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María Martín Fernández y José Julián Rodríguez Reguero

El gran salto que pegó la cardiología en Asturias: dos médicos echan la vista atrás para coger impulso

El gran salto de la cardiología asturiana, desde los primeros tratamientos en el viejo hospital del Cristo a las posibilidades que abre la inteligencia artificial

Mirando hacia atrás sin nostalgia y para coger impulso

Mirando hacia atrás sin nostalgia y para coger impulso / LNE

María Martín Fernández y José Julián Rodríguez Reguero son cardiólogos

Ya han pasado más de diez años desde la apertura del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y fue tras una charla sobre el papel de la inteligencia artificial en la medicina cuando nos dimos cuenta de que realmente el futuro había llegado.

Al indudable salto cualitativo que el nuevo hospital supuso en cuanto a estructura, logística y tecnología, se ha sumado el desarrollo exponencial de la medicina en todos los ámbitos y en concreto en la cardiología. Valga esta pequeña reflexión y homenaje de dos compañeros que han vivido y viven los cambios en primera persona, formando parte de ese día a día que profesionalmente no deja de sorprendernos para mejor y mayor beneficio de aquellos a los que servimos.

Con nostalgia quedan en nuestro recuerdo los años de formación y trabajo en El Cristo, cuando los recursos técnicos y terapéuticos para enfrentarnos a los problemas cardiológicos, incluyendo el muy frecuente y temido infarto agudo de miocardio, eran más limitados. Aquel tratamiento fibrinolítico (medicación para disolver el coágulo en la arteria coronaria responsable) comenzó a abrir el camino a la cardiología moderna.

En la actualidad, el mayor conocimiento y control de los factores de riesgo, junto con la mejoría en la divulgación de las medidas de prevención, contribuyen cada día a disminuir la carga global de patología cardiovascular, consiguiendo así una mejora tanto de la esperanza de vida como de la calidad de la misma.

Siguiendo en el ámbito de la imprescindible y bendita medicina preventiva, la disponibilidad reciente de un diagnóstico genético ha revolucionado el campo de las cardiopatías hereditarias, permitiendo un diagnóstico precoz que incide sobre la prevención del desarrollo de la enfermedad, ayuda a anticiparse sobre procesos arrítmicos graves y, sobre todo, facilita la realización de un consejo genético adecuado.

Con ilusión y optimismo hemos vivido el desarrollo progresivo de las técnicas de intervencionismo percutáneo no solo en la enfermedad coronaria sino también en el ámbito de los problemas valvulares, lo que ha permitido tratar a pacientes de edades más avanzadas y con más comorbilidades. Tratamientos que en nuestros comienzos no existían y que hoy día contemplamos de forma rutinaria.

Igualmente, en el creciente (por razones de edad) apartado de las arritmias, se han incorporado nuevos dispositivos, nuevas y mejores técnicas de estimulación y ablación para disminuir la carga de la arritmia más frecuente (la fibrilación auricular) y contrarrestar las arritmias que llevan a la muerte súbita.

Mención aparte para el imprescindible tratamiento médico, disponemos ahora de un mayor y más eficiente arsenal terapéutico para hacer frente a la lucha frente a la cada vez más prevalente insuficiencia cardíaca, las arritmias y, más recientemente, también para la miocardiopatía hipertrófica, tratamientos que no dejan de sorprendernos y alegrarnos. La disminución de los síntomas con una clara mejoría de la calidad de vida resulta muy satisfactoria para los pacientes pero, por supuesto y sin duda, también para nosotros.

Hemos enumerado someramente un conjunto de procesos que están contribuyendo no solo a mejorar la esperanza de vida en nuestra comunidad sino también en hacer más grato el día a día a un buen número de ciudadanos. Echando la vista atrás, no podemos más que agradecer a los que han hecho posible este progreso desde áreas como la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico, con el deseo de seguir ayudando a mejorar la salud de nuestros pacientes.

A raíz de aquella charla, surgió este texto con cariño hacia nuestra profesión y hacia aquellos a los que tratamos. La inteligencia artificial llega para quedarse y, aplicada con sentido común, empatía y humanidad, se convertirá para nosotros en una herramienta más e indiscutible. Contentos de poder aplicar medidas de primera. Contentos, claro, con orgullo, valor y garra, también.

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