Un rubicón para el Gobierno asturiano: el análisis de Vicente Montes sobre el lío con la financiación autonómica
La reforma de la financiación que plantea Pedro Sánchez no satisface al Ejecutivo de Barbón, pero expresar la discrepancia supondrá un paso relevante que evidenciaría que el modelo solo persigue salvar los acuerdos catalanes

María Jesús Montero y Adrián Barbón, durante una reunión mantenida en el pasado. / EFE
Larga debió de ser la noche del 10 de enero del año 49 antes de Cristo (tal día como hoy), cuando Julio César meditó, envuelto en dudas, si cruzar o no las aguas del Rubicón, un río de poca profundidad al nordeste de Italia, pero con especial simbología en el derecho romano: ningún general podía atravesarlo con su ejército en armas. Julio César fue consciente de lo que suponía traspasar el torrente de aguas frías con sus huestes desde la Galia Cisalpina en su camino a Roma, y cuentan las crónicas (Suetonio, en su "Vidas de los doce césares") que el general dio la orden proclamando la inmortal expresión de "alea iacta est". La suerte está echada. No hay vuelta atrás. Cruzar el Rubicón es dar un paso que irremediablemente establecerá que las cosas serán distintas a partir de entonces.
El nuevo modelo de financiación autonómica anunciado por la ministra María Jesús Montero supone, en cierto modo, un Rubicón para el gobierno asturiano del socialista Adrián Barbón. Es evidente que la formulación no gusta a los socialistas asturianos, que además han vinculado su posición a un acuerdo de los distintos partidos en la Junta que es claro en las líneas rojas. La cuestión está en si el Principado llegará al punto de hacer explícito su rechazo.
Tres son las comunidades autónomas gobernadas por los socialistas sujetas al régimen común: Cataluña, a cuyo agrado se dirigen claramente los pasos del Ejecutivo de Sánchez (principalmente hacia los socios que pueden garantizar la estabilidad presupuestaria a Salvador Illa), Asturias y Castilla-La Mancha. El castellano-manchego Emiliano García-Page, cuya animadversión sanchista es reconocida, ha llegado a reclamar una convocatoria de elecciones generales ante lo que considera un modelo que supone "un atropello". Señaló que "no participará bajo ningún concepto del intento de suicidio político de la izquierda que algunos están buscando en España solo por interés personal" y consideró contaminada la propuesta de reforma de la financiación planteada por Montero porque está "pactada con los independentistas" y formulada "a espaldas del resto del país".
¿Se mantendrá Asturias en una posición de calculada ambigüedad? Las comunidades gobernadas por el Partido Popular han salido en tromba en contra de la propuesta del Gobierno. Al Ejecutivo de Sánchez le interesa claramente contar con el respaldo de ERC para así lograr sus objetivos políticos en Cataluña y, de paso, conseguir cierta árnica en el Congreso de los Diputados. Si ni siquiera las comunidades populares han picado en el anzuelo que supone una inyección de dinero para algunos territorios tradicionalmente quejosos por sus cuentas, ¿va a comprar el Principado esa mercancía?
Las relaciones entre el Ejecutivo asturiano y el Gobierno de Sánchez no atraviesan los mejores momentos. Pero más allá de la discrepancia con el ministro de Infraestructuras, Óscar Puente, sobre el peaje del Huerna, Asturias no ha establecido una posición de abierta disputa. Es cierto que ha expresado disconformidad, pero sin combate. Pero que el gobierno asturiano deje claro su rechazo al modelo de financiación supondría dejar al ejecutivo de Pedro Sánchez desnudo ante sus únicos objetivos electorales: Cataluña y Andalucía, donde la propia María Jesús Montero intenta mejorar su posición como candidata. Es por eso que el momento en que el Gobierno de Asturias verbalice un rechazo claro a la hoja de ruta de Sánchez supondrá un punto de no retorno, no solo para el Ejecutivo de Barbón, sino también para la lectura puertas adentro en el PSOE. No es extraño que un Presidente del Gobierno consiga el rechazo de los territorios gobernados por el partido contrario; resulta demoledor que además lo reciba de los controlados por sus propios barones en una cuestión de tanta trascendencia política como la financiación autonómica.
Las costuras del modelo
La ministra Montero suele vestir de aparente "objetividad" fórmulas que, a la postre, resultan "subjetivas". Ocurrió con la quita de deuda: establecer un cálculo no implica que sea justo, aunque sea exacto. La precisión no conlleva arrinconar la discrecionalidad. En la ya citada quita de deuda, la fórmula objetiva de Montero terminaba a la postre dando como resultado lo que ERC había reclamado. En este caso ocurre algo parecido: primero se busca cumplir las demandas y luego se extiende a todos los demás la fórmula ideada.
Las tripas del "modelo Montero" aún están bajo la lupa de los expertos en financiación autonómica, porque faltan muchos flecos esenciales para poder hacerse una visión amplia. Pero algunos de los académicos consultados por este periódico reconocen que hay un claro objetivo de "vestir técnicamente" un acuerdo político previo, que perseguía elevar la financiación de Cataluña. También, además, tendiendo a establecer un principio de "ordinalidad" que para el PSOE asturiano ha sido una línea roja. La ministra no fue clara: dijo que su modelo "tiende" a la ordinalidad, pero que no está garantizada, salvo para Cataluña, que la demanda. El propio Oriol Junqueras llegó ayer a admitir que la ordinalidad solo se cumplirá con Cataluña porque es "inaplicable" en todas las autonomías.
Precisamente esas costuras aparentemente teledirigidas son las que siembran las dudas sobre el modelo de reforma del sistema de financiación. Objetivamente, analizando únicamente sus propuestas, quizás podrían encontrarse bondades y deficiencias en el nuevo modelo, pero los tiempos de polarización lo convierten en papel mojado si las comunidades del PP lo rechazan (pocas alternativas caben dada la situación política actual) y los objetivos confesados del Gobierno central por agradar a los partidos que necesita lo desnudan de trascendencia.
Hay que reconocer que Pedro Sánchez gana tiempo colocando sobre la mesa un asunto que focaliza el debate político, que agita el panorama en plena temporada electoral autonómica y que alimenta la división en el independentismo catalán. Es posible que tras un largo periodo de discusión política y mediática ni siquiera la reforma llegue al Congreso. Pero también lo es que el empeño de Sánchez por seguir sus apuestas hasta el final convierta la reforma de la financiación en un nuevo trampantojo en el hemiciclo.
Sea como sea, en algún momento el Gobierno asturiano deberá inclinar su balanza hacia el respaldo o el rechazo. Con lo hasta ahora sabido, el platillo del "no" es el más pesado. Para cambiar eso tendrá que haber claras concesiones por parte del Ministerio. En todo caso, con su sí o con su no, el Ejecutivo asturiano cruzará un Rubicón tras el cual ya nada será igual.
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