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La batalla de la defensa es global y nacional, no solo local: análisis sobre los retos del sector en Asturias

Una reflexión sobre del primer aniversario de la carrera de Indra por convertirse en el gigante armamentístico español y de la reciente demanda de GDELS

Llegada del primer vehículo blindado a El Tallerón de Gijón.

Llegada del primer vehículo blindado a El Tallerón de Gijón.

Yago González

Yago González

Oviedo

La noticia de que el Tribunal Supremo analizará un recurso de Santa Bárbara Sistemas, filial del gigante armamentístico estadounidense General Dynamics European Land Systems (GDELS), contra la concesión de créditos multimillonarios del Gobierno a Indra para que esta fabrique cientos de vehículos de combate en Asturias ha causado una elevada inquietud en círculos políticos y empresariales de la región, que temen que el litigio paralice las cuantiosas inversiones que maneja el sector, entre las que destaca la fábrica que esta segunda compañía está ultimando en Gijón. Con este movimiento, Santa Bárbara, histórico constructor de los blindados del Ejército español, intenta bloquear los planes del Ejecutivo de Pedro Sánchez para que ese rol pase a desempeñarlo Indra, empresa participada en un 28% por el propio Estado.

El episodio podría transmitir la tentadora pero falsa impresión de que lo que determinará que Asturias tenga una nueva factoría de blindados serán sólo cuestiones de ámbito nacional (esto es, la estrategia del Gobierno de Sánchez en materia de defensa y la decisión que tomen los jueces del Supremo sobre el recurso), y, secundariamente, de tipo regional (los equilibrios del Ejecutivo de Adrián Barbón por allanar el camino a Indra sin incomodar excesivamente a Santa Bárbara). Pero la partida es mucho más amplia, mucho más compleja. La industria de defensa de cualquier país del mundo es un asunto de Estado que necesariamente debe analizarse con una visión de conjunto: es imprescindible alejar el foco y observar el panorama completo, del mismo modo que, en una guerra, el general no puede preocuparse por la munición de un soldado, sino que debe planificar la táctica de todas sus tropas.

A raíz del conflicto bélico de Ucrania, la Unión Europea (UE) tomó la decisión de reducir la alta dependencia de su sector defensivo de la industria estadounidense, responsable de más del 60% de los suministros. Bruselas quiere que en 2030 ese porcentaje sea inferior al 50%, lo que está empujando a los países miembros de la UE a fomentar una industria militar propia que compita cara a cara con la norteamericana. Otro elemento clave en este viraje ha sido el posicionamiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que en su segundo periodo en la Casa Blanca, iniciado hace un año, ha intensificado sus exigencias a los socios de la OTAN (con partícula énfasis a España) de que eleve su gasto en defensa.

En estas circunstancias, el Gobierno de España ha decidido que Indra se transforme en la gran empresa del sector de la defensa en todas sus manifestaciones: terrestres, aeroespaciales, cibernéticas... Y la apuesta va en serio: desde su nombramiento hace un año, Ángel Escribano ha liderado numerosas compras, alianzas y proyectos para convertir a la empresa en un gigante armamentístico. Sólo se le ha atragantado un objetivo: comprar Santa Bárbara a GDELS. Ante la negativa de los estadounidenses, Indra ha decidido actuar por su cuenta y montar su propia fábrica en el Tallerón.

Los planes de Indra no se limitan a España. La compañía también tiene intereses prioritarios en Reino Unido, donde quiere multiplicar su plantilla por cinco. Si bien de momento parece que los planes en el país británico se centran en comunicaciones, sistemas antiaéreos y drones, el desembarco en las Islas implica un salto cualitativo que evidencia que la empresa quiere jugar en la liga europea de la defensa. Fuentes del sector consideran que este movimiento podría haber desatado las alarmas de GDELS, división europea de General Dynamics, para intentar cortar de raíz los planes de Indra donde más podrían doler: en los sistemas terrestres, donde la compañía quiere ejercer como referente, de momento, a nivel español.

El movimiento de GDELS también encajaría con el enfoque económico de la Administración Trump, muy centrado en proteger la industria estadounidense. A la Casa Blanca muy probablemente no le agrade que Sánchez –que renunció a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB, como exigía Trump– haya priorizado a las empresas españolas en la estrategia de rearme.

Optar por una industria nacional de defensa es un planteamiento razonable y con visión de país. Lo deseable es alcanzar ese fin con los medios adecuados. El intento de fusión de Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), compañías presididas respectivamente por los hermanos Escribano, está siendo objeto de muchas críticas en el sector.

A todo ello hay que añadir otro elemento en clave nacional. El hecho de que la hoja de ruta de Indra tenga una marcada dirección política alberga dentro de sí su propia vulnerabilidad: que el planteamiento se altere si hay un cambio de Gobierno. De nuevo, fuentes del sector en Asturias también sopesan la opción de que GDELS (asesorada por Iván Redondo, ex gurú político de Pedro Sánchez) haya vislumbrado un horizonte electoral no muy lejano a la hora de decidir dar la batalla en el Tribunal Supremo.

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