Leticia González Blanco, presidenta de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría: "Se olvida que la prioridad de los psiquiatras son los pacientes graves"
"No se abusa de los fármacos en los trastornos mentales reales; quizá sí en los problemas de la vida cotidiana", afirma la profesora e investigadora

Leticia González Blanco, ayer, en la Facultad de Medicina de Oviedo. / Mario Canteli

Leticia González Blanco (1987), gijonesa del barrio de Pumarín, es la nueva presidenta de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría (SAP), cargo en el que sustituye a Luis Jiménez Treviño. Su currículum destaca por su capacidad para compaginar asistencia, docencia e investigación. Con 38 años –cumplirá 39 en abril–, en las últimas semanas ha alcanzado varios hitos relevantes: ha firmado su plaza como profesora titular de la Universidad de Oviedo; se ha convertido en "investigadora de referencia" de la Sociedad Española de Psiquiatría, al cumplir los requisitos de publicaciones; y asume la presidencia de la SAP. Ejerce la psiquiatría en el centro de salud de La Corredoria (Oviedo) y codirige el grupo de investigación en psiquiatría del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA). En el plano personal, está a pocas semanas de ser madre por vez primera.
Usted está siendo precoz en muchas cosas… ¿Cómo lo lleva?
A veces da un poco de vértigo, un cierto miedo de no estar a la altura por falta de experiencia. Pero he tenido un feedback bueno, las reacciones en mi entorno son favorables. Y siempre intento trabajar en equipo. Eso me da un plus de seguridad.
¿Ser mujer le ha supuesto obstáculos hasta la fecha?
La verdad es que no.
Presidenta de los psiquiatras asturianos con 38 años…
Llevo muchos años en la institución. He tenido el privilegio de formar parte de las cuatro juntas directivas previas, desde mis inicios como médico residente. Son mandatos de tres años. Llego a la presidencia con ilusión y responsabilidad, respaldada por un equipo estupendo, que tendrá un protagonismo coral, y por la buena gestión de mis predecesores. Queremos que toda la psiquiatría asturiana crezca de manera armónica.
¿Sobre qué cimientos?
Sobre dos pilares fundamentales: la formación continuada, potenciando la actualización científica para nuestros socios; y la presencia en redes sociales, impulsando una estrategia de difusión para combatir el estigma, acercarnos a la población y ofrecer información veraz y contrastada en un entorno digital a veces confuso.
¿Otras prioridades para este próximo trienio?
Una novedad relevante en la Sociedad Asturiana de Psiquiatría (SAP) es la incorporación de dos vocalías nuevas para psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Así nos adaptamos a la nueva realidad asistencial, dando voz propia y representación a los profesionales que atienden la salud mental de los más jóvenes.
¿Qué está pasando con la salud mental de los jóvenes?
No es fácil hacer un diagnóstico certero. Quizás se ve una falta de expectativas o una mayor vulnerabilidad. Hay jóvenes muy resilientes, pero también un mayor porcentaje de población que no es capaz de gestionar su malestar emocional o sus déficits a nivel social. Y seguramente las redes sociales tienen impacto, porque propician menos contacto directo, menos comunicación. Quizá a los jóvenes les falta también paciencia.
Está sobre la mesa la nueva Ley de Salud Mental de Asturias…
Nuestra prioridad será defender la voz de la psiquiatría en los nuevos proyectos legislativos. Trabajaremos para garantizar que los derechos de las personas con trastornos mentales, especialmente con trastornos mentales graves, ocupen el centro del debate público y de las decisiones legislativas.
¿No los ocupan en la actualidad?
A veces, se pone mucho el foco en la prevención y el bienestar emocional, que son cuestiones importantes, y se olvida que atendemos a pacientes con trastornos mentales graves, que es nuestra misión más específica. Todo es importante, por supuesto, y la salud mental es un universo muy amplio, pero como profesionales debemos priorizar la respuesta al trastorno mental grave.
¿Qué sensación tiene sobre la calidad de los servicios de salud mental públicos?
A esto me estoy refiriendo de manera indirecta. Si los psiquiatras tenemos que atender toda la demanda de la población, a lo leve y lo grave, nos quedamos sin tiempo suficiente para hacer buenos seguimientos. Si el foco apunta a todo a la vez, pueden escasear los recursos comunitarios de rehabilitación, de media estancia... Ahí es donde falta muchas veces asistencia.
¿Se abusa de los psicofármacos?
No hay abusos en el abordaje de los trastornos mentales reales, porque nos atenemos a la evidencia científica. Pero sí es verdad que hay una respuesta rápida farmacológica a problemas de la vida cotidiana. Se ve una medicalización de problemas sociales que no son trastornos mentales per se.
El borrador de la Ley de Salud Mental hace énfasis en evitar las contenciones mecánicas, o sea, en no atar a los pacientes de psiquiatría. ¿Se recurre en exceso a esta opción?
No, no se abusa de las contenciones mecánicas. A nivel internacional se buscan fórmulas para reducirlas al mínimo. Debemos seguir avanzando, pero la realidad es que se utilizan como último recurso. Claro que si hubiese más personal, más recursos, más infraestructuras, habría menos riesgos y se utilizarían menos. Además, las contenciones no son un recurso exclusivo de las unidades de psiquiatría ni de los psiquiatras.
¿Cómo afronta la faceta investigadora?
No es fácil, porque los estímulos son escasos y el tiempo del médico para investigar siempre es corto. Yo he tenido más suerte: en los últimos meses he podido disfrutar de una beca de intensificación de actividad investigadora concedida por el ISPA en la que se me permite reducir un 50 por ciento la actividad asistencial para dedicarla a tareas de investigación. Esto me ha permitido cerrar un proyecto que lideraba del Instituto de Salud Carlos III. Esta fórmula de la intensificación es un gran avance y potenciación a nuestra labor como investigadores clínico-asistenciales.
En una agenda laboral tan cargada, ¿cómo encajará la maternidad?
La conciliación familiar y profesional es la asignatura pendiente de esta generación de mujeres profesionales. Al final, necesitamos apoyos. En mi caso particular, me rodea un grupo de personas excelentes, tanto en la SAP como en el Área de Psiquiatría, y también mis compañeros en el centro de salud mental de La Corredoria. Además, cuento con el apoyo de mi familia y de mi pareja para poder hacer que todas las piezas de este complejo engranaje funcionen… Y luego ya llegará el caos…
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