La ley antitabaco cumple 20 años... y los empresarios asturianos hacen buen balance (a la espera de saber qué pasa con las terrazas): "Se trabaja más cómodo"
Los asturianos admiten la ventaja de la prohibición de fumar en centros laborales, pero la hostelería duda de los beneficios de vetarlo en terrazas: "Es complicado, hasta ahora había coexistencia"

Europa Press

En 2005 se vendieron en Asturias algo más de 103,1 millones de cajetillas (20 cigarrillos). En 2024 esa cifra cayó más de la mitad: 47,1 millones. Entre una y otra cifra median dos décadas y la entrada en vigor de la ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, denominada popularmente ley antitabaco. La revolucionaria norma –publicada en el BOE el 28 de diciembre de 2005 para entrar en vigor el 1 de enero de 2006– dividió y enfrentó los españoles, porque entre sus muchas restricciones y prohibiciones figuraba algo que de aquella se antojó impensable y, lo más importante, imposible de aplicar: prohibir fumar en centros de trabajo, educativos, sanitarios y transporte público.
No se prohibía fumar en los establecimientos de hostelería –eso llegaría cuatro años más tarde– pero sí obligó a los propietarios a habilitar zonas de fumar. Fumadores y no fumadores protagonizaron intensos debates, hubo manifestaciones en la calle contra la ley, el sector hostelero temió su ruina e incluso muchos se declararon insumisos. Pero lo cierto es que 20 años después todo el mundo coincide en que fue lo mejor que pudo pasar.

La evolución del consumo de tabaco en veinte años. / LNE
Así lo señalan los empresarios de distintos sectores consultados por LA NUEVA ESPAÑA sobre el impacto de la ley veinte años después. En general, destacan los beneficios de los espacios libres de humo y las nuevas generaciones que se criaron ya en centros de trabajo sin tabaco ven impensable que tiempo atrás sí que se pudiera encender un cigarrillo.
Prevalencia
Con todo, Asturias sigue a la cabeza de las comunidades en las que más se fuma en España. La lucha contra el tabaquismo da resultados, pero de forma lenta. Según la última encuesta EDADES, la prevalencia de los asturianos que reconocen haber fumado alguna vez en su vida es del 81%, frente al 66,6 de la media en España. Pero hace 20 años, esa misma prevalencia era del 69,3% en Asturias, ligeramente menor que la media española, 69,5%.
No obstante, otra lectura de la última encuesta arroja que los indicadores más positivos los ofrecen las generaciones más jóvenes: sólo el 8% de los varones y el 6,2% de las mujeres fuman. Además, ellas fuman más que ellos, cuyo porcentaje de fumadores no aumenta.Según el balance de la Consejería de Salud, la disminución del tabaquismo lleva aparejada una reducción de la mortalidad asociada. El descenso es especialmente notable entre los hombres: desde 2010, ha pasado del 27,1% al 19,1%.
Mientras se hace balance de la primera ley antitabaco tras 20 años en vigor, los españoles miran de reojo a los nuevos planes del Ministerio de Sanidad que tienen ya revolucionados y bastante enfadados a los hosteleros. A la vuelta de la esquina está la entrada en vigor de la ley del Tabaco, cuyo anteproyecto aprobó ya en septiembre en el Consejo de Ministros. Es más restrictiva aún y entre otras prohibiciones recoge la de fumar tabaco, además de cigarros electrónicos, incluido el vapeo, en numerosos lugares al aire libre: conciertos, teatros, cines y otros espectáculos públicos; centros universitarios y de formación de adultos; piscinas de uso colectivo y recintos deportivos; así como exteriores de bares, restaurantes, salas de fiesta y establecimientos de juego.
La polémica está servida de nuevo. Pero si se mira a 2005, lo que se dijo y lo que pasó, quizás no sea para tanto.

