PASAJES DE "CRÓNICA DE LA TRANSICIÓN EN ASTURIAS (1975-1983)"
"El eurocomunismo no existe", afirma Pasionaria al llegar a Gijón tras el exilio
"La falta de libertades en la Unión Soviética hay que verla en las circunstancias de cada país"
"He sido católica", dijo Dolores Ibárruri por propia iniciativa

Dolores Ibárruri, en el mitin que protagonizó en 1977 en el estadio Suárez Puerta, en Avilés. / LNE
El Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) acaba de editar el libro «Crónica de la Transición en Asturias (1975-1983)», que da un hilo conductor a las crónicas políticas publicadas en LA NUEVA ESPAÑA, durante el citado periodo, por José Manuel Vaquero, actualmente consejero de Editorial Prensa Ibérica, grupo al que pertenece este periódico. La obra se presentará el próximo lunes, día 19, en el Club LA NUEVA ESPAÑA por los directivos del RIDEA Ramón Rodríguez y Javier Junceda, junto con la directora general de este periódico, Ángeles Rivero.
Una breve pero significativa charla con Dolores Ibárruri (Pasionaria), presidenta del PCE, con motivo de su llegada a Gijón tras su exilio en Rusia durante la dictadura franquista, para participar en la campaña electoral de 1977, aparece reflejada en "Crónica de la Transición en Asturias (1975-1983)".
La llegada de Dolores Ibárruri a Asturias el 23 de mayo de 1977, acompañada de su hija Amaya, después del exilio fue todo un acontecimiento. Los pocos periodistas que la esperábamos en Gijón pudimos charlar con ella poco más de cinco minutos. Traía un cordón de seguridad que, amparándose en su edad (82 años) y el viaje en coche desde Bilbao, trataba de reducir al mínimo su contacto con la prensa porque sus facultades mentales eran ya muy precarias. Estábamos en un cuarto pequeño y había mucha gente. Hablábamos de pie. Pude plantear varias cuestiones que un compañero me criticó posteriormente al comentar que había habido preguntas "típicas de la prensa burguesa". El artículo fue publicado el 24 de mayo de 1977.
"No existe el ‘eurocomunismo’. La doctrina es la misma en todo el mundo, lo que es distinto es su aplicación. Como comprenderá no se puede aplicar lo mismo el comunismo en la Unión Soviética que en España", manifestó ayer nada más llegar a Gijón Dolores Ibárruri, presidenta del PCE y número uno de la candidatura de su partido por Asturias, región que volvió a pisar en la tarde de ayer después de cuarenta años de exilio. Preguntada por las supuestas diferencias entre ella y Santiago Carrillo sobre la línea política del Partido Comunista de España, respondió tajantemente: "No existe discrepancia alguna. Estoy totalmente de acuerdo con la línea del PCE en cuya elaboración yo he participado…". (En este punto su hija Amaya la interrumpió para decirle: "Explícale tu papel en la política de reconciliación nacional"). "No importa –añade– en realidad, los periodistas ya lo saben. En fin, lo que le iba diciendo, no existen diferencias entre Santiago Carrillo y yo. Por otra parte, yo soy una militante muy disciplinada… Todo eso de las diferencias son historias que se inventan".
Dolores Ibárruri había salido por la mañana de Bilbao, adonde habían ido a buscarla algunos comunistas asturianos. Los demás, hasta siete coches que formaban la caravana, fueron a su encuentro a Unquera.
Comieron en el hotel Santo Ángel e hicieron su segunda parada asturiana en Llanes, en la carretera general, donde acudieron a saludarla unas treinta personas. La caravana, que discurría sin demasiada prisa hacia Gijón, no se detuvo, como estaba programado en Arriondas, quizá porque la lluvia arreciaba, pero sí en Pola de Siero. Varias decenas de personas gritaban: "¡Sí, sí, Dolores está aquí!". Dolores Ibárruri saludó sin bajarse del coche y como uno de ellos insistiera en que prolongara su parada sin obtener el consentimiento de los organizadores del viaje hizo oír su protesta alegando que lo que había que hacer es lo que dijera el pueblo. Era como el primer conato de fricción de la organización con parte de la base. Los demás asintieron: "Ya la veremos mañana en Avilés" y una joven mascullaba nerviosamente: “Ya la tenemos aquí y vamos a ganar las elecciones". "La Pasionaria" tomó en sus manos el clavel que le entregaron y lo acarició sobre su rostro.
Con el coche ya en marcha gritó: "¡Salud!".
La caravana hizo su entrada en Gijón hacia las siete y media de la tarde. Centenares de personas la esperaban en la calle Aguado, junto al domicilio que fue de Juan Muñiz Zapico.
Entre los gritos de siempre: "Sí, sí…" y "Se siente, se siente…", Dolores [Ibárruri] tomó un megáfono y dirigió unas palabras a los gijoneses que habían acudido a esperarla y recordó que había sido elegida diputado por los asturianos y que creía haber cumplido con su obligación. "Vuelvo –dijo– a defender los intereses de la clase obrera, de los intelectuales y de todos los españoles".
Posteriormente hemos gestionado una entrevista, cuyo parto no fue fácil: "Tenga en cuenta –decían los encargados de su seguridad– que tiene ochenta y dos años, que ayer estuvo en un mitin en Bilbao, que acaba de realizar un largo viaje, que se encuentra emocionada". Finalmente cedieron –la víspera no había asistido a la rueda de prensa de Bilbao, ante la sorpresa de los colegas vizcaínos–, pero con la condición de que la conversación no durara más de cinco minutos y que –por favor– no se hicieran preguntas "tendenciosas". "Pregúntele usted cosas del viaje, pero no insista en cuestiones políticas. Comprenda que se encuentra muy cansada". Los cinco minutos no hubo más remedio que aceptarlos. Entre hacer las fotos a ella, a su hija Amaya —la única que vive de los seis hermanos— y a su secretaria, Irene Falcón, pasaron dos minutos. Luego, inevitablemente vino lo de Carrillo, lo de la línea del PCE, etcétera.
"Verán –decidió– he sido siempre muy reacia a las entrevistas. La verdad, tengo algo de miedo a los periodistas". En algún momento de la conversación recuerda: "Yo he sido católica".
–Pero, bien señora, una vez expuesto su criterio sobre el eurocomunismo quisiera preguntarle si usted estaría dispuesta a aceptar el turno en el poder en función del veredicto de las mayorías. Es decir, si el PCE accediera al Gobierno estaría dispuesto a abandonarlo si en las urnas perdieran la confianza del pueblo. –Naturalmente, nosotros queremos traer la democracia a España. No intentamos imponer nuestros criterios a quienes no los acepten. Creemos en el juego democrático y, por tanto, debe ser siempre el pueblo quien decida.
Justamente, en ese momento finalizan los cinco minutos, pero al despedirnos le planteo a bocajarro la falta de libertades en la Unión Soviética: "Eso hay que analizarlo desde la circunstancia concreta de cada país…".
Al final, el encargado de la seguridad de "la Pasionaria", mediante un gesto, me indicaba que no había cumplido lo pactado. La verdad es que yo no había respondido cuando planteó cómo quería que fuera la entrevista.
"La Pasionaria" intervendrá hoy en el mitin que dará su partido en el Suárez Puerta de Avilés.
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