / LNE

Ramón Díaz

Ramón Díaz

Cangas de Onís

Crear en Covadonga el Museo de la Batalla, que diera cuenta de la compleja identidad de ese lugar único, fue una propuesta lanzada hace casi cuarenta años por el entonces presidente del Principado, Pedro de Silva. La idea surgió en un contexto de concordia, que hoy parece lejano. "No digo que sea imposible, pero habría extrema dificultad para plantearlo en el actual contexto de politización nacional-católica", expone.

Materializar hoy aquel sueño requeriría "un rosario de concordias", e "ir recomponiendo poco a poco, tal vez con actuaciones materiales en colaboración, el clima que hizo posible la ley de 1987" sobre el Patronato Real de la Gruta y Sitio de Covadonga, indica De Silva, quien subraya que el santuario debería ser "un lugar de integración, de encuentro". Ese sería "el único espíritu bajo el que puede acometerse" el museo.

Aquella idea museística se gestó a la sombra de un pacto notable: la Ley de 1987 que cita De Silva, por la que se modificó la denominación, sede y composición de los órganos de gobierno y administración del Patronato Real de la Gruta y Sitio de Covadonga. Aquella norma fue el fruto de una negociación directa entre el Gobierno del Principado, que él presidía, y la Diócesis de Oviedo, encabezada por el arzobispo Gabino Díaz Merchán. El espíritu de aquel acuerdo era el consenso y la pluralidad.

¿Qué dice aquella ley, aún en vigor? En su preámbulo destaca la "indudable importancia para los intereses generales" de mantener el patronato, creado en 1952, pero inactivo desde hacía años, "como fórmula de encuentro de las autoridades civiles y eclesiásticas, a efectos de llevar a la práctica una actuación plenamente coordinada que redunde en la mayor efectividad y exaltación de los valores históricos, religiosos, turísticos y de todo orden de Covadonga". Toda una declaración de intenciones.

Un posible "Museo de la Batalla" debería operar a partir de los tres valores que concurren en Covadonga: "Los de la naturaleza, los de la historia y los propiamente religiosos", señala De Silva. "Equilibrio" es la palabra clave. Con esa idea de equilibrio, la ley de 1987 establece una presidencia rotatoria y una representación paritaria en el patronato del Real Sitio, que sigue funcionando, "justamente para tratar de despolitizar aquel lugar", explica el expresidente.

Los valores naturales del santuario están asociados a la Montaña de Covadonga, con su cima en la Peña Santa, y, por extensión, a los Picos de Europa. Según De Silva, estos valores son "previos y condicionantes de los otros dos, pues, por un lado, el lugar de la batalla, su desenlace y su posterior episodio (el "argayu" sobre la tropa musulmana en retirada) se explica ante todo por sus condiciones geográficas de reducto defensivo y las ventajas orográficas para los defensores, y, por otro, la devoción mariana tampoco es disociable del lugar y sus características, vinculados a la tierra y la montaña, algo común a otros santuarios, como Montserrat, Lourdes… o más cerca, la Virgen de la Cueva, en Infiesto, y a otras devociones, a las "vírgenes negras", como La Moreneta, la Virgen de Czestochowa...".

"Templo de la naturaleza"

El eje, apunta el expresidente, es el concepto "santuario de la naturaleza" o "templo de la naturaleza", expresión esta utilizada por Pedro Pidal Bernaldo de Quirós (creador del primer parque nacional de España y del concepto de los parques nacionales) en el texto preparado para su lápida, en el Mirador de Ordiales. "Pero ese eje admite otros desarrollos y otros episodios. Uno de los últimos podría ser incluso la visita del Papa Juan Pablo II a los Lagos, cuya dimensión mística es evidente: no fue un simple paseo de alguien con aficiones montañeras", subraya.

El valor histórico de Covadonga tiene su eje "en la batalla, su evidencia histórica y las hipótesis sobre la misma, pero también su efecto determinante del nacimiento del Reino de Asturias, que perduró dos siglos, da lugar al Reino de León, ulteriormente unido al de Castilla y vector muy relevante en la configuración nacional de España", explica. Tampoco deben obviarse sus antecedentes, "que probablemente se remonten a las guerras de Roma contra cántabros y astures, hipótesis al menos a considerar, como hizo el jesuita cántabro Eutimio Martino, que se atrevió a dibujar los mapas de las guerras, aunque fuera a partir de una problemática etimología".

Los valores propiamente religiosos se remontan a los cultos precristianos, "claramente asociados a elementos sincréticos relacionados con la deidad femenina evocada por entidad la matricial de la cueva y la manación de agua, con la fertilidad asociada. La propia erección de la iglesia de la Santa Cruz de Cangas de Onís, levantada por orden de Favila sobre un dolmen, remite a ese origen sincrético", señala De Silva.

Con todo, De Silva considera que debería historiarse, como eje, la historia del culto mariano desarrollado por la Iglesia Católica, "centrado de forma primordial en la figura de la Santina (reina o señora de la Montaña), con todos los elementos icónicos, arquitectónicos, devocionales, de himnos, etcétera, en proyección histórica, a fin de perfilar su singularidad y relevancia, sin descartar, desde luego, sucesos significativos como el del azaroso traslado de la imagen durante la Guerra Civil". El que fuera presidente del Principado entre 1983 y 1991 incide en que no debería omitirse, "desde una perspectiva crítica", la reutilización política de Covadonga por parte de personajes como Gil Robles o Franco, hasta la actualidad, "y la vinculación con el nacionalismo español".

¿Dónde debería ubicarse el Museo de la Batalla? De Silva opina que no debería ser Covadonga, sino Cangas de Onís, "o en el entorno de la confluencia de la carretera AS-114 y la que lleva a Covadonga, a fin de, por un lado, no interferir con el ámbito estrictamente cultural y, por otro, realzar el papel de Cangas de Onís como ‘primera capital de España’". Insiste en que lo más importante de la exposición de esos valores debería ser "el equilibrio, tanto entre los tres expuestos, como en su tratamiento, cuya ponderación y ausencia de cualquier intención proselitista debería ser la propia de cualquier museografia de prestigio".

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