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Las Cocinas Económicas de Oviedo y Gijón, "Asturianas del mes" de LA NUEVA ESPAÑA

Ambas entidades, de trayectoria centenaria, atienden cada día las necesidades de personas desfavorecidas en las dos grandes ciudades de la región, con servicios que abarcan la alimentación, la salud y la inserción laboral

A La izquierda, una cola de comensales a la entrada de la Cocina Económica de Oviedo. A la derecha, preparación un menú en la Cocina Económica de Gijón.

A La izquierda, una cola de comensales a la entrada de la Cocina Económica de Oviedo. A la derecha, preparación un menú en la Cocina Económica de Gijón. / Fernando Rodríguez / Juan Plaza

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Oviedo

Las Cocinas Económicas de Oviedo y Gijón han sido designadas por LA NUEVA ESPAÑA "Asturianas del mes" de diciembre de 2025 como reconocimiento a su prolongado y valiosísimo trabajo de más de un siglo en favor de los más necesitados. La entidad gijonesa acaba de celebrar el 120.º aniversario de su puesta en marcha. Mientras tanto, la ovetense inicia hoy mismo un nuevo programa para los más pobres: un servicio de desayunos los festivos y los domingos.

Ambas entidades surgieron en épocas de penurias económicas y alimenticias en la región. Estas escaseces persistentes estaban dando lugar a un intenso flujo de emigración de asturianos hacia América. En su trabajo cotidiano, las cocinas de Oviedo y Gijón tienen en común un protagonismo esencial de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, inspiradoras de la filosofía de fondo de atención a las capas sociales más desfavorecidas, pero en ambos casos se verifica también un fuerte soporte civil, institucional y social, con la implicación de los ayuntamientos respectivos.

La Cocina Económica de Oviedo fue fundada en 1888 por representantes de distintos sectores de la ciudad, reunidos por iniciativa del obispo de Oviedo, Ramón Martínez Vigil. En 1909 se constituyó como asociación civil.

La Cocina Económica de Gijón se llama realmente Asociación Gijonesa de Caridad, y es una asociación sin ánimo de lucro creada el 10 de febrero de 1905 para atender las necesidades básicas –de comida, alojamiento y vestido– de la ciudad, proporcionar asistencia social y promocionar a la población más necesitada. Ya antes, en la última década del siglo XIX, las religiosas de San Vicente de Paúl habían creado un comedor social que terminó siendo asumido por la Asociación Gijonesa de Caridad tras varios años de funcionamiento independiente de ambas instituciones.

La Cocina Económica gijonesa ofrece cada día alrededor de 350 comidas y 220 cenas. O sea, "el equivalente a tres bodas diarias", destacan su presidente, Ignacio Blanco, y su director, Rafael Piñera. Por su parte, la entidad ha rondado en 2025 los 110.000 servicios –entre comidas y cenas– en sus instalaciones del número 6 de la calle San Vicente, con unos menús compuestos de una sopa, un primer plato, un segundo, un postre y un colacao caliente, según subraya su presidenta, Mar Prieto.

La labor solidaria de las cocinas económicas no se limita a los servicios alimentarios de sus comedores. La entidad ovetense benefició el año pasado a cerca de 300 familias, a las que proporcionó alimentos sin procesar, organizados a modo de cesta de la compra. Esta acción tuvo impacto sobre casi 900 personas, de las cuales 355 son menores de edad. Otra línea de actividad se centra en el apoyo para la inserción laboral: a través de la trabajadora social y del trabajo en red con otras entidades han propiciado acceso a un empleo a 66 personas. Y también desarrolla talleres formativos, que el año pasado fueron seguidos por un total de 62 usuarios del comedor y que versan sobre temáticas como la eficiencia energética o los hábitos que contribuyen a una buena nutrición.

También la Asociación Gijonesa de Caridad lleva su trabajo mucho más allá de sus comedores. Con un presupuesto anual que ronda los dos millones de euros, tiene una plantilla de 34 trabajadores a la que se suman la colaboración de 120 voluntarios. La entidad tiene en marcha programas de tratamiento de toxicomanías, drogodependencias y alcoholismo; cuatro apartamentos independientes para acoger a familias, que suelen ser para madres con niños pequeños que, por motivos de salud, desahucios u otras causas, no tienen un hogar; unas dependencias, con 20 plazas, para hombres y mujeres que están en la calle; o una clínica dental bien equipada gracias a la colaboración de diversos dentistas.

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