Ramiro Fernández. / Irma Collín
Puros en la peluquería en Oviedo
El anuncio de la ley antitabaco fue para Ramiro Fernández como «si Dios le viniese a ver». El conocido psicoesteta ovetense empezó a cortar el pelo en 1966 y recuerda «perfectamente» cuando los clientes fumaban puros durante los cortes de cabello. Además, en su local la situación era «especialmente complicada» porque es un sótano que, en aquel momento, no estaba bien acondicionado para la salida del humo. La llegada de la prohibición significó poner fin a más de tres décadas de Fernández como fumador pasivo. «Yo no soy fumador, tampoco puedo ofrecer una visión totalmente objetiva. Pero nos vino de maravilla, al principio la clientela no lo aceptó de la mejor manera e incluso llegaban a criticar a los dueños de los negocios, pero, con el tiempo, se fue normalizando», explica. Más allá de los problemas que tuvo la clientela para acatar la normativa en aquel momento, otro tema tuvo que tratar fueron las condiciones que iban a cambiar en la vida de los trabajadores que fumaban. Recuerda que los miembros de su equipo entendieron las condiciones «perfectamente» y nunca hubo problemas con ese tema en su peluquería. «Tuve colaboradores que fumaban, pero desde el primer día respetaron la prohibición en el horario laboral. Aprovechaban los ratos libres que tenían para tomar un café, echando un cigarro fuera del local», informa Pelayo Méndez.

Alberto Lázaro. / D. T.
El fin de los malos olores en un hotel en Gijón
Alberto Lázaro, director del Hotel Asturias, recuerda la adaptación del sector y defiende espacios sin humo «por educación y convivencia». Reconoce que el paso del tiempo ha difuminado algunos recuerdos, pero hay sensaciones que permanecen. «El olor sí que se nota que se fue quitando, sobre todo en eventos y reuniones», explica. Antes de la ley, fumar era algo habitual en el trabajo. «Se fumaba en cualquier sitio», recuerda. La adaptación no estuvo exenta de dificultades, también dentro de la plantilla. «Sí recuerdo que hubo problemas con personal que se escondía en vestuarios para fumar», señala, una situación que hoy da por superada. En el caso del hotel, la solución fue clara: prohibición general y habitaciones específicas para fumadores. «Hay un piso habilitado con las medidas de seguridad correspondientes, alarmas adaptadas y control del humo». Lázaro rememora una imagen muy común en aquellos años: «Mucha gente salía a fumar fuera y se acumulaban en la calle, lo que a veces generaba ruido». Con todo, cree que el balance es positivo. «Los espacios libres de humo son más seguros para la salud y se trabaja más cómodo, aunque algún cliente al principio se molestaría». Aunque defiende la libertad individual, el empresario es claro en su reflexión: «En espacios compartidos y de servicio al cliente, por educación, no se debe fumar», informa Demi Taneva.

Félix Gayol. / Tania Cascudo
Libres de humo en los coches de la autoescuela en Tapia
Félix Gayol se hizo cargo en 2013 de la Autoescuela Bajamar, en Tapia, ocho años después de que entrara en vigor la ley antitabaco. En su sector supuso un avance y lo ve positivo. «Imagínate antes que se hacían los exámenes en Oviedo. Echabas el día en la carretera y se daban casos de ir cinco personas en un 133 y todas fumando», relata Gayol, hijo del histórico profesor de esta escuela de conductores, la única que opera en el concejo. Considera positiva esta legislación porque «la administración tiene que proteger la salud de todos». El coche de una autoescuela, añade, es un lugar de trabajo y señala que, aunque de manera generalizada la gente cumple a rajatabla con la medida, a veces tiene que advertir a algún despistado. «Todavía te encuentras con el típico que echa mano de la caja de cigarrillos al sentarse en el coche y tengo que recordad que en el coche no se puede fumar», cuenta Gayol, que aunque nunca fumó es consciente de lo difícil que es dejarlo. «Yo veo bien la prohibición. Antes no podías decir a un compañero que no fumara en la oficina por mal que lo pasaras. Ojalá tuviera solución para el fumador, porque sé que no es fácil», opina. Como anécdota añade que cuando se hizo cargo del negocio, uno de los coches de formación tenía una quemadura de cigarro en el asiento de atrás, algo ahora impensable, informa Tania Cascudo.

