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Jesús Casas, presidente de Tragsa: "Me ilusiona pensar que el futuro de Asturias no pase solo por el turismo"

"Con la expareja de José Luis Ábalos se aceptó algo que no se tenía que aceptar al permitírsele que no fichara en su trabajo, debimos estar más encima", reconoce el máximo responsable de la empresa pública sobre la contratación de Jéssica Rodríguez

Jesús Casas, en el Campo San Francisco de Oviedo, durante las vacaciones de Navidad.

Jesús Casas, en el Campo San Francisco de Oviedo, durante las vacaciones de Navidad. / Mario Canteli

Xuan Fernández

Xuan Fernández

Oviedo

Jesús Casas (Madrid, 1960), presidente de la compañía estatal Tragsa, ha tenido un 2025 de contrastes. El año fue el "mejor de la historia" en actividad económica, pero también aciago porque la compañía se vio salpicada en los escándalos que rodean a José Luis Ábalos, exministro socialista de Transportes, en prisión preventiva por la trama de las mascarillas. La empresa pública saltó a la palestra porque en 2020 contrató a Jéssica Rodríguez, expareja de Ábalos, por mediación de un encargo de Adif. Casas, que pasa parte de las Navidades en Asturias, su segunda casa, contesta a todo en esta entrevista y no rehúye ninguna pregunta. Ve a Asturias en un buen momento: "Ya no veo nostalgia en la sociedad, Asturias es consciente de que tiene que cambiar".

¿A qué se dedican exactamente?

Somos un ente público. Tragsa es una figura muy infrecuente, porque pertenecemos a todos. Somos medio propio, formalmente una empresa, aunque no licitamos. Ejecutamos lo que nos mandan las administraciones públicas a unos precios tasados, que tratan de ser lo más fieles posibles a la realidad. Si la empresa tiene beneficio, hay que devolverlo. Nos dividimos en dos: Tragsa trabaja en ámbitos como la agricultura o el medio ambiente, y Tragsatec presta servicio técnico a las administraciones.

¿Ha sido un buen año?

Me da un poco de pudor decirlo, pero 2025 ha sido el mejor año de la historia del grupo en cifras económicas. La actividad económica del país es buena y Tragsa es un reflejo de ello. Vamos a superar los 2.500 millones de euros en ejecución de contratos; en 2018 fueron 750 millones. Tenemos 29.000 empleados y, a final de este año, seremos 17.000 fijos. La empresa no pierde dinero, lo gana y lo devuelve a los accionistas. Trabajamos con todas las administraciones: más de 350 nos han pedido que actuemos este año. Eso me congratula incluso más que los números.

Trabajan para administraciones de todos los colores políticos. ¿En los encargos no hay polarización?

Cuando una administración hace un encargo, su ejecución es obligatoria. Tenemos una empresa profesional y leal a las administraciones, independientemente de la ideología. Somos un servicio público y eso es algo que tenemos que tener claro. Nadie puede decir que le trataremos mejor o peor. Vivimos en un país polarizado, pero es bonito contribuir a que esa polarización no crezca y aportar un elemento de estabilidad.

¿Qué plazos manejan con la restauración de las minas a cielo abierto en Asturias?

Las minas están avanzadas. Buseiro se acaba a principios de 2026 y el resto a lo largo del año, que son Cerredo y Tormaleo. Ambas son obras muy grandes. Hay otras tres encargadas por Castilla y León. El balance es positivo: el dinero se ha gastado en lo que se debía gastar.

Una vez restauradas, ¿tendrán futuro?

Deben tener futuro económico. Restaurar tiene un valor intrínseco, pero es una situación transitoria que permite a la economía ponerse en movimiento. Las administraciones públicas han invertido dinero y queremos que lubrique el funcionamiento económico. Incluso el diseño de los proyectos está pensado para una futura actividad económica. Esperemos que la haya.

Les tocó de cerca las desgracias mineras del año pasado e Asturias.

Fue una desgracia tremenda. Lo sentimos muy cerca. Uno de los accidentes ocurrió cerca de Cerredo, donde estamos trabajando. Tenemos que estar con los familiares.

¿Tragsa tendrá participación en la puesta en marcha de la Plantona de Cogersa?

Se ha planteado la posibilidad de que apoyemos en un primer momento, pero también tiene sentido que esté la empresa que ha hecho la instalación. Nosotros estaremos si nos llaman, pero sin ningún tipo de ambición. También está el debate de la presencia público-privada. Tenemos una gran relación con la consejería de Alejandro Calvo y sabe que puede contar con nosotros. Si nos encarga el trabajo, estaremos, y si no, también.

¿Fue complicada la gestión del caso del incendio? (La exconsejera Nieves Roqueñí apuntó a la responsabilidad de Tragsa, que hacía de operadora de la planta, una tesis que desmontó la Guardia Civil)

Cuando las cosas van bien, no suelen salir en los medios. En el incendio de Cogersa ocurrió un incidente muy desagradable, que no desearíamos nunca. Nosotros intentamos ser lo más francos posible. Somos un servicio público, profesionales. Si lo hacemos bien, bendito sea Dios; y si no, lo diremos. En aquel episodio nos pusimos a disposición y explicamos lo que hicimos.

Tragsa recibió quejas sobre contrataciones que, según algunas empresas, deberían haber ido al sector privado.

Ese equilibrio lo tenemos que hacer en todas partes. Cuando una administración nos plantea cosas que no debemos hacer, se lo decimos. El hospital de Cabueñes es un ejemplo de ello, pero lo lógico en cada caso es entrar en los aspectos técnicos. Vamos a ser siempre lo más honestos posible con quien nos quiera contratar. La conflictividad ha caído bastante porque hay trabajo para todos. La dana de Valencia también es un ejemplo importante: hemos trabajado allí, lo hacemos actualmente y lo hacemos con empresas privadas. No somos excluyentes; eso permite que las cosas vayan mejor. Estamos en un momento tranquilo y de comprensión mutua.

