Los 2.300 rehenes de Arnao, nuevas investigaciones elevan el número de represaliados por Franco internados en el campo de concentración de Castropol
Las instalaciones estaban pensadas para retener a las familias de los "fugaos" y obligarlos así a entregarse

Fernando García, en la zona que se ubicaba el campo de concentración de Arnao, que hoy es un área recreativa / TANIA CASCUDO

Fernando García Rodríguez, profesor e investigador en memoria histórica, presenta este martes, día 19, a las 19.30 horas en el club LA NUEVA ESPAÑA, la segunda edición revisada y ampliada de su libro "Memoria de Arnao. Campo de concentración de Figueras", el primer estudio riguroso sobre el recinto en Castropol –alambrado y con barracones– donde el régimen franquista internó a miles de personas desde la Guerra y hasta 1943. Le acompañará en la presentación el expresidente del Principado Javier Fernández, que forma parte del grupo familiar que más miembros tuvo presos en ese campo, entre ellos su padre, sus abuelos y dos tías. Estas son las claves de este riguroso estudio desgranadas por Fernando García:
Qué fue Arnao. "Fue una estructura de barracones creada ex profeso para ser campo de concentración. No utilizaron edificios previos como en otros centros de reclusión de Asturias o España.
Hay dos periodos claramente distintos en el campo. Durante la Guerra Civil, fue un campo de prisioneros de guerra. Después, desde octubre de 1939 a junio de 1943, pasó desempeñar otra función totalmente distinta; es la etapa de los ‘presos gubernativos’".
"Presos gubernativos" es igual a "rehenes". "Efectivamente, ‘presos gubernativos’ es un eufemismo. El término que seguramente se acerca más es ‘rehenes’. Cuando se comentan las particularidades de esta instalación se hace mucho hincapié en las malas condiciones de vida, pero el objetivo no era aniquilar a las personas presas, sino utilizarlos específicamente como rehenes para que aquellos familiares que supuestamente protegían y amparaban se entregasen. Los internados eran personas vinculadas, o que se les vinculaba de alguna manera, con las personas que el régimen no tenía controladas. Tampoco son específicamente guerrilleros en el sentido pleno de la palabra. Eran lo que genéricamente se llamaba huidos".
Cuántos presos hubo. "Del periodo en que en el que fue un campo de prisioneros de guerra, tenemos poca información como para hablar específicamente de quién estuvo allí preso y cuántos hubo. Tenemos testimonios de la llegada de tandas enteras de hasta 1.500 personas. Pero, dada la dinámica de presos que entraban y salían, es prácticamente imposible calcular cuántos pasaron por Arnao con la información que ahora tenemos. Estimamos que fueron miles. Del periodo de ‘presos gubernativos’, con nombres y apellidos, tenemos identificadas a unas 2.300 personas".
Represión familiar. "El objetivo era presionar al máximo a esas personas desaparecidas para que se entregasen. Había varios factores. Uno, la potencia de la represión y, dos, las condiciones en que quedaban las familias. En el caso de familias con hijos pequeños, si el padre estaba huido y a la madre la traían presa a Arnao, los niños o quedaban a cargo de otros familiares o venían con la madre. No había otra alternativa. Tenemos documentados hasta 40 grupos emparentados entre sí. Familias que llegaban incluso a tener hasta 8 miembros encarcelados en Arnao simultáneamente. Hombres, mujeres y niños; desde catorce años y pico a bebés. Hubo un nacimiento en campo, que se llamaba Fidel Agustín Álvarez Terente, al que no hemos podido localizar".
La criba. "El procedimiento era muy sencillo. El alcalde correspondiente con sus alcaldes de barrio, apoyados por la Guardia Civil y Falange, revisaba el censo en cada concejo y hacía el filtro previo. Ahí funcionaba la información que ya se tenía persona a persona. Ya había constancia de personas huidas y de las que estaban escondidas tampoco se sabía más, simplemente que no estaban en su lugar. Luego se caracterizaba a cada una de esas personas y se probaban distintas estrategias para obligarlos a que se entregasen… Finalmente se probó la eficacia de tomar como rehenes a sus propios familiares. Según confesiones documentadas de la propia columna de operaciones de Asturias eso fue lo que resultó más eficaz. Y así se traía a Arnao concretamente, no a otro lugar, a esos familiares que se supone que protegían, o al menos no declaraban, la ubicación de esa persona que no tenían controlada las autoridades. Fue una estrategia fue muy efectiva. Tenemos constancia, por ejemplo, en el municipio de Las Regueras de una partida de ciento y pico ‘presentados’ de una tacada, de todo tipo de edades que se presentaron precisamente por la persecución que se hacía sobre sus familias".
La vida en arnao. "Es un campo que está bastante separado de Figueras, dos kilómetros. De Villadún, la aldea más cercana, hay un kilómetro. Un campo situado en una campiña costera, donde las situaciones climatológicas eran bastante complicadas, sobre todo en invierno, a pesar de que los barracones estaban orientados para proteger la explanada. En cuanto a la alimentación, evidentemente estamos en un periodo de hambre radical a todos los niveles. Si en los propios pueblos de Asturias en esa época había carencias importantes de alimentación, no es difícil imaginarse lo que podría existir en una instalación de este tipo. A pesar de que no era una instalación prevista para matarlos de hambre precisamente, las condiciones para dar suministro a un campo de esa envergadura, prácticamente un pueblo, eran complicadas. Y las condiciones higiénicas, también eran difíciles. Llegaron a construir unas letrinas pero estaban al borde del acantilado y había dificultades para hacer uso de ellas. El suministro de agua para aseo dependía de una pequeña fuente y de un riachuelo o, incluso, de sitios un poco más próximos al mar donde procuraban asearse con relativa intimidad, algo que no era fácil en estas circunstancias. En general, la situación era muy precaria.
Los hechos y la convivencia. "La segunda edición del libro surge como necesidad de recoger y de incorporar todo lo que surgió en los descubrimientos de los archivos municipales, de la interacción continua con familiares y supervivientes a partir de la primera edición y de la corrección y mejora de inexactitudes, lagunas y errores. Con todo ello aumentamos el censo de personas que pasaron por Arnao en más de cien personas, logramos identificar el lugar de procedencia de más del doble de personas que en la primera edición, hemos logrado identificar más del doble de grupos familiares presos y logrado identificar más del doble de menores de 15 años".
"El objetivo claro del libro no es nada oculto: es conocer los hechos. Nada más. Los hechos hablan por sí mismos. Ahora, en cambio, se está haciendo al revés: primero se dice lo que uno piensa sin explicar por qué, sin explicar los hechos. Lo que yo estoy aprendiendo con esta investigación es que cualquier esfuerzo por mantener la convivencia es poco. Ahora mismo hemos de reivindicar el valor de lo que tenemos. Cualquier debilidad en la defensa de nuestra convivencia tiene efectos tremendos. Nos lleva a recordar esos momentos en los que, al romperse la convivencia, se produjeron dramas como los del campo de concentración de Arnao".
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