Eusebio Quesada. / d. o.
Un estanco en Langreo que no nota la diferencia
Eusebio Quesada regenta desde hace varios años un estanco en la céntrica calle Dorado de Sama de Langreo. La aplicación de la ley antitabaco hace 20 años y sus posteriores modificaciones «no han afectado al consumo», según su experiencia. Quesada mantiene que «se fuma lo mismo y que quien tiene el hábito de fumar no cambia su conducta». Tras años tras el mostrador admite que «hay quien puede dejarlo, pero siempre hay alguien nuevo que empieza». En su opinión, los sucesivos incrementos en el precio del tabaco tampoco empujan a dejar el hábito porque «cuando sube el precio de la cajetilla, los consumidores cambian durante un tiempo a algo más barato, pero tarde o temprano terminan regresando a su marca habitual». En los últimos años, los que él lleva al frente de la expendeduría de tabaco en Langreo ha visto como la ley iba siendo cada vez más restrictiva. Primero se prohibió fumar en el trabajo, luego se habilitaron zonas de fumadores en espacios públicos como los bares y más tarde se prohibió fumar en esos espacios. Ahora se plantea incluso la posibilidad de prohibir fumar en las terrazas, pero todo eso no tiene, en su opinión, impacto en los fumadores, que siguen enganchados al cigarrillo, informa David Orihuela.

Manuel Cernuda. / Christian García
Impensable fumar ahora en la cafetería en Salas
«A partir de la ley se empezaron a agrupar muchos clientes en la terraza. Hoy día ha cambiado y hay menos. Hubo polémica, pero se normalizó», opina Víctor Manuel Cernuda, del café Berlín de Salas, donde la veinteañera ley antitabaco provocó que los primeros meses hubiese algo de insatisfacción entre los clientes. «Hoy día es impensable que alguien entre con un cigarro y mucho menos que lo encienda dentro», añade Cernuda. Sin embargo, el futuro plantea cuestiones que el hostelero, de entrada, rechaza, como la posible prohibición del tabaco en las terrazas. «Ahora no hay ningún problema, pero prohibir fumar en el exterior sería algo malísimo», confiesa el hostelero, que se muestra rotundo ante la posible medida: «Para nosotros sería matarnos. Acabaría totalmente con la hostelería», informa Christian García.

María José Omaña. / Christian García
Sin obras en Grado
«Hace tanto tiempo que apenas lo recuerdo, pero por suerte, en nuestro caso, no necesitamos acometer ningún tipo de obra. Los primeros meses fueron de convivencia», así recuerda el inicio de la ley antitabaco María José Omaña, propietaria de café Exprés de Grado, que por aquel entonces pudo realizar una transición «más sencilla» al contar con una amplia terraza que acogió a los fumadores. «Es como todo. Cuando te enfrentas a un cambio siempre puedes sentirte temeroso de que te pueda repercutir, pero la gente lo asimiló rápido y se adaptó», comenta Omaña. La imposibilidad de fumar en los establecimientos «es ya algo normal», aunque la posibilidad de la prohibición en las terrazas genera dudas entre hosteleros y clientes: «Es algo complicado. Hasta ahora ha habido convivencia porque se ha normalizado que el tabaco coexista con un instante para tomar una copa o un café», informa C. G.
Terrazas e interiores llenos en Siero
En el Coronas Café, de Pola de Siero, Matías Hevia destaca que la medida antitabaco fue «la mejor noticia en mucho tiempo» para los trabajadores de la hostelería y que, a diferencia de lo que se podía esperar «no afectó para nada a las ventas, si no todo lo contrario, las terrazas se llenaron pero los interiores también». En ese sentido, respecto a la posible medida de la prohibición en los exteriores, Hevia la ve «más compleja» y que «genera un poco de discrepancia. Yo creo que nos acostumbraríamos a todo y que no habría ningún problema. Al fin y al cabo, se trata de convivir entre todos», informa C. G.

María Avendaño. / I. G.
En Luanco ni se imaginan una panadería con tabaco
María Avendaño regenta una panadería en la céntrica calle Salvador Escandón de Luanco. Lleva años al frente de este negocio familiar y no se imagina que el humo estuviera presente en los centros de trabajo como el suyo. «No tengo recuerdos de que nadie fumara aquí dentro», señala. «La verdad es que es algo para celebrar, el humo es muy incómodo para todos», señala la empresaria, que defiende que la persona que quiera fumar «tiene total libertad para salir fuera» a echar un cigarro. Remarca la importancia de la salud y confía en que la ley antitabaco «siga así para siempre». Avendaño Realiza estas afirmaciones mientras en la cafetería del otro lado de la estrecha calle dos personas echan un pito a la puerta en el intermedio de su café. Ambos, José Fernández y Manuela Pérez, destacan las bondades de la ley antitabaco: «Es mejor echar un pito fuera que molestar a las personas que están dentro del local», informa Illán García.
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