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Este es el retrato del presidente Vicente Álvarez Areces que ahora sale a la luz

Adrián Barbón lo presentará mañana a pesar de que el socialista decidió incorporarse en su día a la galería con una fotografía

El trabajo de Pantaleón con el retrato de Areces.

El trabajo de Pantaleón con el retrato de Areces.

Oviedo

La mayor certeza a la que se puede llegar en la polémica por el nuevo retrato de Vicente Álvarez Areces que Adrián Barbón presentará mañana a pesar de que el expresidente socialista decidió en su día incorporarse a la galería con una fotografía, al considerar un despilfarro gastar dinero público en un cuadro, es que en ambas obras, en la nueva del pintor José Pantaleón y en la del fotógrafo Ramón Jiménez, Tini conserva esa expresión tan suya, algo escrutadora y enigmática, seria y sesuda en un ángulo de las cejas pero casi al punto de la coña en la comisura de los labios. Sería, seguro, la cara que pondría al encontrarse con esta disputa que cruza el debate artístico, el económico y del respeto a las últimas voluntades.

El pintor ovetense José Pantaleón niega la posibilidad de conflicto, incluso en lo tocante a los dineros, que estuvieron en el origen de la decisión de Areces. "Son cosas distintas. Tú puedes querer una pintura o una fotografía. Los Reyes de España, por ejemplo, se hicieron unas fotos con Annie Leibovitz hace dos años. Otra cosa distinta, que tiene peor sentido, es hacer un cuadro de una foto oficial, una reproducción pictórica".

No es éste el caso. Cuando Vicente Álvarez Areces finalizaba su última legislatura, en 2011, surgió la polémica por la pretensión de Francisco Álvarez-Cascos, entonces ministro de Fomento, de que le retratara el pintor Antonio López, un encargo que rondaba los 190.000 euros y terminó anulado por la ministra del PP Ana Pastor.

El fotógrafo langreano Ramón Jiménez estaba presente cuando escuchó a Tini Areces justificar su decisión de que quería tener una fotografía en vez de un cuadro. "Dijo que gastarse ese dineral era un abuso, y que no estaba la cosa política para gastar en eso. Yo le había hecho unas fotos que habían quedado bastante bien, y decidió usar una de ellas para el tema. Tenía esa convicción firme de que quería gastar lo mínimo posible, y yo les salí bien barato, 600 euros, lo recuerdo perfectamente".

El retrato de Tini, una polémica que salta de la fotografía a la pintura

La foto de Ramón Jiménez. / LNE

En la decisión pesó la crisis económica del momento y el escándalo de Cascos. Pantaleón, que precisamente hizo después para el Principado el retrato del exministro de Fomento en condición de expresidente regional (y también el de Javier Fernández), también se acuerda de aquella decisión, pero justifica el encargo que él ha recibido ahora de Barbón: "Tini estaba en aquello de que le hicieran una foto por probe, porque no quería gastar, pero lo que no dijo nunca fue ‘no me hagáis nunca un retrato para completar la galería de Presidencia del Principado’".

El cuadro cuenta, además, con la aprobación y el asesoramiento de la viuda del expresidente, Soledad Saavedra, se argumenta a favor del nuevo retrato, mientras que colaboradores de Areces creen que se desvirtúa la voluntad del expresidente.

La de Areces no es la primera discusión sobre el soporte o la técnica empleada por los cargos públicos para pasar a la posteridad en un retrato. La polémica recuerda en parte a la del presidente del Congreso de los Diputados Manuel Marín, que eligió ser fotografiado pese a la tradición que dictaba lo contrario. Su sucesor, el también socialista José Bono, lo llevó mal. Le resultaba inconcebible, le pidió que lo reconsiderase y llegó a decirles a los periodistas: "Si finalmente Marín creyera que debe enviarnos una fotografía en vez de un cuadro, como se ha hecho desde 1810, lo dejaría colocado en mi despacho para que la siguiente Mesa del Congreso decida qué hacen con la fotografía".

La obra consta hoy en la categoría de "pinturas". Es, en todo caso, un retrato de autor, una fotografía de la Premio Nacional Cristina García Rodero, natural de Ciudad Real, al igual que Marín, que costó 24.780 euros.

Al margen de los dineros, el cuadro de Pantaleón presenta a Areces saliendo de unos planos de color –"alguien que se movió mucho", razona el artista, "que nos metió el Niemeyer, la Laboral, la reforma del Bellas Arte"–. Aparece con una de sus grandes chaquetas, como si se estuviera mirando al espejo con esa expresión de risa contenida y en una composición no convencional, "incómodamente desplazado del centro del cuadro", describe Pantaleón.

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