Opinión
"Bronca a la mesa con Montero": la crítica "gastropolítica" de Vicente Montes al menú de financiación diseñado por la Ministra
El clima político impide un diálogo sereno sobre la financiación
El reto del PP: presentar una alternativa
El disgusto de Asturias con el menú

"Bronca a la mesa con Montero" / Pablo García
Cualquiera que haya organizado una comida para numerosas personas sabe que el conflicto está servido: nunca se acertará con el gusto de todos, algunos cuestionarán cada ingrediente, los habrá que se sentirán peor atendidos que otros y hasta será motivo de batalla dónde se colocaron los platos de croquetas. Cada vez que se ha reformado el sistema de financiación autonómica ha ocurrido algo parecido: se cambia la receta, se varían los ingredientes, se promete que nadie saldrá con hambre, y algunas broncas se mantienen a los postres. En el contexto actual en el que la ministra María Jesús Montero ha servido una olla de lentejas "a la catalana", advirtiendo a quienes cuestionan el plato que "o las tomas o las dejas", hay varias razones de más que calientan el lío: primero, el clima político es especialmente bronco; segundo, el PP difícilmente aceptará nada que salga del Gobierno y, tercero, se notan demasiado los ingredientes añadidos al plato para contentar a algunas comunidades, en especial Cataluña.
Esperar paz y armonía entre los territorios cuando se afronta la reforma de la financiación es idílico. Ya en 2001 José Luis Rodríguez Zapatero calificaba de "impuesto y poco solidario" el modelo presentado por el gobierno de Aznar, al considerarlo "pactado en el despacho" del gobierno catalán de CiU. Ocho años después sucedió algo parecido pero con los actores intercambiados: el gobierno de Zapatero inició una reforma previamente "consultada" con el tripartito catalán y fueron las comunidades del PP las que devolvieron la crítica. El problema llega cuando, al margen de las discrepancias, se acude con hambre a la mesa. Montero calcula que, una vez puesto el dinero sobre la mesa, se fragmentará la unidad férrea de los gobiernos del PP que quiere establecer Alberto Núñez Feijóo. Ocurrió en otras ocasiones, con diferencias entre las posiciones de los partidos y los territorios una vez perfilado el modelo.
Pero en esta ocasión el PSOE de Pedro Sánchez tiene muy ajustada una votación en el Congreso y a un PP poco dispuesto a cesiones. Hay hasta final de año tres elecciones autonómicas de por medio y muchas posibilidades de que este asunto se enrede. El clima es malo, pero las lentejas de Montero tampoco son un buen plato para muchas comunidades: no tanto por algunos de sus ingredientes, sino por lo grosero de otros para conseguir beneficiar los objetivos de Cataluña. El truco de cocina de siempre es el de añadir dinero al sistema: un plato grande siempre parece mejor. De paso se pone más difícil para las comunidades crípticas explicar su renuncia. En esta ocasión, Montero introduce 21.000 millones adicionales, en gran parte para tratar de abrir una brecha en las posiciones de las comunidades del PP y, también, hacer a Junts reconsiderar su postura.
El Partido Popular ha prometido plantear su propio modelo de financiación: hacerlo será también abonarse a las críticas de alguien. Pero tiene razón la ministra en que instalarse en el no por sistema no ayuda a nada; mejor mostrar alternativas. En Asturias, las lentejas de Montero no gustan. Sin matices. El Gobierno asturiano no ha querido caer en el rechazo frontal que ha expresado el castellano-manchego Emiliano García-Page, ni mucho menos abonarse al frente a la contra del PP. Ha tomado por la palabra las vías de negociación que ha prometido la ministra para ver si algo cambia, pero en el Ejecutivo son conscientes de que el margen es escaso. La vicepresidenta Gimena Llamedo dejó claro que la propuesta del Ministerio no responde a las líneas exigidas en el pacto político de los partidos asturianos en la Junta. El consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, de vacaciones familiares en Canarias ya programadas con anterioridad (padre de dos hijos pequeños, solo se reserva una semana en agosto y otra en enero), se lo explicó también telefónicamente a altos cargos del Ministerio antes de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera.
La cocinera Montero ha dejado clara su hoja de ruta: en febrero volverá a convocar a las comunidades para que digan si respaldan o no la reforma e iniciar la redacción de la ley. Hasta entonces se discutirán ajustes, pero difícil será que los cambios satisfagan plenamente a Asturias, ni que el resultado sea lo suficientemente nutritivo para una comunidad envejecida y con muy altas necesidades de servicios. También es difícil que el guiso pierda ese regusto catalán evidente. Será en febrero cuando los territorios deberán poner un voto sobre la mesa. La división ha sido común otras veces: incluso hubo votos en contra y abstenciones (Areces se abstuvo en 2001). Es bastante probable que la ministra siga adelante con su reforma, antes de estrellarse si es así en el Congreso, solo con el respaldo de Cataluña. Un menú tan dirigido, forzado y con bronca a la mesa solo acabará conduciendo a una pregunta: "¿La factura al final cómo se paga?".
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