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Paulina Abramson, la corresponsal que vino a Asturias de extranjis

Hija mayor de exiliados rusos en Buenos Aires, fue enviada a España a comienzos de 1936, aprendió el periodismo en la guerra y regreso a Moscú en 1938 para ser de las primeras mujeres en la academia militar Hija mayor de exiliados rusos en Buenos Aires, fue enviada a España a comienzos de 1936, aprendió el periodismo en la guerra y regreso a Moscú en 1938 para ser de las primeras mujeres en la academia militar

Paulina Abramson, fotografiada con los mineros asturianos por el cineasta soviético Roman Karmen en 1937.

Paulina Abramson, fotografiada con los mineros asturianos por el cineasta soviético Roman Karmen en 1937.

Bernardo Díaz Nosty

El asturiano Bernardo Díaz Nosty, catedrático emérito de Periodismo, publica "Lo contaron al mundo. Periodistas extranjeras en la Guerra Civil", donde biografía y recoge los testimonios de 200 colaboradoras de prensa que estuvieron en España entre 1936 y 1939. Es el voluminoso resultado de una investigación que inició durante el confinamiento del covid esperando hallar una docena de mujeres. Según el autor, el relato femenino es más humano que el de sus compañeros. Publicamos aquí el extracto de una corresponsal que estuvo en Asturias.

Paulina Abramson (Buenos Aires, 1915 Moscú, 2000) era la hija mayor de exiliados rusos del periodo zarista en Buenos Aires. Su padre, Benjamín Abramson, militante comunista, fue expulsado del partido en 1926 acusado de trotskista. En 1930, tras el golpe militar en Argentina del general José Félix Uriburu, la familia se refugió temporalmente en Uruguay. Benjamín viajó a la URSS en 1932, donde trabajó como traductor de la revista "La Internacional Comunista", publicada en ruso, francés, alemán, inglés, chino y, desde abril de ese año, en español. Meses después, el resto de la familia se trasladó a la capital soviética.

Paulina [Lina] fue enviada a España a comienzos de 1936, junto a su primer marido, el joven exiliado español en la URSS Andrés Martín, en calidad de consejera política de la sociedad Europa-América de Barcelona. Su trabajo y el del historiador y jurista asturiano Wenceslao Roces, regresado del exilio tras la revolución de 1934, fue determinante, tras el triunfo del Frente Popular, en la expansión de Europa-América, editora de La Internacional Comunista y de la serie Clásicos del Socialismo.

Al estallar la Guerra Civil, se incorpora a las milicias del Batallón Octubre, sufriendo poco después la pérdida de su marido, muerto en combate cerca de Madrid. Tras renunciar a ejercer como traductora de Alexander Orlov, destacado militar y espía soviético, que desertó en 1938 y se exilió en Estados Unidos, Paulina opta por unirse a dos personajes relacionados con el periodismo. Fue ayudante de cámara e intérprete del prestigioso Roman Karmen, con el que registra las imágenes para los noticieros soviéticos, y colabora con Mijaíl Koltsov, corresponsal de Pravda, considerado entonces hombre de confianza de Stalin en España. Sus memorias, "Mosaico roto", constituyen un testimonio singular, con muchas claves de sus vivencias junto a personajes masculinos, soviéticos y españoles, centrales en el devenir de la guerra, escritas con un apreciable distanciamiento crítico.

En Madrid, Karmen y Paulina se hospedan en el Hotel Florida "con voluntarios de todas las razas", y allí se encuentran, entre otros personajes célebres, con Iliá Ehrenburg y Ernest Hemingway. Paulina se implica directamente en la labor informativa con la elaboración de una serie de documentales "que impactaban mucho en el público soviético y suscitaban solidaridad". La "miliciana asistente", como era considerada, no siempre estuvo de acuerdo con los riesgos asumidos por un impulsivo Karmen, que "se metía en todos los rincones sin darse cuenta del bombardeo, tiroteo o duelo de artillería con tal de rodar algo que pareciera extraordinario".

"En su conducta hubo cosas que me indignaron. Así, bajaba del monte un miliciano herido, que iba como un fardo atravesado sobre un mulo, y mi jefe me ordenó: ‘iDile que alce el puño!’. Furiosa le contesté que jamás lo haría porque era un herido. ‘¡Jamás llegarás a ser un camarógrafo!’, me dijo. ‘¡Jamás lo seré!’, contesté yo. Me aparté y Roman, en un castellano chapurreado, consiguió que el herido alzara el puño".

También trabaja con Mijaíl Koltsov, muy apreciado por Karmen, y escribe "que aprendió periodismo gracias a él". Su destreza resultaba sorprendente, ya que era capaz de escribir "cuarenta renglones con una rapidez inverosímil, en forma sencilla, con mucho gracejo y meditada observación para dar un cuadro acabado de la atmósfera política". Lina viaja con ambos a Asturias dos años después de la revolución de 1934, en un "majestuoso Douglas" casi vacío, con asientos retirados para transportar ametralladoras y munición, sobrevolando a buena altura el territorio dominado por los sublevados.

"Al aeropuerto de Barajas llegamos a las siete de la mañana. Koltsov se había puesto de acuerdo con don Inda (Indalecio Prieto) en que volarían al norte dos personas, o sea Karmen y Koltsov. Yo no figuraba y, por lo visto, iría de extranjis..."

Aterrizaron en Santander y siguieron por carretera, de forma que fueron "los primeros rusos que visitaban Asturias" durante la guerra. Los expedicionarios, especialmente Karmen y la mirada documental registrada en su cámara, quedan impresionados con los parajes que se suceden en el camino.

"¡Qué paisajes! Mar y montañas. Nos sumergimos en un mundo de ensueño... Pero el horno no estaba para bollos: se oía un lejano bombardeo y esto significaba que corría sangre... El camino se nos hizo larguísimo. Karmen no soltaba su cámara. [...] En un recodo del serpenteante camino el coche embistió a una vaca. El pastor gritaba y nos maldecía. Koltsov y Karmen, en su macarrónico español le daban charlas revolucionarias que no hacían mella en el pobre hombre. Se dirigió a mí diciendo que todos ahora iríamos a la comisaría. Gritaba y miraba con dolor a la pobre vaca tendida en la carretera. Koltsov sacó su billetera y le dio dinero. El pastor se iba apaciguando. Ambos jefes gritaron: "iViva la República! iSomos rusos!".

A Koltsov, absorto por la intensidad revolucionaria de los días en Asturias, le quedaba poco tiempo de vida. Lina, al recordar aquellas fechas, está segura de que el prestigioso periodista no imaginaba lo que para él guardaba su amigo Stalin en Moscú:

"¿No tenía presentimientos? ¿Estaba ciego o drogado de la ideología a la cual prestaba fieles servicios...?". 

[Detenido a finales de 1937, Mijaíl Koltsov fue acusado de traición a la Unión Soviética y fusilado en febrero de 1940].

Con Karmen y el coronel Jadjy-Umar Mansurov [Xanti] (1903-1968), más tarde segundo marido de Lina, esta conoce a Buenaventura Durruti en Madrid poco antes de su muerte, que el militar ruso no duda en calificar de asesinato: "lo mataron". Asimismo, viaja de Valencia a Barcelona con Mánsurov e Iliá Ehrenburg, y escucha a este afirmar que la verdad podía ayudar al enemigo, por lo que, al escribir, era "rehén de su propio antifascismo". Se desplazan en el Hispano-Suiza, matrícula M-50-480, que tenían asignado, antes de que Ehrenburg siguiese hacia París, en vísperas de los sucesos sangrientos de mayo de 1937 en la capital catalana. Ella y su coronel amigo Mansurov, que Hemingway toma como modelo de uno de sus héroes en "Por quién doblan las campanas", sí los vivieron.

"Mansurov y yo no pudimos llegar al consulado y nos metimos en el Hotel Majestic. Los pasillos semioscuros, la servidumbre silenciosa y nosotros sin poder salir a la calle. Solo asomábamos nuestras narices a la puerta del Hotel. Mansurov estaba sumamente nervioso, no recuerdo si funcionaban los teléfonos. Estaba frenético porque carecía de información. Suponía que nos podían envenenar o matar ya que éramos los más sospechosos de los pocos que vivían en el hotel. Yo estaba casi segura de que no nos pasaría nada, pero el oficio de Mansurov era sospechar, recelar y estar alerta".

La pareja regresa a Moscú a comienzos de 1938, mientras Benjamín y Adelina, que también se hallan en España, aún permanecen un tiempo. Paulina entra en la carrera militar -una de las cuatro primeras mujeres en la Academia Frunze- y alcanza el grado de comandante. A comienzos de los años cincuenta, es expulsada del instituto militar de idiomas en el que trabajaba por falta de fiabilidad política. De nuevo, afloran las sospechas de trotskismo que pesaban sobre su padre, desterrado a un gulag entre 1951 y 1953.

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