¿Qué pasará con el Hospital de Cabueñes de Gijón?

La consejera de Sanidad se dirigió a nosotros (para una posible ejecución de la obra), pero somos útiles en otro aspecto. Quizá en una primera instancia no es lo mejor que estemos ejecutando la obra, pero en todo lo que es apoyo técnico y realización de proyectos, sí. Ya hemos adjudicado parte de la redacción del proyecto a una UTE de varias empresas de consultoría y estamos en plazo. El Principado licitará después la obra a una empresa especializada, seguro. Nosotros seguiremos apoyando en la dirección de obra. Nos van a tener siempre como comodín para que la obra llegue a buen puerto.

Tuvo que comparecer en el Senado por la relación laboral de Tragsa con Jéssica Rodríguez, expareja del exministro José Luis Ábalos.

En un momento determinado fuimos conscientes de que podían haber ocurrido cosas que no deberían haber pasado e hicimos las investigaciones correspondientes. El Senado citó a varias personas y yo traté de ser lo más sincero, claro y pedagógico posible. Paralelamente hay un proceso judicial y algunas personas del grupo fueron llamadas a testificar. Por el momento, Tragsa no está imputada en nada, ni tampoco sus personas. Vamos a ver cómo acaban los juicios pendientes. Internamente hicimos nuestra investigación, fue independiente y yo no la llevé. Quería que se investigase todo hasta el final. Hemos puesto en marcha un plan de acción para que cosas que se produjeron no se vuelvan a repetir.

¿Qué pasó exactamente?

A la espera de lo que puedan acreditar los procesos judiciales en curso, creo que hay cosas que se han ido conociendo y constatando. Adif realizó un encargo a Tragsatec en el año 2016 para apoyos puntuales como resultado de necesidades no ordinarias generadas por puntas de trabajo. Para estos apoyos, muy temporales, se requería experiencia previa en el sector ferroviario y en el de las empresas públicas. Para atender el servicio se realizó una convocatoria de los puestos demandados, y Tragsatec seleccionó y contrató, entre otras, a una persona (Jéssica Rodríguez) con un contrato eventual para un periodo de seis meses. Esta persona, por indicación del cliente, debía trabajar en la sede física de Adif, cerca de la presidencia, como puesto de apoyo administrativo directo. Es lo que se solicitó y es para lo que se la contrató.

¿Cuál fue el problema entonces?

A los técnicos responsables del encargo en Tragsatec se les pidió desde Adif liberar del fichaje informático diario a esta persona por circunstancias de su trabajo. Sin perjuicio de ello, mensualmente se recibía desde Adif el parte de cumplimiento laboral completado por el usuario con su clave informática personal, debidamente rubricado. Es decir: mensualmente se recibía el parte de trabajo validado, se reconocía el cumplimiento, se certificaban las horas como ejecutadas, facturábamos y nos pagaban. En ningún momento se puso en cuestión que esta persona no estuviera trabajando, ni el cliente señaló ningún aspecto crítico con su trabajo. Nuestra relación con las administraciones se basa en la lealtad y la confianza. Entendemos que cuando una administración nos hace un encargo legalmente, y nos detalla condicionantes específicos, hay razones para actuar así. Y si el personal tiene que trabajar en la oficina del cliente damos por hecho que, salvo que el cliente nos manifieste malestar, esa persona hace su trabajo y además lo hace correctamente.

Dijo en el Senado que todo lo sucedido era "asqueroso" y "lamentable".

Se aceptó algo que no se debía aceptar (que se le permitiese no fichar) y tendríamos que haber estado más encima, seguro. Estaba muy enfadado en el Senado. Creo en lo público y eso se basa en que se saca dinero de los ciudadanos para gastarlo en lo que es conveniente. Tenemos que ser ejemplares, porque no es nuestro dinero. Está muy mal hacer las cosas mal.

¿Alguna vez vio algo raro?

No. En una empresa de 29.000 trabajadores es imposible verlo todo. Si hubiésemos tenido la más mínima sensación sospechosa no habría ocurrido. Me parece mal que los responsables públicos no hagan bien su trabajo. La ejemplaridad nos hace respetables ante los ciudadanos; si no, pensarán que no existimos. Me cabrea como funcionario, no por algo personal.

¿En España falta conciencia de la importancia del sector público?

La primera persona que te ve cuando naces es un funcionario y la última también, la que certifica tu defunción. Tiene que haber un volumen adecuado; no puede ser expoliador, pero la convivencia se basa en pautas comunes. Vivimos en una sociedad capitalista de mercado, pero tiene que haber niveles. Los pobres no pueden ser eternamente pobres y eso lo tiene que apoyar una administración. Es bueno que la administración esté, ayude, defienda en caso de conflicto armado o vigile las fronteras. Pero hay que hacerlo bien.

¿Cómo ve Asturias?

Tengo la sensación de que Asturias es consciente de que tiene que cambiar. Percibo movimiento. Hay que ir hacia una sociedad un poco distinta. Se mueven cosas muy interesantes a nivel económico y empresarial. Me ilusiona que el futuro no pase solo por ser un lugar turístico y maravilloso, sino por querer hacer cosas y tener un papel activo en la industria y los servicios. La industria de defensa, por ejemplo, está dando un empujón. La búsqueda de una salida tras el sector minero me parece bien y me ilusiona. Otra cosa es que los proyectos tienen que fraguar; esto va para generaciones. No bajar los brazos es positivo. Ya no veo nostalgia en la sociedad asturiana.

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