Sebastián Orviz y Jairo Prendes, jóvenes ganaderos de ternera asturiana: "Alguien tiene que tirar por ello, aunque pongan tantas trabas"
Con solo 19 y 20 años, ambos mantienen el legado de sus abuelos mientras luchan contra un sector castigado por las restricciones y el lobo

Amor Domínguez
Son el futuro de la profesión y a quienes más afectará, a largo plazo, el acuerdo con Mercosur. La juventud del campo tomó este viernes las calles de Oviedo para defender un sector por el que apuestan a pesar de sus dificultades. “Alguien tiene que tirar por ello, aunque pongan tantas trabas, ¿sino de dónde comemos?”, dice Sebastián Orviz, ganadero de vaca asturiana de la montaña.
El lavianés recuperó recientemente la tradición familiar. Sus abuelos fueron ganaderos antes que él, aunque en su casa llevaban años sin tener vacas. Ahora, a sus 19 años, él ha decidido dar un paso adelante porque, insiste, “alguien tiene que seguir”: “Veo futuro, aunque lo pongan difícil”.
Su jornada laboral comienza entre las 7.30 y las 8.00 horas de la mañana. El primer paso es soltar las vacas y empezar a preparar todo el material, limpiar la cuadra… Y así hasta que da la hora de volver a guardarlas. Es, reconoce, “un trabajo sacrificado” en el que no existen las fiestas ni los días de descanso, aunque al final, como puede, acaba rascando algo de tiempo.
A pesar de las largas horas y las jornadas interminables, Orviz espera retirarse como ganadero. “Por intentarlo que no sea”, dice sobre su futuro.
"Quieren acabar con el sector"
Respecto a Mercosur, lo que más le preocupa son las bajadas de precio que va a acarrear la entrada de producto exterior y lamenta que “quieren acabar” con el sector. Aun así, advierte: “Estamos aquí para que no sea así”.
Esperando para seguir también los pasos de su abuelo, al frente de una ganadería de asturiana de la montaña, está Jairo Prendes, vecino de la zona del Sueve. En su casa se mamó desde siempre el amor por el campo y tiene claro que “no quiero perder todo lo que viene de atrás”. “Mi sueño sería vivir de ello, pero vivir de ello de verdad no tener que compaginarlo”, dice este joven de tan solo 20 años.

Jairo Prendes, ganadero del Sueve. / LNE
Aunque está a la espera del curso que le permita ponerse a frente de la explotación, Prendes realiza ya una intensa labor. Se levanta sobre las siete de la mañana y se encarga de cebar a la treintena de vacas que tienen. Próximamente, además, tocará meterlas en la cuadra y realizar labores de saneamiento.
El lobo, un problema "criminal"
Prendes sabe cuándo empieza su día, pero no cuándo acaba: “Depende del día”, reconoce entre risas. No obstante, está dispuesto a hacer el sacrificio que un trabajo así, que aprendió de su abuelo, Joaquín Prendes, y de su hermano, conlleva.
Además de los problemas que acarreará Mercosur, en su caso tiene que hacer frente a otro enemigo: el lobo. “Es criminal lo que están haciendo. Yo tuve que quitar todas las ovejas y cabras, aunque empiezo ahora de nuevo porque cuento meter algún perro”, cuenta.
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