Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Hogar San José de Cangas del Narcea: un lugar para cuidar, acompañar y compartir vida

En el corazón del suroccidente asturiano, el Hogar San José de Cangas del Narcea, gestionado por Clece Mayores, es mucho más que una residencia. Es un hogar donde las personas mayores encuentran acompañamiento, seguridad y un proyecto de vida compartido.

Nuria Fernández con residentes.

Nuria Fernández con residentes. / lne

En el corazón del suroccidente asturiano, el Hogar San José de Cangas del Narcea, gestionado por Clece Mayores, es mucho más que una residencia. Es un hogar donde las personas mayores encuentran acompañamiento, seguridad y un proyecto de vida compartido. Un espacio en el que el cuidado no se entiende solo desde un aspecto asistencial, sino también desde la cercanía, el respeto y la atención integral a cada persona. La modernización del centro y la implantación de un modelo de cuidados especializado y centrado en la persona han reforzado su papel como recurso esencial para las familias de la zona, especialmente en un entorno rural marcado por el envejecimiento de la población, el despoblamiento y la soledad no deseada.

Acompañar desde el primer momento

Hablar del Hogar San José es hablar también de Nuria Fernández, trabajadora social del centro y uno de los primeros apoyos que encuentran las familias cuando se acercan a la residencia. Su labor comienza incluso antes del ingreso: escuchar, orientar y acompañar en los trámites necesarios para que la decisión se viva con tranquilidad. “Mi papel es que las familias se sientan acompañadas desde el primer minuto”, explica. Desde la gestión de la dependencia hasta el seguimiento de los PIA (Programa Individual de Atención), Nuria actúa como nexo entre residentes, familias, administración y equipo profesional. Además, participa activamente en la elaboración y seguimiento de los planes de cuidados individualizados, asegurándose de que cada persona se sienta, desde el primer día, como en casa. El acceso a las ayudas públicas resulta clave para que muchas familias puedan pagar la plaza. “Son procesos largos y complejos. Mi trabajo es darles seguimiento y mantener el contacto con la Administración para que todo avance con la mayor celeridad posible. Esa tranquilidad es muy importante para ellas”, señala.

El cuidado integral también se construye desde el movimiento. En la sala de fisioterapia, Paula Aumente, fisioterapeuta del centro, acompaña cada día a los residentes . “Cada jornada es diferente. El ritmo lo marcan ellos: cómo se encuentran, su estado de ánimo, las visitas o las actividades”, explica. Su trabajo comienza revisando el libro de incidencias y continúa con sesiones individualizadas y talleres grupales donde se trabaja el equilibrio, la coordinación y la movilidad de forma adaptada.

El área de fisioterapia atiende tanto a residentes permanentes como a personas que llegan en estancias temporales de rehabilitación, tras una operación o un ingreso hospitalario. “Aquí encuentran un entorno seguro para recuperarse”, cuenta Paula, quien destaca que la rehabilitación es tanto física como emocional. “Hay días buenos y otros más difíciles, y nuestro papel es acompañar y celebrar cada pequeño avance”. La coordinación con el resto del equipo y el apoyo de las familias son fundamentales para que los procesos sean efectivos y sostenidos en el tiempo.

Paula Aumente, en una actividad con residentes.

Paula Aumente, en una actividad con residentes. / lne

Actividades que llenan cada día

Si algo define la vida cotidiana del Hogar San José es el ambiente que se respira en sus salas comunes. Y ahí tiene un papel fundamental Laura, pedagoga de formación y TASOC(Técnico Superior en Animación Sociocultural y Turística) del centro. “Lo que más me gusta de mi trabajo es el recibimiento de los residentes y la ilusión con la que vienen a participar en las actividades”, explica. Cada mañana, la sala se llena de conversaciones, risas y ganas de compartir. Las actividades son variadas y adaptadas: talleres cognitivos, ejercicios de psicomotricidad, manualidades, música y juegos que les encantan como el bingo, el juego de las sillas, dinámicas tipo pasapalabra o gincana adaptadas e inclusivas. Propuestas que fortalecen la memoria, la autoestima, la convivencia y la alegría compartida.

“Cuando hacemos algo con las manos, no solo se entretienen: se sienten útiles. Cada uno da su toque personal”, señala Laura. Las celebraciones especiales —Día del Mayor, Carnaval, San Valentín, Navidad o el Día de los Abuelos— se viven con especial emoción y siempre con la participación activa de los residentes.

La vida en el Hogar San José también mira hacia fuera. Las salidas y los encuentros con el entorno forman parte esencial de la animación sociocultural. Destaca la excursión anual a la playa, donde muchos residentes pisan la arena o pasean frente al mar por primera vez en años. El encendido navideño de la villa, acompañado de una chocolatada popular, los encuentros intergeneracionales con colegios y grupos juveniles o la actuación de la asociación de baile Perendengue refuerzan el sentimiento de pertenencia a la comunidad. Cada festividad cuenta además con su dimensión más tradicional: Santa Ana y San Joaquín, Navidad y la visita de los Reyes Magos, momentos que conectan a los residentes con sus recuerdos, su fe y su cultura.

LauraVelez con un grupo de residentes.

LauraVelez con un grupo de residentes. / lne

Un hogar frente a la soledad no deseada

La mayoría de las personas que llegan al Hogar San José provienen de pueblos pequeños y zonas rurales aisladas, donde la soledad no deseada es una realidad frecuente. Convivir en la residencia supone recuperar el contacto diario con otras personas, sentirse acompañado y formar parte de un grupo. Aquí, el trabajo conjunto de la trabajadora social, la fisioterapeuta, la TASOC y todo el equipo profesional da forma a un modelo de atención integral, cercano y humano, donde cada gesto cuenta y cada persona importa. En este centro, cada día se construye el hogar gracias a las personas que trabajan en el mismo. “Esto es posible por la labor de quienes acompañan, de quienes cuidan, de quienes escuchan y de quienes comparten la vida en común con nuestros residentes. Nuestro centro es un lugar donde el tiempo se vive con sentido, donde cada gesto cuenta y donde nadie camina solo”, comenta la directora del centro María Rodriguez.

“Aquí, en un entorno rural marcado por el silencio y la distancia, la residencia se convierte en refugio, en encuentro y en compañía. Un espacio donde la soledad se diluye con la conversación, que infunde confianza y en el que los días se transforman en recuerdos compartidos. Donde volver a reír, a moverse, a participar y a sentirse parte de algo es posible.”, concluye María.

Porque en el Hogar San José no solo se cuida: se acompaña, se respeta y se quiere. Y en cada historia, en cada avance, en cada actividad y en cada mirada, late una certeza sencilla y profunda: este lugar es un hogar.

Tracking Pixel Contents