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LA NUEVA ESPAÑA alienta a vivir la Navidad como niños con una obra de Breza Cecchini

"No le fallemos al chiquillo que creía que todo era posible". Ese es el anhelo que la pintora ovetense, que este año expuso en el Museo de Bellas Artes de Asturias, invoca en "Caballo fundido", el cuadro con el que el periódico quiere hacer llegar sus felicitaciones a todos sus lectores

LA NUEVA ESPAÑA alienta a vivir la Navidad como niños con una obra de Breza Cecchini

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Breza Cecchini Ríu (Oviedo, 1976) nos anima a vivir la Navidad "como niños". "No le fallemos al chiquillo que creía que todo era posible; hay que estar a la altura del azar", insiste, apelando a una inocencia infantil que no entiende de límites y que palpita en la obra con la que LA NUEVA ESPAÑA felicita estas fiestas a sus lectores, a los incondicionales de su edición impresa y a su numerosa audiencia de su edición digital y sus redes sociales. "Caballo fundido" es una de las obras que Breza Cecchini eligió para ser mostradas en el Museo de Bellas Artes de Asturias la pasada primavera, dentro de su exposición "Soy lo que no entiendo"; ahora, convertida en felicitación navideña, llega directamente a los hogares de todos los asturianos.

Breza Cecchini Ríu, en su estudio. | MARIO CANTELI

Breza Cecchini Ríu, en su estudio. / | MARIO CANTELI

Un niño y un caballo se funden en la imagen, el niño con su pureza y el caballo noble y valiente, en una estampa que sugiere movimiento, entre blancos, grises, azules y verdes, y de la que emana "dulzura" y "un halo de paz" que apacigua el alma. "Es una obra hecha desde el corazón y la escogí desde el corazón", asegura la pintora, que vive y trabaja rodeada de caballos en Nava. "Me críe rodeada de caballos, desde bebé", comenta.

Marta Mantecón, crítica de arte, ha escrito en ese mismo sentido sobre "Caballo fundido": "Ambos (el niño y el caballo) dibujan una suerte de danza que nos habla de los afectos, de la apertura del ser hacia el mundo y de la íntima conexión entre diferentes especies, que actúan como fuerzas catalizadoras de nuestra naturaleza ambivalente, basculando entre lo conocido y una dimensión mucho más libre y no domesticada que tendemos a reprimir, sobre todo en la edad adulta".

De "Caballo fundido" Breza Cecchini dice que lo importante no es tanto "lo que es" sino "lo que no es": "Sus espacios de vacío, que a mí me evocan la posibilidad eterna". "Es un cuadro que respira. Lo importante es lo que subyace", continúa explicando. "El niño sueña y el adulto materializa. Hay que apoyar a ese niño que todos somos. Vamos sumando años, pero el espíritu no envejece", insiste.

Los caballos son una constante en su obra. "Un caballo para mí significa muchísimo. Es un ser capaz de apaciguar el alma, te devuelve la paz; esa capacidad también la tiene el arte, sales reconfortado de una sala de arte, con el buen cine o la música", reflexiona la artista. "Las obras", sostiene, "son seres vivos, porque se mantienen en el tiempo".

A Breza Cecchini las obras le salen "de las entrañas". "Mi pintura es muy emocional, como piel", afirma. "Vengo a trabajar y vengo a ser yo. Soy lo que no entiendo, ya lo decía el título de la exposición del Bellas Artes, no hago interpretaciones", continúa explicando. "Descubro que no soy lo que digo ser. La obra sabe más de mí que yo, no hay mentira, la pintura es muy verdad. Es experiencia directa", sigue. "En ella me veo sin máscara. Es un escape personal, un mundo propio, privado, mi habitación propia, citando a Virginia Wolf", concluye.

La artista reconoce que "disfruta mucho pintando y, a veces, también sufre". El arte para ella es un ejercicio "espiritual, meditación, libros de horas...".

Breza Cecchini no ha perdido la ilusión con la que, de niña, iba a la cabalgata de la los Reyes Magos. Nació un 5 de enero y confiesa, divertida con su ingenuidad infantil, que pensaba que Melchor, Gaspar y Baltasar desfilaban por las calles subidos a sus magníficas carrozas y rodeados de su exótica corte expresamente para ella. Todo aquel jolgorio navideño, creía cuando era una cría, era para ella. Puede que tuviera razón, aunque al crecer pensara que se había equivocado. "Yo no iba a ser artista y fue sucediendo", cuenta. Y cuenta también que la vida ha sido más generosa con ella y de maneras más sorprendentes de lo que nunca hubiera podido imaginar. "Vivir es maravilloso", asegura Breza Cecchini Ríu, animándonos a tomar las riendas, lanzarnos al galope y comprobarlo.

Breza Cecchini Ríu

Nace en 1976 en Oviedo, donde se titula como técnica superior en Artes Aplicadas y Diseño en la Escuela de Arte. Premio del Certamen Nacional de Jóvenes Creadores en 2004 y primer premio de la Bienal de Pintura de la Junta General del Principado en 2022. El Museo de Bellas Artes de Asturias acogió en sus salas este año, entre abril y mayo, su exposición "Soy lo que no entiendo".

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