Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La dura rutina de Lorena Fernández, ganadera de leche y madre de dos hijos: "Este trabajo es 24/7; el día de Año Nuevo, a las tres de la mañana, parió una vaca"

Tiene 47 años, heredó la explotación familiar, se levanta a las siete menos cuarto y antes de ir a ordeñar tiene que dejar a "la gente menuda" en el colegio: su padre, "jubilado", tiene que ayudarle

Se sumó a las protestas contra el pacto de la UE con Mercosur: "La gente de la ciudad va a comer mucha metralla"

La dura rutina de Lorena Fernández, ganadera de leche y madre de dos hijos: "Este trabajo es 24/7; el día de Año Nuevo, a las tres de la mañana, parió una vaca"

Amor Domínguez

Mariola Riera

Mariola Riera

Lorena Fernández González, ganadera de leche de 47 años en Villartorey (concejo de Villayón), habla con la serenidad de quien lleva toda una vida entre vacas y prados: “Toda la vida en casa tuvimos ganado de leche”. Pero también con la rabia de quien se ve con derecho a protestar. Cogió el relevo familiar muy joven —“desde los 23 años llevo con ella”— y no reniega del camino elegido. Lo que le duele, dice, es otra cosa: “Me arrepiento de que la gente valora muy poco esta profesión”, pese a que “el sector primario es la base de toda la economía de un país”.

Su día a día no deja espacio para idealizaciones. “La ganadería es un trabajo 24/7, todos los días del año. No hay vacaciones, ni hay festivos, ni hay navidades”, resume. Y lo aterriza con una escena que en el campo se vive sin dramatismo, pero que fuera impresiona: “el día de Año Nuevo, a las 3 de la mañana parió una vaca”. En la ganadería, el reloj no manda: mandan los animales.

A esa dureza se suma la vida familiar, y ahí Lorena subraya algo que pocas veces se cuenta: si eres mujer, “tienes que compaginar también el ser madre”, “compatibilizar la profesión con la vida en casa, que tampoco es fácil”. Ella tiene dos hijos y reconoce que la conciliación en el campo es una carrera de fondo, pero también reivindica un “privilegio”: mientras otros “no ven a los nenos hasta que vuelven por la noche”, ella pudo recibirlos al bajar del autobús, llevarlos a clases y tenerlos cerca, “andando por la ganadería” desde pequeños.

Su jornada, como muchas en el rural, empieza antes de que amanezca. “Me levanto a las 7 menos cuarto. Voy a ver al ganado, pero antes tengo que mandar para el instituto a la gente menuda. Y luego ya hacemos la faena. Lo primero es ordeñar”. Y en ese engranaje aparece otra figura clave: su padre, jubilado, que “ya está en la cuadra” mientras ella organiza la mañana de casa. “En el campo, la gente jubilada es un pilar fundamental”, defiende, porque aunque “deberían de tener su época de descanso”, siguen echando una mano.

Lorena incluso recuerda una frase que corre de boca en boca en los pueblos y que resume la paradoja de la jubilación agraria: “Decía un abuelo en mi pueblo que lo peor que le podía pasar a un ganadero era que el hijo siguiera con la profesión, porque entonces nunca se jubilaba, no descansaba nunca”. Ese relevo generacional tan reclamado fuera del campo, dentro se vive muchas veces como una continuidad sin respiro.

Con ese telón de fondo, su presencia en las protestas de Oviedo contra el pacto de la UE con Mercosur cobra más sentido. “Hoy por ejemplo estamos aquí manifestándonos principalmente por el futuro pacto de Mercosur”, explica, convencida de que no es un problema solo del sector: “Aparte de ganaderos y agricultores debería estar toda la población manifestándose aquí”. Lo dice sin rodeos y con una advertencia que busca sacudir conciencias: “Los que somos de pueblo dentro de lo malo no nos faltará que comer. Pero la gente de la ciudad va a comer mucha metralla y eso no se da cuenta”. Se refiere a la llegada de productos de agricultura y ganadería de los países sudamericano de Mercosur tras el acuerdo con la UE.

Ese mismo clima se palpó en la tractorada en la plaza de España: “La delegada del Gobierno no está ni se le espera”, coreaban los ganaderos, entre pancartas y cencerros, con los tractores colapsando calles y un amplio dispositivo policial ante la Delegación del Gobierno, donde llegaron a quemar fardos de hierba. El enfado tenía un destinatario inmediato —la negativa de Adriana Lastra a recibir a las organizaciones agrarias—, pero el motivo de fondo era el mismo: el acuerdo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firma en Asunción (Paraguay) y que, denuncian, obligará a competir en “inferioridad de condiciones”, con menos exigencias al otro lado del Atlántico y precios más bajos. Para Lorena, la amenaza no termina en las granjas: “Van a caer los talleres, va a caer la industria agroalimentaria”, insiste. Y en esa cadena, advierte, el golpe acabará llegando a todos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents