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Antonio Díaz produce miel ecológica en el parque asturiano de Redes: "Hay días que trabajas 15 o 16 horas... Y ahora llega esto de Mercosur cuando estoy emprendiendo"

Este joven emprendedor cuenta la dura rutina de producir miel y la lucha contra enemigos como la velutina o la varroa

Antonio Díaz produce miel ecológica en el parque asturiano de Redes: "Hay días que trabajas 15 o 16 horas... Y ahora llega esto de Mercosur cuando estoy emprendiendo"

Amor Domínguez

Mariola Riera

Mariola Riera

El joven Antonio Díaz tiene 25 colmenas en Campo Caso (concejo de Caso) y un plan ambicioso en marcha: “Me voy a lanzar con 150”. Acaba de empezar en el programa Incorpórate al Agro -plan del Principado para ayudar a jóvenes con proyectos en el entorno rural- y lo cuenta con la mezcla de ilusión y vértigo de quien arranca un proyecto de vida en el medio rural asturiano, de la mano de su pareja, Sara Santiago.

Su apuesta es clara: crecer “y tener un pequeño colmenar con una miel ecológica y de alta calidad en el Parque Natural de Redes”. Pero esa frase, que suena a postal, esconde una realidad mucho más áspera. “Esto supone lo que supone trabajar en el campo”, resume, y enseguida despliega la lista de tareas: desbrozar, mantener “los prados al día”, cuidar las colmenas y pelear con amenazas cada vez más frecuentes.

En la trastienda del oficio están los enemigos que no dan tregua: la velutina y la varroa. “Trabajar contra todo ese tipo de inconvenientes...”, dice resignado Antonio, que habla desde la experiencia y también desde la prevención de estas plagas: para sacar adelante el colmenar hay que estar encima, aplicar tratamientos cuando toca y no fallar en los tiempos. Y luego está lo más elemental. “Las abejas pican”, recuerda, porque la apicultura también es un trabajo físico, a la intemperie y con riesgos.

La dureza se mide en horas. “Hay días de descanso, pero luego hay días que tienes que trabajar 15, 16 horas”, explica. Señala campañas especialmente exigentes: la de sacar la miel y la de tratar la varroa, momentos en los que el calendario manda y el cuerpo tiene que resistir. “Es un bicho que pica”, insiste una vez más respecto a las abejas. Un recordatorio de que aquí no hay romanticismo, sino oficio.

Con ese escenario, el golpe de incertidumbre llega por una puerta inesperada: el acuerdo de la UE con Mercosur. Y la miel es uno de los productos asturianos amenazados. A Antonio le cae encima “empezando el proyecto; por decirlo así, en fase de emprendedor”. Lo que le preocupa no es solo competir con productores del otro lado del Atlántico: es hacerlo contra una miel que, según denuncia, llega “sin las mismas garantías sanitarias” y “con otro tipo de fitosanitarios”, con menos controles y, sobre todo, con “un precio muchísimo menor”.

Por eso su testimonio se ha sumado al clamor del campo asturiano en Oviedo. “La delegada no está ni se le espera”, coreaban cientos de ganaderos en la plaza de España, entre tractores, pancartas, cencerros, pitos y sirenas. La protesta tuvo tensión: los vehículos llegaron a colapsar la zona, hubo un amplio dispositivo policial ante la Delegación del Gobierno y se quemaron fardos de hierba, con el ambiente caldeado por la negativa de Adriana Lastra a recibir a las organizaciones agrarias.

En esa tractorada, el mensaje fue el mismo desde sectores distintos: temen competir “en inferioridad de condiciones” frente a productores que, según denuncian, cumplen menos exigencias y pueden vender más barato. Se señala al sector cárnico como gran perjudicado, pero también a quienes hacen miel o producen faba, con un sentimiento compartido: que decisiones tomadas lejos, como la firma del acuerdo en Asunción (Paraguay), pueden traducirse aquí en una amenaza directa. Antonio lo resume mirando al futuro: “Yo me veo dentro de 5, 10, 15 y 20 años… es un proyecto vital”. Y por eso siente que Mercosur es “un hándicap que ya nos ponen a nada más empezar”.

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