La batalla por las inversiones de la industria militar: el rearme europeo arranca en plena pelea del sector en torno a Asturias
Bruselas empieza a convocar los contratos y conceder los primeros préstamos para defensa mientras Santa Bárbara intenta tumbar el plan de España con Indra

La batalla por las inversiones de la industria militar. / LNE

El rearme europeo pisará el acelerador este recién inaugurado 2026. La Unión Europea ha comenzado a convocar los grandes contratos de defensa para aumentar la soberanía del Viejo Continente en un sector que siempre ha sido estratégico, pero que lo es más aún en el contexto geopolítico actual, y España quiere reforzar las capacidades de su industria militar para tener más posibilidades de lograr esos contratos. En general, las propuestas se presentarán este año y las adjudicaciones llegarán el que viene. Pero el 2026 también ha arrancado con un abierto enfrentamiento entre la española Indra (participada en un 28% por el Estado y escogida por el Gobierno como mascarón de proa del sector) y Santa Bárbara (filial de la estadounidense General Dynamics e histórica proveedora del Ejército de Tierra). La disputa amenaza con dinamitar las milmillonarias inversiones lideradas por Indra en Asturias, región escogida para convertirse en la gran fábrica de los futuros blindados españoles.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, lo dijo claramente el pasado jueves: "Si no invertimos en defensa, la UE va a desaparecer". Esa premisa, bajo esa u otra formulación, es la que ha intensificado en los últimos años el plan de Bruselas para que los Estados miembros potencien sus respectivas industrias militares. Más del 60% del suministro de armamento de Europa procede de empresas estadounidenses, y el objetivo es reducir ese porcentaje al 50% en 2030.
Por eso el Gobierno de Pedro Sánchez quiere sustituir a Santa Bárbara por Indra como el proveedor de referencia del Ejército terrestre. Y esa es la operación que la primera quiere paralizar en el Tribunal Supremo.
En puridad, la Comisión Europea no es la administración que adjudica los contratos de defensa, ya que esta es una competencia reservada a los Estados y, hoy por hoy, no existe un Ejército europeo (pese a que ha sido un proyecto muchas veces debatido en las últimas décadas). Pero la Comisión sí desempeña un papel fundamental como coordinara e intermediaria a la hora de impulsar las adjudicaciones (mediante subvenciones, préstamos e incentivos) y la colaboración entre países. Esa faceta cobra especial valor en un ámbito en el que abundan las alianzas entre empresas de diferentes puntos del mapa europeo.
Para este plan de rearme, la Unión Europea cuenta con dos instrumentos que destacan de entre la sopa de siglas que caracteriza al sector. Uno es el Programa de la Industria de Defensa Europea (EDIP), aprobado el pasado diciembre, dotado con 1.500 millones de euros hasta 2027 e ideado como marco regulatorio e industrial. El segundo es el paquete "SAFE" (Acción de Seguridad para Europa), que ejerce como potente brazo financiero y que prevé conceder un total de 150.000 millones de euros.
El primero, el EDIP, no establece licitaciones tradicionales en el sentido de contratos públicos directos de la Comisión, sino que opera principalmente a través de convocatorias de propuestas para subvenciones a consorcios europeos, centrados en el diseño de prototipos, investigación colaborativa y la mejora de la base tecnológica del sector.
Un ejemplo de iniciativa amparada por el EDIP es el proyecto "Marte", consistente en el diseño preliminar de un carro de combate europeo. El proyecto está coordinado por Marte Arge, una empresa conjunta de las compañías alemanas KNDS y Rheinmetall. Esa alianza lidera un consorcio de 51 entidades de once Estados miembros de la UE y Noruega: hay grandes y medianas empresas, instituciones de investigación y pymes innovadoras. El equipo central está compuesto por cinco compañías de defensa de primer nivel, una de las cuales es Indra.
Precisamente para avanzar posiciones dentro de ese consorcio y demostrar las capacidades de ingeniería militar de España una vez que "Marte" avance hacia la fase industrial, el Gobierno acaba de adjudicar a la compañía el desarrollo de un nuevo carro europeo. El contrato, de casi 45 millones de euros, se llevará a cabo en la nueva sede de Indra en El Tallerón de Gijón, siempre y cuando el recurso de Santa Bárbara en el Supremo no paralice los cinco proyectos que la empresa presidida por Ángel Escribano pretende realizar en las instalaciones gijonesas.
Los primeros créditos
La otra gran pata de la Unión Europa para ganar músculo armamentístico es el "SAFE", un gran vehículo financiero que acaba de conceder los primeros 38.000 millones de los 150.000 millones con que está dotado. De los 19 países de la Unión que han solicitado préstamos, España es el que menos dinero ha pedido: 1.000 millones.
El gasto debe utilizarse bien para la compra de armamento, munición, equipamiento militar o sistemas de protección de infraestructuras críticas, o bien para reforzar los sistemas de defensa antiaérea, de vigilancia marítima o de seguridad en el espacio.
Asimismo, en el proyecto de presupuesto plurianual de la UE para el período 2028-2034, el gran sector beneficiado será el de defensa, cuyo gasto Bruselas quiere multiplicar por cinco, hasta los 131.000 millones de euros.
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