Opinión
Un Gordo a dieta en Villamanín: la joven comisión de fiestas que tiene a todo un pueblo en vilo
Al final, como siempre pasa con la lotería de Navidad, el ganador ha sido el que no compró

EN IMÁGENES: Tenso silencio en Villamanín tras el premio envenenado del Gordo de Navidad y los cuatro millones que faltan / Mariola Riera
El Gordo más delgado de la historia se ejercita en Villamanín. En este pequeño pueblo leonés donde no llegan a los mil vecinos –aunque la cifra se multiplica en verano, sobre todo, por los muchos asturianos que tienen allí segunda residencia o acuden unos días a veranear y «secar»– no las tienen todas consigo de que la propuesta de la joven Comisión de Festejos sobre cómo salir de la que se ha liado con el sorteo de Navidad vaya a prosperar.
Sobre todo porque no está claro que haya servido para algo la reunión de la noche del viernes para tratar de encontrar solución a ese talonario «fantasma» con papeletas que se vendió, pero que no tiene respaldo con décimos, y cuyo número acabó premiado ni más ni menos el pasado 22 de diciembre con el Gordo (80.000 por cada boleto de 4 euros que vendió Festejos).
Derrotados
Los jóvenes de la comisión –aseguran que no está registrada oficialmente– dieron la cara en la reunión y, tras un tira y afloja, han optado por renunciar a su premio. Son los grandes derrotados del sorteo de Navidad, pero no solo en cuestiones económicas. Saben que con esta empresa se van a quedar por el camino muchas amistades y relaciones familiares, suyas y entre sus vecinos.
«Poderoso caballero es don dinero» que dijo Quevedo hace ya más de 4 siglos, sentencia que sigue completamente vigente, en este caso, con poder para dividir a todo un pueblo hasta hace unos días de celebración y muy contento con esos jóvenes de la comisión que se pasaban todo el año organizando actividades para animar un núcleo que resume como pocos en España la lenta agonía de un mundo rural que se resiste a desaparecer.
Los corchos estallaron de las botellas de champán y de sidra el pasado lunes. Ahora lo que ha estallado –una vez superado el disgusto al conocer el descubierto de los 4 millones de euros– es cierto resentimiento que no tiene visos de calmar, sino de ir en aumento. Porque en Villamanín todo el mundo le da vueltas a la historia. Y los que tienen un boleto en el cajón de casa, más. Son unos cuantos los que no quieren entrar por el aro y conformarse con menos dinero que el que pensaban que les había tocado.
Los que no llevaban papeletas son, evidentemente, los partidarios de que los agraciados acuerden ceder y olvidarse de los tribunales. Todo por la paz y tranquilidad en el pueblo.
Al final, como siempre pasa con la lotería de Navidad, el ganador ha sido el que no compró.
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